Divididos por
la Fe—
Michael
O. Emerson y Christian Smith
por
Terry Akers
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Mientras que un nuevo siglo emerge en las relaciones entre negros y blancos en los E. U., los sociólogos Michael O. Emerson de la Universidad Rice y Christian Smith de la Universidad de Carolina del Norte han escrito un libro que examina el papel del evangelicalismo en éste dilema estadounidense que ya tiene 300 años.
Divididos por la Fe: La Religión Evangélica y el Problema Racial en Los E. U., publicado por Oxford University Press en el 2000, no es un libro teológico, pero busca poner al descubierto ciertas debilidades teológicas en el evangelicalismo estadounidense.
El propósito de este estudio es educar a los evangélicos estadounidenses hacia un pensamiento más profundo respecto a las relaciones raciales—más allá de las herramientas culturales y de lo que ellos ven como soluciones simplistas que le han dado forma a una cosmovisión mayormente unidimensional durante los varios últimos siglos.
Emerson y Smith dialogan cómo las preconcepciones evangélicas causan que ellos no vean el cuadro más completo en la naturaleza multifacética y compleja de ésta condición sociológica, que existe a pesar de las mejores intenciones y los esfuerzos del gobierno y la religión para sanarla. El análisis de ellos argumenta que ciertas debilidades en el pensamiento evangélico, de hecho, causan hasta cierto punto, la perpetuación de las mismas divisiones raciales contra las cuales ellos ministran y a las cuales se oponen.
Como está dicho en la cubierta interior del frente, "a pesar de sus buenas intenciones, los evangélicos pueden, de hecho, estar preservando el abismo racial estadounidense". Continúa diciendo que "la mayoría de los evangélicos blancos no ve una discriminación sistemática contra los negros; en verdad, ellos niegan la existencia de cualquier problema racial continuo en los Estados Unidos".
Los evangélicos echan la culpa de esas cosas a los medios liberales de comunicación, la cultura negra, líderes negros sin ética y la inhabilidad de los estadounidenses negros de sobreponerse al pasado. Sin embargo, los autores argumentan que estas actitudes son el resultado natural de su cosmovisión teológica enraizada en el individualismo, el libre albedrío, las relaciones personales, el antiestructuralismo y la escatología premilenial—la creencia que las condiciones mundiales sólo empeorarán hasta que Cristo regrese—por lo que no hay necesidad de ocuparse de los asuntos sociales.
Esto, junto con el aislamiento experimentado en sus iglesias y vecindarios mayormente segregados, hace difícil para los evangélicos blancos ver la injusticia extendida y sistemática que perpetúa la inigualdad, ocurriendo cada día en el mundo real de los negros en los E. U.
Desde la
gran legislación de los
derechos
civiles en los 1960s, los autores contienden que ha habido poco mejoramiento en
las relaciones entre negros y blancos en los E. U. Ellos buscan, a través de la
educación, comprometer sociológicamente a la comunidad evangélica en el asunto
racial en los E. U., para que así puedan convertirse en una fuerza más dinámica
hacia una eventual solución real. Por una parte, ellos señalan la inefectividad
de los remedios estructurales de los programas administrados por el gobierno,
pero también señalan las resoluciones espirituales incompletas ofrecidas por los
evangélicos.
Esto, ellos reclaman, es el resultado de su pensamiento unidimensional honesto pero simplista. Los profesores sugieren que los evangélicos incorporen la dimensión sociológica a su fe espiritual, y empiecen a desafiar los sistemas sociales que promueven la discriminación y la racialización.
Los autores reconocen la importancia de la reconciliación racial (arrepentimiento y perdón) como un primer paso crítico para mejorar las relaciones raciales en los E. U. Ellos pasan luego a demostrar que la sanidad y la paz reales que ocurren más allá de la reconciliación inicial, sólo pueden venir a través de la sanidad interna que se provee en el evangelio de la gracia.
Para los evangélicos, esto significa moverse más allá de una mera identificación del evangelio hacia su internalización. Para la sociedad secular, significa darse cuenta que todos los esfuerzos basados en la fuerza humana fracasarán y que el dolor de la racialización sólo puede ser aliviado a través de la cruz de Cristo. Después de la conversión, las formas antiguas ya no funcionan—la verdadera sanidad racial viene sólo a través de la obra redentora de Dios en una nueva creación.
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