Después de establecer nuevas congregaciones en el noroeste pacífico, fundó un ministerio radial en 1934.
Como resultado del ministerio radial, se establecieron congregaciones a través de Norteamérica y, empezando en 1953, en el resto del mundo.
El Sr. Armstrong también estableció el programa televisado El Mundo de Mañana, la revista La Pura Verdad, la Universidad Ambassador y la Fundación Ambassador. Él sirvió como pastor general de la Iglesia de Dios Universal hasta su muerte en 1986.
Como guía espiritual del cuerpo de creyentes, a la iglesia se le exhorta: "Creced en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo" (2 Pedro 3:18).
La iglesia renueva constantemente su compromiso con la verdad y profundo entendimiento, y responde a la guía de Dios en sus creencias y prácticas.
Desde la muerte del fundador de la iglesia, Herbert W. Armstrong, la iglesia ha experimentado importantes cambios en doctrinas, llevándola dentro de la corriente dominante del cristianismo evangélico.
Más información acerca de las creencias
y doctrinas de la iglesia está disponible en nuestra publicación
Síntesis Doctrinal de la Iglesia de Dios Universal.
Desde 1994, la iglesia ha reconocido que el verdadero
sábado cristiano, o reposo, es la nueva vida redimida en Cristo,
algo que el día sábado sólo simboliza. Aunque la mayoría
de las congregaciones de la Iglesia de Dios Universal continúan
teniendo el servicio de adoración tradicional en el séptimo
día, no hay un requisito para restringir la adoración a cualquier
día particular.
Antiguamente los festivales conmemoraban los hechos de salvación de Dios con los israelitas. Desde la perspectiva del Nuevo Testamento, estos festivales pueden ser vistos como la sombra de la persona y la obra de Jesucristo. La Iglesia de Dios Universal provee servicios de adoración en estas temporadas tradicionales del año para los cristianos que disfrutan de estas oportunidades especiales para la adoración de su Señor Jesucristo, por medio de quien viene verdaderamente la salvación.
Los festivales incluyen la Pascua del Nuevo Testamento,
o Cena del Señor, el Festival de Panes sin Levadura, Pentecostés,
la Fiesta de Trompetas, el Día de Expiación, la Fiesta de
los Tabernáculos y el Último Gran Día. Los Días
de Panes sin Levadura y Expiación representan la conmemoración
de la muerte y resurrección de Jesucristo para nuestra salvación
y su victoria sobre Satanás y la muerte. El Día de Pentecostés
celebra la obra del Espíritu Santo de santificación y poder
para la iglesia. Los festivales de Trompetas, Tabernáculos y el
Último Gran Día celebran la segunda venida de Jesucristo
en poder y gloria, para regir a todas las naciones, y el destino final
de los cristianos de habitar en la presencia de Dios para siempre.
Creemos que Jesús es Señor de todo,
digno de adoración, honor y reverencia, el profetizado Salvador
de la humanidad. Él murió por nuestros pecados, fue resucitado
de la muerte y ascendió al cielo, desde donde es el Mediador entre
los seres humanos y Dios. Él vendrá otra vez a reinar como
Rey de reyes sobre todas las naciones en la plenitud del reino de Dios.
Jesús dijo que es necesario creer en el evangelio para ser salvo. Su comisión de despedida a los apóstoles que fueron enviados como sus ministros para edificar la iglesia fue ésta: "Id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado" (Mateo 28:19-20).
Como resultado del pecado, los humanos están separados de Dios. Esta separación ha sido la condición de la humanidad desde el Jardín del Edén.
Pablo nos dice: "La paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro" (Romanos 6:23). Las "buenas nuevas", o el evangelio, es que tenemos un Redentor que ha pagado la pena de muerte por los pecados en los que hemos incurrido. La obra salvadora de Jesús nos permite, por medio del arrepentimiento y fe en él, recibir el don de la vida eterna.
A su segunda venida, Jesús establecerá
su trono sobre todas las naciones del mundo. En la plenitud de su reino
"ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor,
ni dolor" (Apocalipsis 21:4).
Creemos que sólo Dios puede crear vida,
y que el Creador no ha revelado exactamente cómo lo hizo.
Sin embargo, el comportamiento homosexual no es más, o menos, pecaminoso que cualquier otro pecado. Todos los pecadores son llamados a arrepentirse y a tener fe en Jesucristo. Cualquier pecador que se arrepiente recibe perdón y es limpiado de sus pecados por el Espíritu Santo.
Bajo la guía del Espíritu Santo, el homosexual convertido rechaza su estilo de vida e ingresa en la nueva vida en Cristo.
Esto no significa necesariamente que el homosexual se vuelve heterosexual. Significa que, por la gracia y el poder de Dios, él o ella deja de participar en actos homosexuales.
Aceptar homosexuales convertidos como compañeros
cristianos no significa aceptar sus pecados pasados. Los cristianos deben
aceptar en su compañerismo homosexuales redimidos tal como aceptan
a cualquier pecador perdonado, agradeciendo que Dios ha extendido su gracia
y misericordia a todos los humanos.
