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No hay condenación para quienes están en Cristo

 

"Algunos de los pastores en mi región están desanimados", dijo recientemente un superintendente de distrito. "No han podido motivar a sus congregaciones a tener una visión de servir a la comunidad. Algunos tienen objetivos generales, pero no tienen una visión específica. Otros están frustrados porque la congregación no está apoyando la visión que tiene el pastor".


Permítanme ofrecerles algunas palabras de aliento para tales pastores, y para los miembros en sus congregaciones.


Es bueno tener metas más grandes de las que podemos alcanzar. A nivel individual, Cristo llama a cada uno de nosotros a la perfección, o a la integridad (Mateo 4:48; Efesios 4:13). Aunque no podemos alcanzar integridad completa en esta vida, debemos esforzarnos por alcanzarla, pero sin desaliento, porque sabemos que estamos vestidos con la justicia de Cristo, y no hay ninguna condenación para los que están en Cristo Jesús (Romanos 8:1). Debido a la fiel gracia de Dios, recibimos ánimo para seguir adelante con confianza, sabiendo que Cristo vive en nosotros.


Jesucristo nos fija un trabajo más allá de nuestras habilidades: el de llevar el evangelio al mundo entero. Las iglesias cristianas han trabajado en esto por más de 2.000 años, y todavía hay grandes segmentos del mundo que no han sido alcanzados, y algunas regiones que antes eran cristianas ya no lo son. Aún así, no nos descorazonamos. Continuamos trabajando porque Cristo vive en nosotros. Es su obra, y podemos estar seguros de que Él terminará la obra que ha comenzado. No tenemos que preocuparnos o sentirnos desanimados acerca de eso.


En realidad, si pudiéramos alcanzar todas nuestras metas, seríamos también tentados a atribuirnos todo mérito. Podríamos pretender tener el método correcto, la fórmula correcta para el éxito, la verdadera sabiduría o ¡hasta el nivel correcto de humildad! Pero porque fallamos, se nos recuerda que las tareas que se nos dan son, de hecho, humanamente imposibles. El evangelio no se recibe humanamente. No podemos atribuirnos el crédito por las conversiones o por el crecimiento individual en el evangelio. Debemos confiar en Cristo.


Pero, ¿qué de la visión pastoral y de guiar a nuestras congregaciones a servir las comunidades en que estamos?

 

Me anima que los pastores quieren salir a sus comunidades y ayudar a sus congregaciones a convertirse en puestos avanzados del reino de nuestro Señor y Salvador. Esto es en sí mismo una señal de crecimiento entre nosotros, un síntoma de una iglesia que está siendo transformada por Jesucristo.


Pero con cambio también hay inercia. Generalmente somos lentos en hacer cambios, tanto individual como colectivamente. Considere por un momento la iglesia del primer siglo, la iglesia con todos los apóstoles, las experiencias con Jesús y los testigos de su resurrección. A estas personas Jesús les dijo: "Id por todo el mundo". ¿Aumentó la obra misionera? ¡Qué va! Conocemos la historia.


Los apóstoles se quedaron en Jerusalén por varios años. Tuvieron que ocurrir visiones milagrosas antes de que Pedro siquiera entrara en la casa de un gentil. Aun ese pequeño paso tuvo que ser explicado cuidadosamente a los críticos en la iglesia de Jerusalén. Tuvo que efectuarse una conferencia mayor únicamente para clarificar lo que es el evangelio, que las personas son salvas por la fe, y que los gentiles deben ser aceptados. El proceso tomó muchos años, y no todos llegaron a un acuerdo.


Con el tiempo, los apóstoles dejaron a Jerusalén y llevaron el evangelio a otros pueblos. Pero la iglesia de Jerusalén se mantuvo algo conservadora, víctima de la inercia. Eran lentos para cambiar su punto de vista del mundo y de cómo debían servir a Dios. Se limitaron a sí mismos, pero Dios no estaba limitado. Levantó a otros para compartir la obra. Antioquía se convirtió en el centro de actividad misionera. Antioquía se convirtió en la iglesia que llamó a Pablo y lo envió. Y la iglesia creció.


Nuestro objetivo es ser como Antioquía, no como Jerusalén. Si no cambiamos, terminaremos como Jerusalén, y Dios levantará a otros para hacer la obra. Tiene muchos entre quienes elegir. Las buenas noticias es que estamos cambiando. Estamos siendo transformados. Aunque la inercia nos afecta, ¡la estamos venciendo! Pero sí toma tiempo.


Nuestra frustración, nuestro desánimo es, irónicamente, ¡un síntoma de nuestro progreso! Si estuviéramos totalmente atascados en nuestra inercia, no nos importaría. No estuviéramos ni siquiera intentando cambiar. Seríamos como una tortuga que encoge sus patas y cabeza dentro de su concha, protegiéndose a sí misma y sin ir a ningún lugar.


