Joseph Tkach
Diferentes autores tienen diferentes ideas acerca de lo que las iglesias cristianas deben estar haciendo, y hay mucha validez en lo que dicen. Los pastores pueden encontrar muchos puntos útiles en libros de Rick Warren, Christian Schwartz, George Barna, Lyle Schaller, y otros. Una iglesia saludable estará haciendo cosas que ayudan a los miembros y cosas que atraen a nuevos miembros. Nosotros mismos hemos utilizado estos libros, y hemos publicado ideas similares, como en nuestro folleto Vision 2000 ("Visión 2000").
Aun así es posible convertir una lista de ideas perfectamente válidas en
legalismo; o incluso en un programa que funciona sin Cristo, sencillamente
porque cubre ciertas necesidades sociales. No tenemos que mirar lejos para
encontrar iglesias que están creciendo que han tenido mala doctrina. En algunos
casos están creciendo debido a su mala doctrina. En este mundo no hay escasez
de personas a quienes les gusta el dogmatismo, moralismo y el separatismo.
Los grupos religiosos que están creciendo obviamente están haciendo algo bien.
Proyectan un sentido claro de identidad, pueden tener programas para las
familias, niños, mujeres, etc. Tienen métodos para incluir a las personas en
las obras de la iglesia, en compartir el mensaje, en estudiar doctrinas y hacer
buenas obras, etc. Pueden estar socialmente saludables y creciendo en número de
miembros, y pueden verse bien en cuanto a medidas externas, pero por dentro están
espiritualmente débiles, ciegos y desnudos.
Un enfoque espiritual
Nuestra visión para la iglesia no debe convertir los resultados externos en
prioridad. Cuando Cristo estableció la iglesia, no hizo hincapié en
ministerios para las familias, estilos de adoración, o intereses especiales. No
les dijo a los apóstoles que crearan programas especiales para desarrollar el
compañerismo, el servicio o el ministerio. Esas cosas bien pueden suceder, pero
no eran la prioridad.
La prioridad que Jesús le dio a la iglesia fue el evangelio. Lleven este
evangelio a todo el mundo, dijo él. "Y les dijo: --Así está escrito, y
así fue necesario que el Cristo padeciese y resucitase de los muertos al tercer
día; y que en su nombre se predicase el arrepentimiento y la remisión de
pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén" (Lucas
24:46-47). Dios, leal a sus promesas en las Escrituras, ha provisto para el perdón
de todas las naciones, y este perdón es posible por la muerte y resurrección
de Jesucristo.
Pablo dijo casi la misma cosa cuando definió el evangelio en 1 Corintios
15:3-4: "En primer lugar os he enseñado lo que también recibí: que
Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; que fue sepultado
y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras".
Esta es la base de la identidad cristiana, y también es la base de la identidad
de la iglesia. Debemos ser un pueblo que cree y enseña el mensaje de la muerte
y la resurrección de Jesús, del arrepentimiento y el perdón, todo según las
Sagradas Escrituras.
Esto no es solamente una de las muchas cosas que hace la iglesia; es el asunto
central, la fuente de donde todo lo demás emana. Nuestra identidad, nuestra
misión y nuestros ministerios deben todos irradiar de este centro.
La gracia y el pecado
Por ejemplo, Pablo nos dice que debemos perdonar a otros como Dios nos ha
perdonado (Col. 3:13). El evangelio de gracia nos lleva a promover la gracia de
Cristo en el mundo. Somos un pueblo perdonado, una iglesia en la cual
prostitutas y estafadores son recibidos con los brazos abiertos para que puedan
recibir la seguridad de la misericordia de Dios y perdón junto con el amor
divino, la aceptación y el ánimo que lleva a una vida nueva.
¿Cómo puede ser la iglesia un hospital para pecadores si se niega a permitir a
los más desesperados pecadores entrar por la puerta?
En el evangelio, la justicia de Dios es revelada (Romanos 1:17). El Dios justo,
quien es fiel a sus promesas, perdona y purifica a todos los que están en
Cristo. Todos los que ponen su confianza en Cristo pertenecen a Dios y les es
dada la justicia de Cristo.
No tenemos ninguna justicia por nuestra propia cuenta. Estamos firmes solo por
la gracia, y mientras mejor reconozcamos esto, mejor podremos recibir a otros
que necesitan gracia desesperadamente.
Eso no quiere decir que somos inconscientes al pecado. ¡Todo lo contrario! No
podríamos apreciar la gracia sin saber cuán malo es nuestro pecado.
El Nuevo Testamento nos da bastantes mandamientos, así que no es difícil para
nosotros ver que no alcanzamos el blanco. Nuestra fuerza, no obstante, no está
en nosotros mismos.
Es en Cristo, por quien no solo somos purificados y reconciliados, pero también
somos santificados y hechos justos. En el poder de Cristo mediante el Espíritu
luchamos contra el pecado mientras estemos vivos, y eso nos debe ayudar a ser
pacientes con otros, especialmente aquellos cuyo pecado es diferente al nuestro.
