La herencia que te entrego
Carina Agreda
San Salvador, El Salvador
Al crecer no
tenemos idea de lo que queremos, desde pequeños hacemos lo que nuestros padres
nos piden. Vivimos conforme a lo que ellos quieren
para
nosotros, los que fueron afortunados al tener una mamá y un papá que los amarán
y que se interesaran por ellos, saben de lo que estoy hablando, siguiendo las
reglas de la casa, la disciplina de papá y la instrucción de mamá son algunas de
las cosas a la que todo hijo se enfrenta. Luego aparece una etapa de rebeldía
en la que papá o mamá no nos comprenden, o ambos, ellos no nos quieren y están
en nuestra contra (algunos seguramente pasaron esta etapa) nuestra personalidad
se está floreciendo un poco más. Las niñas ya no quieren que mamá la vista y
los varones ya no quieren dar explicaciones hacia donde van o a que horas
regresan. Lo cierto es que de alguna forma llegamos a la madurez y después de
terribles jaquecas provocadas a nuestros tutores nos toca a nosotros, si ahora
somos los nuevos cabezas de familia.
¡Aja!... Aquí comienza lo bueno. Hasta entonces es cuando comprendemos por qué existían las reglas en casa, por qué nos pedían que apagáramos el bombillo que no estábamos ocupando, ahora que ya pagamos cuentas y que somos responsables de nuestros hijos.
Es interesante que hasta entonces, comprendemos a nuestros padres, eso que hicieron entrar con esfuerzos en nuestros corazones y nuestras mentes. Como estudiar para poder tener una profesión que nos facilite nuestro sostenimiento económico para el futuro, como hacer arroz sin que se pase de tiempo o planchar nuestra camisa. Comenzamos una etapa de arduo trabajo para HEREDARLES a nuestros hijos algo que sea valioso.
¿Qué es ese algo valioso que debemos de heredar? Bueno, lo mejor que tenemos es lo que daremos de herencia a nuestros hijos. ¿Qué podrá ser eso tan valioso? Seguramente es algo que nos llena de felicidad, algo que nos entrena para ser responsables y actuar con prudencia, eso que conocemos que nos permite pensar correctamente en los momentos de adversidad y no contestar apresuradamente. Seguramente todos podemos decir que es una buena educación.
Donde podemos encontrar esa buena educación, la verdad es que sí, esta al alcance de todos, sí tiene un precio, pero nadie puede pagarla. Realmente la buena educación que entregamos a nuestros hijos es sencillamente nuestro ejemplo. Ejemplos bíblicos: Abraham tuvo una fe muy fuerte en el Señor la cual heredó a Isaac, quien experimento en carne propia hasta donde llegaba la obediencia de su padre, peor Isaac no solo obtuvo lo bueno si no también algunas debilidades de su papá, como el mentir sobre su esposa o tener miedo que Dios no lo protegiera ante los extraños, ambos pasaron por los mismos temores Abraham Génesis 12:14-20 e Isaac Génesis 26:7-10.
Que es lo que verdaderamente queremos darle a nuestros hijos, definitivamente lo mejor, lo más valioso que tenemos, Abraham no solo le dio sus riquezas a sus hijos, sino que les enseñó obediencia y fe en que su Dios era verdadero y el único, El Señor le entregó a ambos la misma promesa.
Obviamente nosotros como padres queremos ser el mejor ejemplo a seguir, darle algo valioso a nuestros hijos la fe en Jesucristo, definitivamente es lo mejor, sabemos que la relación con Jesucristo es personal, claro que sí, pero la educación comienza en el hogar, es cuando nuestra comunión con el Señor debe ser más valiosa, el tener mejor tiempo con Dios, un tiempo de calidad nos lleva a dar los mejores frutos, esta es la senda que seguirán nuestros hijos aprender del ejemplo. Lo que han visto en casa nunca lo olvidaran. Y si no, comprobemos esto con la herencia. Loida dio a conocer su fe en el Señor a su hija Eunice y ambas heredaron la fidelidad hacia el Señor a Timoteo nieto e hijo respectivamente, bien lo explica Pablo: 2 Timoteo 1:5 “Traigo a la memoria tu fe sincera, la cual animó primero a tu abuela Loida y a tu madre Eunice, y ahora te anima a ti. De eso estoy convencido”.
La mejor forma de enseñar el camino es con el ejemplo, un papá que ama genuinamente al Señor, que los busca muy temprano cada día y descansa cada noche en su palabra, sin duda podrá enseñar a su hijo a tener una relación con Cristo mejor a la que un papá que solo lleva a sus hijos a la iglesia, para los días especiales, un papá que ora en familia a uno que solo recuerda que Dios existe solo en sus momentos de angustia, indudablemente un padre que ora por otros enseñará amor al prójimo.
No debemos menospreciar el ejemplo que imperfectamente damos a nuestros hijos, poco a poco les enseñamos que no somos perfectos, pero que hay un hombre que vino y nos amó tanto que sí es perfecto, y es al que nosotros queremos parecernos, invitar a nuestros hijos a que quieran conocer a esa personalidad, alguien que no los dejará solos ni un segundo de su vida, alguien que dio su vida por los pecados que ellos aún no cometen, alguien que ¿ama sobre su vida misma? La forma de como nosotros sigamos a Jesús indudablemente afectará para bien o para mal la vida de nuestros hijos.
Yo y mi casa serviremos a Jehová. De mí depende que mi hijo tenga una fe fuerte y que empiece desde joven a conocer a su Salvador, que lo ame y que viva en obediencia, lo mejor que yo le puedo heredar a mi hijo es un ejemplo de relación con Jesucristo. Para ello debo empezar ahora a mejorar la calidad de mi tiempo con Dios, en la oración, en su palabra, en la adoración y en la obediencia por amor no por temor.
Mi hijo quiere ser como yo, entonces yo quiero ser como Jesús, el mejor ejemplo que puedo seguir.
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