Hace 10 años, teníamos poco interés en prestar nuestros servicios en nuestras comunidades. Apenas comenzábamos a hablar de ello. Ni hablar de una visión para cada congregación de cómo promover el reino de Dios. Teníamos un concepto subdesarrollado de los ministerios laicos, de los pastores bivocacionales o de los dones espirituales. Hemos progresado bastante. Aunque todavía hay mucho que hacer, no tenemos que descorazonarnos. No tenemos que desanimarnos, porque es Cristo quien obra dentro de nosotros.


Siempre que hay un cambio, a algunas personas se les hace más fácil adaptarse que a otras. Así son las personas. Con el tiempo, más y más personas captan la idea, pero al principio solamente unos pocos la captan. Supongamos que 10% de nuestros miembros tienen una visión de servir en sus comunidades. (En realidad la cifra sería más alta en algunas congregaciones y más baja en otras). Es fácil para ellos desanimarse, ya que podría parecer que 90% de las personas no "lo entienden". Es natural para ellos desear que más personas compartan su entusiasmo, y es natural para ellos desanimarse cuando muchos no los acompañen.


Pero me gustaría señalar la otra cara de la moneda: que ya se ha logrado progreso significativo. Diez por ciento es mucho más de lo que anteriormente teníamos. La buena levadura ya ha comenzado a penetrar la masa. La semilla de mostaza ha brotado y ha comenzado a crecer. Cristo está obrando con nuestra comunidad cristiana, y completará la obra que ha comenzado. Pero sí toma tiempo, y ¡los que se adaptan rápidamente al cambio no siempre tienen el don de la paciencia!


Permítanme asegurarles: creo firmemente que necesitamos continuar cambiando, ser transformados bajo el liderazgo de Cristo. Cuando menciono la paciencia, no quiero que nadie piense que es una oportunidad para mantenerse en sus trece y resistir el cambio. Quiero que sigamos adelante, sí, pero con algún realismo acerca del esfuerzo que nos toma seguir adelante. Necesitamos correr con paciencia la carrera que tenemos por delante. Nunca debemos dejar de correr, pero debemos correr con paciencia.


Ahora permítanme hablar más acerca de la situación pastoral antes mencionada. Algunos pastores están desanimados porque o no han formulado o no han adquirido apoyo para una visión de servicio a los demás. Algunos han leído libros acerca de visión que dicen, esencialmente, que si una persona pasa suficiente tiempo en la "cumbre" con Dios, entonces Dios le dará a aquella persona una visión tallada en piedra. Algunos pastores se desaniman cuando ninguna visión parece materializarse, y a veces comienzan a dudar de su relación con Dios, o su llamado al liderazgo.


La verdad es que la visión no siempre es así. Paul Ford, uno de los conferencistas en nuestra reciente conferencia para directores regionales y pastores regionales, indicó que solamente 30% de los pastores son visionarios por don o estilo. Algunos pastores van a la vanguardia y le piden a la gente que los sigan, mientras otros dirigen caminando al lado de la gente, confortando y aconsejando y animando a los miembros a seguir adelante juntos. Tales pastores ejercitan el liderazgo más bien coordinando los esfuerzos de los miembros que imponiendo nuevos esfuerzos. Ambos enfoques son legítimas formas de liderazgo pastoral, pero es difícil para una persona de un estilo tratar de funcionar de acuerdo con otro estilo. Todos funcionamos mejor cuando pasamos la mayor parte de nuestro tiempo operando en la manera que Dios nos ha dotado.


Permítanme regresar de nuevo al tema de una visión externa. Creo que, en algunos casos, es mejor que en estos momentos no nos preocupemos mucho sobre una visión externa. Puede que Dios no nos esté dando a todos una visión externa debido a que aún no es tiempo de que nuevas personas entren en la congregación. Todavía no hemos llegado a ser la hermandad cristiana que debemos ser. No lo digo para condenar, sino para diagnosticar la situación, para que todos podamos enfrentarnos a ella.


Mi padre hablaba acerca de "arriba, adentro y afuera", y las puso en ese orden por una razón. Nuestra más alta prioridad es colocar nuestra relación con Dios primero. Debemos adorar a Dios con todo nuestro corazón, mente, alma y fuerza, y debemos amarlo con lo más profundo de nuestro ser. Cuando nuestra relación con Dios es fuerte y está creciendo, nos encontramos también creciendo en la segunda prioridad: "adentro". Estamos creciendo en el amor, en el servicio, en la ayuda y en animarnos los unos a los otros.
Los grupos pequeños pueden jugar un papel importante en el proceso de alentarnos los unos a los otros. Algunos estamos vendando nuestras heridas y tratando de sanar; otros están listos para emprender nuevos desafíos.
Nuestras relaciones personales necesitan estar edificadas sobre un suelo firme de fe en Cristo, no en el lodo de una marcha estrictamente uniforme. Solíamos tener lazos muy fuertes de compañerismo dentro de la iglesia, pero estaban basados en la conformidad doctrinal. Ciertamente hay valor en la unidad doctrinal. Pero nuestras amistades deben estar basadas en más que eso, deben estar basadas en una amorosa amistad con Cristo que nos lleva a amarnos los unos a los otros. Nuestra creencia es en el que nos salva por su gracia y, por consiguiente, podemos permitir variedad en comportamiento sin dejar que esta nos divida.