Jesucristo murió por nuestros pecados porque nos ama. Su meta es el perdón. Él
fue manso con prostitutas, manso con el fracaso de Pedro, pero mostró
desaprobación con respecto a las actitudes de superioridad religiosa de los
fariseos. ¿Son nuestras actitudes hacia el pecado semejantes a las de Él?
Como muestran las cartas de Pablo, hay un lugar para la disciplina amorosa, pero
sus cartas también muestran gran paciencia al lidiar con iglesias llenas de
problemas. Sus cartas están llenas de gracia, no de severa condenación.
Debemos ser una iglesia en la cual la gracia y el perdón son más prominentes
que la condenación.
Jesús les dijo a sus apóstoles que enseñaran a los creyentes a obedecer todo
lo que Jesús mandó. Al considerar lo que la iglesia debe ser y hacer en su
futuro, debemos considerar este par de mandamientos: no peques y no juzgues.
Amor y memoria
Ámense los unos a los otros, ordenó Jesús. La iglesia debe ser un pueblo que
se ama. Los cristianos deben pasar tiempo juntos, preocuparse los unos por los
otros, ayudarse los unos a los otros con las necesidades espirituales y
materiales. Deben vivir la vida de "lavar pies" que les ordenó Jesús.
Jesús también ordenó: "Haced esto en memoria de mí", o sea que
este pueblo comparte el pan y el vino en memoria del cuerpo y la sangre de Jesús.
Jesús no nos dio muchos otros ritos pero sí ordenó este.
No fue porque estaba interesado en las formalidades externas o porque deseaba
cierta clase de pan o cierto tipo de vino. Ordenó este sacramento porque
identifica extraordinariamente a su pueblo. Ellos son el pueblo que encuentra su
identidad en un Salvador crucificado y resucitado.
Debemos recordar a Cristo, y debemos recordarlo en la forma que Él mandó, por
medio del pan y el vino. Cuantas veces hacemos esto, se nos presenta el
evangelio de que Cristo murió por nosotros y que ahora vivimos en su resurrección.
Pero él no murió solo por mí; murió por nosotros. Todos le debemos
igualmente. No hay lugar para la arrogancia en la Cena del Señor; todos somos
servidos por nuestro Salvador.
La Cena del Señor nos recuerda quiénes somos, y que nuestro mensaje está
construido sobre una muerte ignominiosa y una resurrección gloriosa. Eso nos
pone en el lugar apropiado. Eso nos dice lo que merecen nuestros pecados, y con
qué poder hemos sido rescatados.
Lucas describe la iglesia primitiva en su mejor estado: "Perseveraban en la
doctrina de los apóstoles, en la comunión, en el partimiento del pan1 y en las
oraciones" (Hechos 2:42).
Esta es una digna respuesta al perdón y nueva vida que tenemos en Cristo.
Necesitamos estar atentos a la doctrina, especialmente al evangelio, y al compañerismo
constante, la adoración y la oración.
El versículo 46 repite estos pensamientos: "Ellos perseveraban unánimes
en el templo día tras día, y partiendo el pan casa por casa2, participaban de
la comida con alegría y con sencillez de corazón".
Resumen
Ya sea nuestra iglesia grande o pequeña, rica o pobre, moderna o pre-moderna,
nuestro sentido principal de identidad y misión debe estar en estas cosas:
A. El evangelio de Jesucristo
1. El mensaje acerca de Jesucristo, una Persona, el Hijo de Dios, Dios en la
carne, crucificado y resucitado para todas las gentes.
2. El mensaje de la gracia y el perdón de Dios, los cuales son manifestados por
medio de la muerte y resurrección de Jesús por nosotros.
3. El llamado a la fe (seguridad y confianza) en Jesucristo, fe que está acompañada
por el arrepentimiento (reconocimiento en tristeza según Dios de egoísmo
personal y necesidad de misericordia) y la salvación.
4. El mensaje central de las Sagradas Escrituras, tanto el antiguo como el nuevo
pacto.
5. Buenas nuevas para todas las naciones, para todos los pecadores.
B. Los mandamientos de Jesucristo
6. Amarnos los unos a los otros, perdonarnos los unos a los otros, servirnos los
unos a los otros, todo ilustrado por el mismo evangelio.
7. Compartid el pan y el vino en memoria de Jesucristo, porque el pan y el vino
simbolizan la verdad central del evangelio, que la salvación es posible porque
Jesús murió por nuestros pecados.
C. El ejemplo de la iglesia
8. Una inquietud por doctrina, por la enseñanza apostólica, la cual incluye
todos los puntos del evangelio.
9. Un deseo de tener compañerismo, de reunirse los unos con los otros, de
compartir los unos con los otros, de comer los unos con los otros, todo en
respuesta al evangelio.
10. Un deseo por la adoración, la oración, la alabanza y la Cena del Señor.
Ministerios en perspectiva
Estos principios nos ayudan a mantener nuestros ministerios prácticos en
perspectiva. Los pequeños grupos, por ejemplo, no son un fin en sí mismos. No
creamos grupos pequeños solo porque otras iglesias los tienen, o porque leímos
en algún libro que estos son la manera para facilitar el evangelismo y el
crecimiento.
