Bendiciones compartidas

 

e siento hipócrita cuando hago compras Navideñas. Parte de mi se siente muy contenta cuando compro lo que considero que es algo "buenísimo" – un regalo que sé que será recibido tan gozosamente como yo lo dé. Pero otra parte de mi se pone triste cuando termino comprando algo que me gustaría recibir porque no puedo encontrar nada que creo verdaderamente le gustaría a la persona (me han dicho que esto es un "obsequio", no un regalo).

Cada año tengo una lucha mental con preguntas como estas: ¿Cuánto debo gastar en cada persona? ¿Es necesario gastar cantidades iguales en cada persona, o puede el regalo indicar por sí mismo su valor? ¿Está bien dar dinero, o es esto acaso muy impersonal? Si compro cierto regalo, ¿le gustará o lo regalará cuando yo me vaya?

¡El tratar de arbitrar esta lucha mental me deja deseando una alternativa para el intercambio de regalos durante estas fiestas!

De hecho, el abandonar la idea completamente tiene verdadero atractivo para mí en ocasiones. Mi esposo, Ed, y yo frecuentemente discutimos sobre alternativas que incluirían a toda la familia, y continuamos buscando sabiduría para alcanzar un equilibrio. No queremos estar atrapados en la actitud expresada en la canción del Festival de luces titulado "Tengo que comprar esto, tengo que comprar aquello".

En años pasados, nuestra familia ha llenado cajas de zapatos con artículos para niños necesitados y hemos invitado a familias dolientes a comer la cena de Navidad con nosotros, pero cada intento me deja con el sentimiento de que yo pude (y debí) hacer más.

Una familia en nuestra iglesia luchó con los mismos asuntos el año pasado. Teniendo todo lo que necesitan – alimento todos los días, ropa para cada estación, y una casa cómoda – consideran todo lo demás bendiciones adicionales.

Sentados alrededor de la mesa en el día de Acción de gracias, Steve y Sally (los nombres han sido cambiados) comenzaron a discutir sobre la Navidad. Les pidieron a todos los hijos y cónyuges sugerencias acerca de lo que podían hacer por otras personas. Pronto todos llegaron a un acuerdo: le pedirían a una iglesia el nombre de una familia con necesidades específicas y comprarían para ellos en lugar de para sí mismos. Cada familia decidió cuanto dinero hubiera gastado en los miembros de la familia y consintieron guardar todo el dinero en una cuenta que llevarían Steve y Sally.

En comparación con los artículos de lujo que hubieran comprado para intercambiarlos, las necesidades enumeradas en una lista por la familia que habían elegido eran conmovedoras: "una sábana bajera, una chaqueta de invierno, una almohada, pañales, una cacerola, una cuna para un bebé que estaba durmiendo en un cajón". Ni un juguete.

Los miembros de la familia de Steve y Sally dividieron el dinero y la lista de regalos y comenzaron a comprar. Compararon precios y gastaron el dinero sabiamente. Pronto todos estaban en el espíritu de generosidad navideña.

El día de la Navidad, algunos miembros de la familia llevaron los regalos junto con una canasta de alimentos enlatados. También le regalaron una Biblia a cada miembro de la familia y juguetes apropiados para los niños.

Después de conocer a la familia y aprender más acerca de sus necesidades, Steve y Sally y su familia les dieron otras cosas, particularmente artículos caseros. A través de varias notas y de vez en cuando una llamada le dejó saber a la familia que estaban orando por ellos, dejando la puerta abierta para servirles en el futuro.

Después, la familia habló acerca de su experiencia. Ninguno de ellos extrañó los regalos de la familia; disfrutaron ir de compras para otras personas y con todo gusto lo harían otra vez.

No estaré contento este año con darme gusto ni tampoco a otros simplemente para nuestros propios placeres; continuaré buscando maneras de hacer una diferencia en la vida de aquellos que necesitan un sencillo "vaso de agua fresca" en el nombre de Jesús.

por Lorna Dobson,

Autora del libro Soy más que la esposa del pastor. Ella y su esposo, Ed, asisten a la congregación Calvary Church en Gran Rapids, Michigan, donde Ed es el pastor principal.

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