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¿Por qué permite Dios la maldad?
Por Michael Morrison

 

Cada semana es una semana de tragedia. Hay guerras en África. Hay violencia étnica en Israel, Turquía e India. Hay persecución apoyada por el estado en China y Pakistán. Hay odio y celos, asesinatos y guerra cada semana.


¿Cómo respondemos nosotros como cristianos al problema del mal? ¿Por qué permite Dios tales cosas? ¿Por qué permite que malas personas causen tanto sufrimiento?  Los filósofos y teólogos pueden hablar acerca de por qué Dios permite el mal, pero sus respuestas no eliminan la pena. No pueden hacer que el mundo parezca ordenado y sensible. Y la fe cristiana no está diseñada para hacer todo ordenado y sensible. Bueno entonces, ¿qué tiene que decir la fe acerca de los males que vemos?


Primero, que el mundo tiene males. Lo correcto y lo malo no son simplemente un asunto de opinión. Existen normas de bien y mal que no cambian, definidas no por humanos sino por Dios.
Jesús comentó acerca del problema del mal. Una torre en Siloé se cayó y mató 18 personas. ¿Fue esto castigo divino por sus pecados secretos? No, dijo Jesús. Estas personas no eran más pecaminosas que cualquier otra persona.


Jesús no dijo por qué se cayó la torre, pero hizo la situación personal a sus oyentes: Si no os arrepentís, todos pereceréis de la misma manera. La tragedia sobre otras personas se convirtió en una lección objetiva para que nos arrepintamos.


Si tenemos actitudes de envidia, ira o resentimiento, hemos cometido homicidio en nuestros corazones. Y cuando vemos los terribles resultados de la ira en las tragedias diarias, hacemos bien en examinarnos a nosotros mismos y nuestras actitudes. Tenemos que rechazar las malas actitudes dentro de nosotros. Cuando los resultados del pecado son hechos tan claros, lo que tenemos que hacer es arrepentirnos. Si no nos arrepentimos, también pereceremos.


Podemos preguntar por qué Dios permitió que las personas murieran, pero también debemos preguntarnos por qué Dios nos permite vivir. Cada uno de nosotros ha tenido malos pensamientos. Cada uno de nosotros ha hecho mal. ¿Por qué permite Dios el mal dentro de nosotros? Ninguno de nosotros merece escapar el castigo, y aun así Dios permite el escape, también.


Si preguntamos por qué hay maldad, también debemos preguntar por qué hay misericordia. ¿Por qué debe Dios perdonarnos cuando no lo merecemos?


Aborrezcamos el mal. Regocijémonos en la gracia de Dios, y busquemos su gracia. Arrepintámonos. Luchemos contra el mal, comenzando con nosotros mismos.


Jesús luchó contra el mal, pero no luchó de la misma manera que luchan los seres humanos. Él le dio de comer al hambriento, sanó al enfermo. Echó fuera demonios y enseñó contra la opresión religiosa. Pero Jesús no trató de parar todos los males por medio de la fuerza.


Él no sugirió que necesitamos mejores policías o mejores valores familiares. No sugirió leyes para controlar las armas. Esas cosas pueden ayudar, pero Jesús se dirigió a una necesidad más fundamental: al arrepentimiento.


Y finalmente, Jesús conquistó el mal, pero lo hizo por medio del sufrimiento y la muerte, no por medio de la fuerza. Él también llama a sus seguidores a estar dispuestos a sufrir y morir. Nos asegura que somos conquistadores si lo seguimos aun a través del sufrimiento y la muerte.


Nuestras experiencias con el mal nos ayudan a crecer en compasión y fe, precisamente porque prueban nuestra fe. Tenemos que confiar en Dios porque en tales tiempos, podemos ver la verdad más claramente; en realidad no hay nada más en que confiar.


Algún día, Jesús utilizará el poder para dominar el mal. Ahora mismo, no lo hace así. Ahora, nosotros como cristianos vivimos como extranjeros en un mundo  corrompido y pecador. Sabemos por la fe que un mundo mejor vendrá.


Todavía no vemos todas las cosas bajo el gobierno de Cristo. Ahora, vemos el sufrimiento y la muerte. Pero mediante la resurrección de Cristo, podemos ver que la muerte misma ha sido conquistada.


Todas las cosas serán puestas bajo el mando de Jesucristo, el Señor de compasión y misericordia. Aun cuando sufrimos por los males del mundo hoy en día, podemos regocijarnos por nuestra esperanza en Jesucristo. Todavía sufrimos, debemos sufrir por el mal, pero debemos sufrir con esperanza y fe en Jesucristo.

Copyright © 2001  Iglesia de Dios Universal

 

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