Los grupos pequeños pueden ayudar, pero son un método, y el objetivo es más
importante que el método. El objetivo es de reunirse para adorar, para tener
compañerismo en Cristo, para compartir y ayudarse los unos a los otros. Si los
grupos pequeños ayudan a que esto suceda, ¡magnífico! Si no, entonces su
enfoque debe ser cambiado.
Similarmente, enseñamos el sacerdocio de todos los creyentes, pero no porque
esto sea lo que está de moda en algunos círculos. Este concepto tiene bases
teológicas, en el hecho de que Cristo murió por cada uno de nosotros, y ha
sido bondadoso y ha ordenado a cada uno servir a los demás.
La manera en que cada uno sirve puede ser definida por la salud, las finanzas u
otras circunstancias fuera de nuestro control, pero debemos servir de cualquier
modo que podamos.
Debemos compartir el tiempo, los talentos y los tesoros, porque nuestras vidas
han sido compradas por la sangre de Cristo. Cristo es el Dueño de todo lo que
poseemos, no solo de 10% de nuestro dinero y un día de nuestra semana.
La reconciliación racial es un ministerio importante y muy necesario en nuestra
iglesia multi-étnica. Pero puede fluir únicamente de nuestra reconciliación
con Dios mediante Jesucristo.
Cuando Dios nos dio el "ministerio de reconciliación" (2 Corintios
5:18), Él quiso decir, primero nuestra reconciliación con Él mediante Cristo,
y en segundo lugar, nuestra reconciliación con todos los seres humanos, y
fluyendo de eso, reconciliación con grupos específicos de personas.
La reconciliación racial, o cualquier ministerio particular de la iglesia, se
entiende correctamente no como un fin en sí mismo, sino como resultado de
nuestra reconciliación con Dios por medio de Cristo. Tales ministerios deben
emanar del evangelio de gracia obrando en nuestras vidas, no meramente en un
esfuerzo de hacer a la iglesia atractiva.
El ministerio de los niños es otro ejemplo. Nosotros no promovemos el
ministerio de los niños solo porque "todas las iglesias que están
creciendo tienen un buen ministerio de los niños".
El ministerio de los niños no es una estrategia para atraer a cierto grupo
socioeconómico, ni para perpetuar la existencia de nuestras congregaciones.
El ministerio de los niños existe para enseñarles el evangelio a los niños,
porque Jesús nos ordena que prediquemos el evangelio a todos. Quizá el
ministerio de los niños tenga un sinúmero de beneficios, pero debemos mantener
la meta principal en mente.
Podríamos mencionar una gran variedad de ministerios, todos importantes. Pero
el problema con las listas es que se convierten fácilmente en una lista de
cosas que debemos imitar para dar la apareciencia de que somos una iglesia
saludable. Pero una gran cantidad de programas no es lo que hace a una iglesia
saludable.
El evangelio es lo que hace a una iglesia saludable. Debemos mantener el
evangelio como el aspecto principal de nuestra planificación, o todos nuestros
programas y ministerios serían sencillamente conchas vacías.
Nuestra identidad es en Cristo, en el Salvador crucificado que murió por
nuestros pecados y fue levantado en gloria. Esto significa que éramos
pecadores, y merecíamos la vergüenza y la muerte.
Podemos identificarnos con Jesús en la cruz. Estuvimos allí, por así decirlo,
crucificados con Cristo. Y la cruz continúa sindo nuestro punto de identificación,
un llamado a la humildad, al servicio y a la gracia. Lo que hemos recibido tan
libremente, debemos dar a otros libremente. Eso es ministerio.
Cuando Cristo regrese, ¿qué estará buscando? ¿Nos juzgará por el número de
miembros, el tamaño de nuestro presupuesto y la cantidad de revistas que
imprimimos? ¿Nos juzgará por los días que guardamos, las canciones que
cantamos, los ministerios que tenemos? ¿Mirará los edificios que tengamos o
las decoraciones? No.
Cuando Cristo regrese, ¿qué estará buscando? Estará buscando fe, aquellos
que confían en Él serán salvos. Y buscará fidelidad, aquellos que estén
haciendo lo que Él les dijo que hicieran. Hemos sido llamados a hacer su obra,
a estar en sus negocios, la tarea de confiar en su gracia y misericordia a
medida que difundimos las buenas nuevas y de vivir de acuerdo con sus
implicaciones.
1. Este versículo
no demuestra que "partir pan" se refiere a observar la Cena del Señor.
Quizá no es posible probarlo. No obstante, sería extraño enumerar cenas
ordinarias en este versículo como acciones orientadas a la adoración. No hay
nada raro o inusual en ser devoto al comer.
Pero sabemos que Jesús les ordenó a sus seguidores que
observaran la Cena del Señor, y que Él no puso restricciones en cuanto a con
qué frecuencia se debía hacer. La implicación de 1 Corintios 11 es que era
frecuente, y la historia demuestra que la Cena del Señor era una característica
de las reuniones de la iglesia primitiva.
2. Como arriba, esta probablemente es una referencia al
pan y al vino de la comunión, no solo a cenas.