Como cristianos, conocemos que "nuestra ciudadanía está en los cielos" (Filipenses 3:20). Sin embargo, aunque pertenecemos al reino celestial, y nuestra lealtad permanece ahí, vivimos aún en este mundo y debemos conducirnos como ciudadanos responsables. Ejercer el derecho al voto es una de las formas como los ciudadanos en países democráticos pueden participar significativamente en sus responsabilidades cívicas (Romanos 13:1, 7).
La Iglesia de Dios Universal no participa en la
política. Creemos que los cristianos deben respetar las opiniones
y los sentimientos de los demás y, por lo tanto, no ejercer presiones
dentro de la iglesia.
El apóstol Pedro dijo: "En verdad comprendo que Dios no hace acepción de personas, sino que en toda nación se agrada del que le teme y hace justicia" (Hechos 10:34-35). Dios no tiene prejuicio racial. Pablo dijo: "Donde no hay griego ni judío, circuncisión ni incircuncisión, bárbaro ni escita, siervo ni libre, sino que Cristo es el todo, y en todos" (Colosenses 3:11). Dios no mira la apariencia externa; él mira el corazón.
Los cristianos deben rechazar el racismo; en efecto,
ellos deben rechazar todas las formas de intolerancia, prejuicio y odio.
Los cristianos agradecen la oportunidad de vivir en armonía con
todas las razas. "Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano,
es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo
puede amar a Dios a quien no ha visto? Y nosotros tenemos este mandamiento
de él: El que ama a Dios, ame también a su hermano" (1 Juan
4:20-21).
En Hechos 2, por ejemplo, los apóstoles "fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen" (vers. 4). El hablar en lenguas habilitó a la muchedumbre multinacional a oír el mensaje del evangelio en sus propios dialectos (vers. 6, 8, 11).
Pablo dijo que las lenguas y otros dones espirituales "los hace uno y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en particular, como él quiere" (1 Corintios 12:11).
Alguien podría preguntar: "¿Son aquellos que hablan en lenguas más espirituales o están más cerca de Dios que aquellos que no hablan en lenguas?" No necesariamente. Si aquellos que hablan en lenguas no tienen amor, Pablo dice que ellos son ruidosos sin utilidad, no importa qué lengua hablen (1 Corintios 13:1).
El don de lenguas, o cualquier otro don, no es una marca especial de espiritualidad. Todos los dones del Espíritu son dados como Dios decide. Nadie, no importa qué don posea, tiene ninguna razón para ser arrogante o sentir que es mejor que otros.
Pablo no prohibió hablar en leguas en la iglesia, pero dijo que "todo [debía hacerse] decentemente y con orden" (1 Corintios 14:40).
Él les enseñó a los corintios a no hacerlo durante sus reuniones, a menos que alguien pudiera interpretar. Aun si había intérpretes presentes, sólo una persona podía hablar a la vez.
La Iglesia de Dios Universal no cree que cualquier
manifestación moderna de glosolalia o discurso extático es
inspirado por el Espíritu Santo.
El bautismo en agua demuestra el arrepentimiento
de los pecados personales del creyente y la aceptación del sacrificio
expiatorio de Jesucristo. El bautismo simboliza el compromiso para una
nueva forma de vida gobernada por las leyes espirituales de Dios, el ejemplo
de Jesucristo y la morada del Espíritu Santo. La Iglesia de Dios
Universal practica el bautismo por inmersión.
Al momento de su conversión los cristianos vienen a ser "una nueva creación" en Cristo (2 Corintios 5:17). El Espíritu Santo luego lleva a cabo su obra de renovación de modo que "el [hombre] interior se renueva de día en día (2 Corintios 4:16).
No somos salvos por obras. Sin embargo, somos
salvos para buenas obras (Efesios 2:8-9). El llamado cristiano es a una
vida de fiel obediencia a Jesucristo.
Jesucristo vino en carne humana "para deshacer las obras del diablo" (1 Juan 3:8). Él "participó de lo mismo (su humanidad), para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo" (Hebreos 2:14).
Los cristianos pueden resistir la influencia del
diablo, dependiendo del poder divino de Dios. Pedro nos urge resistir al
diablo permaneciendo "firmes en la fe" (1 Pedro 5:9).
Hablando de la importancia de la iglesia en las vidas de los cristianos, Pablo escribió: "Y él mismo [Cristo] constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo" (vers. 11-13).
La iglesia provee la estructura necesaria para
la nutrición de cada miembro del cuerpo de Cristo. Trabajando juntos
en unidad, la iglesia puede cumplir su responsabilidad hacia Cristo de
hacer discípulos a todas las naciones y enseñarles sus mandamientos.
Si está interesado en hablar con un ministro o en visitar una de nuestras congregaciones, por favor, no vacile en escribirnos.
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