¿Un Dios o dos? ¿Justicia, castigo y condenación…
o perdón, amor y gracia?
Un error común es creer que Dios el Padre es duro y cruel, y que Jesús, Dios el Hijo, es amoroso y tierno. Este mal entendimiento puede llevar a creencias herejes acerca de Dios y acerca de la condición humana.
Los primeros cristianos llegaron a la conclusión, entre mucha controversia, que Dios no es dos ni tres. Entendieron que Dios es uno, pero que existe eternamente como tres Personas esenciales pero distintas. Dios es Padre, Hijo y Espíritu Santo.
Así que es imposible separar dos Dioses, uno cruel y otro amoroso. Pero, ¿cómo reconciliamos la buena noticia que Jesús salva con la enseñanza bíblica de que Dios es justo y demanda perfección?
La inspiración de Dios al apóstol Pablo revela que la santidad, perfección y justicia de los cristianos no es propiamente de ellos, sino de Dios. La justicia de Dios es dada a los que viven por fe. Es dada, no por lo que uno haga, sino simplemente por la abundante gracia de Dios.
Dios (Dios el Padre, Dios el Hijo y Dios el Espíritu Santo) envió a Dios el Hijo para nuestra salvación. El Hijo no vino a condenar sino a rescatar y a salvar.