CONFIANDO
EN DIOS DURANTE
UNA ENFERMEDAD TERMINAL
EFREN GIRALDO R.
La tarde del 2 de mayo nos dirigimos al laboratorio de patología para recoger los resultados de la biopsia de pleura. Flor María, mi esposa, había sufrido un derrame pleural y tuvo que someterse a una pequeña pero dolorosa cirugía para extraerle líquido y tejido pleural con el fin de hacerle exámenes citoquímicos y una biopsia, cuyos resultados servirían de base para establecer el diagnóstico de su enfermedad. La dejé en el carro, mientras yo iba al laboratorio. Teníamos la certeza de que el resultado sería negativo para cáncer de pulmón. Flor María jamás fumó, tenía una rutina de gimnasia diaria y una alimentación balanceada donde abundaban frutas y vegetales, es decir una vida saludable, por lo que no debíamos temer una enfermedad tan catastrófica.
Sin embargo la noticia fue cruel: Adenocarcinoma metastático pulmonar. El médico fue muy amable pero no le pude contestar igual. El llanto se apoderó de mi y no pude hablar más en ese momento. Me quedé mucho tiempo tratando de digerir la noticia y pensando como comunicársela a Flor María. Cuando llegué a su lado no le pude decir nada y sólo le alargué el papel. Esperaba que estallara en crisis de llanto. No fue así. Me desconcertó su excesiva tranquilidad porque no esperaba en estas circunstancias, una reacción tan positiva y serena. Me besó y me dijo: “No te preocupes por mi, ya me había hecho a la idea de que podía morir, sé que eres un excelente padre para Laurita y sólo te pido que cuides de mis viejitos (sus padres: Él de 84 y ella de 86 años le sobreviven)
El primer cuestionamiento que llegó a mi mente, ¿porqué Dios mío sucedió esto? ¿Cómo pudo entrar ese cáncer a su cuerpo habiendo sido ella tan cuidadosa con su salud?. No había explicaciones humanamente razonables. Le pedimos a Dios que nos ayudara a entender las lecciones que quería enseñarnos y le dimos gracias por la vida que pudimos compartir juntos.
Conocí a Flor María desde 1976 cuando fue contratada como profesora de Química en la Universidad del Cauca donde yo también trabajaba. Nos entendimos muy bien y dos años más tarde nos casamos. Fue una mujer dedicada con esmero y sumo amor a sus responsabilidades como esposa y madre, a la vez que estuvo siempre pendiente de las necesidades de sus padres y hermanos lista para apoyarlos y asesorarlos en muchas de las importantes decisiones que ellos debían tomar. Los compañeros de trabajo y estudiantes la recuerdan como una mujer muy capaz, dedicada con esmero a la docencia así como al impulso y desarrollo de programas y actividades cuando fue Jefe de departamento y luego directora del Instituto de Postgrado de la Facultad de Ciencias. Durante su labor docente fue exaltada varias veces por las directivas universitarias y pocas horas antes de sus exequias se le hizo un homenaje póstumo en el Paraninfo de la Universidad.
Una vez conocida la gravedad y letalidad de su enfermedad, acudimos en primer lugar al Trono de la Gracia de Dios implorando su misericordia y sanidad. Nuestros hermanos en Colombia y otras regiones se unieron a nuestras plegarias. Recibimos mensajes de varios lugares de Colombia y América dándonos apoyo y consuelo e interviniendo por nosotros ante el Señor.
Todos los días orábamos en familia. Era sorprendente la calma y paz que experimentaba, a pesar de todos los malestares y dolores propios del cáncer. Tenía “La paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento” (Fil 4:7). Viéndonos tan tristes nos daba ánimo recordándonos siempre cuanto nos amaba, y cómo estando con Dios, todo estaba bien. Leíamos las Sagradas escrituras y a veces nos pedía que leyéramos algunos pasajes específicos.
Durante su permanencia en el hospital, una amiga le regaló un librito de diario y Flor María pensó que era buena idea registrar algunas de sus vivencias en este diario. Desafortunadamente durante esos días empeoró y sólo alcanzó a hacer anotaciones durante pocos días. Aquí transcribo lo que escribió.
Dios es amor. Dios es misericordioso. Dios es sanador. Dios es mi fortaleza. Dios es mi refugio. Dios es mi esperanza. Dios es mi Padre. El es mi creador. El siempre está conmigo. El nunca me abandonará. Dios es mi confianza. El me ama. El me cuida. El se hace cargo de mis cargas y puedo tener libertad para servir y amar. Te amo mi Señor. Recibe mi enfermedad y quedaré libre para amarte y amar a los demás.”
“Gracias mi Señor. Te alabo y adoro mi Dios. Gracias mi Señor por darme la oportunidad de padecer esta enfermedad para acercarme más a ti. Gracias por el llamamiento a tu Iglesia. Gracias por mi esposo y por mi hijita. Gracias por mi familia y mis amigos. Gracias por los médicos, enfermeras y demás personal que me han ayudado. Gracias por la Iglesia alrededor del mundo que me ha apoyado. Gracias por el grupo de Popayán que ha orado por mi. Gracias por mi familia que me ha apoyado tanto. Gracias porque haz cuidado de mi hijita de mi esposo, padres y demás familiares durante mi enfermedad. Gracias por estos días maravillosos de sol, aves, flores y amor. Gracias Señor por los años de vida que me haz dado. Gracias por el día de hoy. Gracias mi Señor por el pulmón izquierdo que está fortalecido. Gracias mi Señor por el traslado de Yoli a Cali. Gracias Mi Dios por el corralito y la fortaleza. Gracias Padre por Arely. Gracias Padre por mis padres, hermanos, cuñados, sobrinitos. Gracias mi Señor por los años compartidos con mi esposo y mi hijita. Gracias por mi pequeña zoy. Gracias por Miguelo. Gracias por mis amigos del alma. Gracias mi Señor por traer hasta este lugar a Guiller. Luz Dary y Danielita. Gracias por nuestra familia de Medellín y Estados Unidos.”
“Dios es el dueño de mi vida. Gracias Señor por mi Yolita. Gracias por el amor que nos da Guiller. Gracias Señor por el apoyo de Chavita y Pao. Gracias mi Señor por la noche que pasé el 3 de julio después de varios meses de no poder dormir bien. Gracias Padre santo porque estuviste con nosotros cuando hablamos con Laurita sobre la verdad de mi enfermedad. El Eterno mi Dios estará conmigo donde quiera que yo vaya. Gracia mi Señor por Zoilita (su hermana) mi ángel guardián.”
Después de una noche de muchos malestares al amanecer del día 22 de agosto ya Flor María presentía su muerte. Flor María nos dice que estemos tranquilos que va a la casa de Papá Dios y que allí nos espera. Zoilita declama el Salmo 23 una de sus escrituras preferidas y poco después Flor María descansa definitivamente en medio de una paz maravillosa.
Ante una ausencia tan grande, Laura María y yo sentimos tristeza, mucho dolor por la amada madre y esposa que perdimos. Agradecemos a Dios que respondió su plegaria de que su agonía no fuese muy prolongada. Estamos seguros que ella vivió para Cristo, cumplió su Obra y le será dada la corona de justicia (II Tim 4:8). Sabemos que ella tiene vida eterna la que compartiremos posteriormente. Y al verla en sus últimos días tan tranquila y fuerte, ahora también por la gracia de Dios estamos tranquilos y confiados en que todo lo que Dios hace está bien.
Copyright © 2006 Iglesia de Dios Universal