Es más fácil cambiar una doctrina que una actitud, y es más fácil cambiar una creencia que un hábito. Ahora Dios está cambiando el clima cultural de la iglesia. Está cambiando nuestras actitudes hacia Jesús. Está cambiando nuestras actitudes hacia los demás hermanos. Y está cambiando nuestras actitudes hacia las personas a nuestro derredor. Esto no es fácil, pero el proceso ya ha comenzado, aun antes de que nos diéramos cuenta de lo que estaba sucediendo. Pensábamos que estábamos haciendo cambios doctrinales para conformarnos a las verdades bíblicas. Pero aún más que eso, Dios estaba iniciando los cambios doctrinales como un paso importante para transformarnos a ser más como su Hijo. Nos llama a una amistad con sí mismo, no solo con su Libro, y no solo con una lista de verdades. Y nos llama a una amistad con otras personas por medio de la fe en Él, no por medio de un acuerdo con una serie de comportamientos.


Debemos venir a la Verdad, Jesucristo, no solamente a una lista de doctrinas. Nuestra identidad y nuestra unidad están en Él. Todos estamos en diferentes etapas de entender ese concepto y en diferentes niveles de aplicarlo a nuestras actitudes. Al darnos cuenta de que nuestra identidad esta en Cristo, de que nuestra única importancia está en Él, entonces veremos que nuestra actitud hacia otros ha cambiado también.


Cuando nuestras relaciones personales están tensas, es más difícil para nosotros demostrar el amor de Cristo a nuevos creyentes. Si podemos amar únicamente a aquellos que están de acuerdo con nosotros, ¿cómo podemos ser una buena incubadora para las personas que apenas están comenzando a salir del mundo? Cristo dirige a su pueblo a amarse los unos a los otros aun cuando tenemos diferentes ideas, diferentes prácticas y diferentes maneras de adorar a Dios.


Creo firmemente que cuando lo de arriba y adentro están saludables, lo de afuera seguirá naturalmente. Tendremos ojos para ver los diversos dones de nuestra congregación y cómo esos dones pueden servir a la iglesia y a la comunidad, y tendremos el deseo de hacerlo.


En resumen, no necesitamos sentirnos frustrados y desanimados si una visión externa no ha sido desarrollada para nuestra congregación particular. Con el tiempo se hará, como se ha desarrollado en varias congregaciones. Hasta entonces, necesitamos enfocar la mayor parte de nuestra atención en lo de arriba y adentro (en cuanto permanecemos alertas y participando en oportunidades afuera). No necesitamos visiones especiales para adorar a Dios y para amarnos los unos a los otros. No necesitamos una revelación sobrenatural para orar juntos, para cantar canciones espirituales y preocuparnos los unos por los otros. Ya se nos ha dado una revelación sobrenatural —la Biblia— para hacer esas cosas.


Claro está, nunca seremos perfectamente saludables, pero queremos mejorar la salud de nuestra adoración, nuestro discipulado, nuestro compañerismo y nuestro ministerio mutuo. Rick Warren ha descrito un enfoque para la salud de la iglesia; Christian Schwartz describe otro. Ambos métodos son eficientes para que las iglesias le echen un vistazo sistemático a las diversas funciones que una iglesia debe tener, y ambos métodos ayudan a las personas a identificar las áreas en las cuales necesitan mejorar. Otros autores (Elmer Towns, George Barna, Aubrey Malphurs, Ralph Neighbor, Lyle Schaller, etc.) contribuyen con otros enfoques. No hay método perfecto, y lo que funciona bien para un pastor/congregación quizá no funciona bien para otro. Pero al buscar consejos sabios en libros, en conversaciones con otros pastores, en discusiones con miembros, y claro está, en la Escritura, podemos ser dirigidos por Dios en una participación gozosa en su plan para nosotros.


Agradecemos a Dios por el progreso que ya ha traído a nuestro compañerismo y por el progreso que se continúa haciendo. Así como necesitamos tener una anticipación paciente por el regreso del Señor, también debemos tener una paciente anticipación por la realización de su obra en nuestra denominación, a medida que nos transforma a estar más cercanos a "la medida de la estatura de la plenitud de Cristo" (Efesios 4:13). A Él le damos toda adoración, honor y gloria.

 

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