¿Qué hora es?

Por Joseph Tkach y Neil Earle


 

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uántas veces al día hacemos la pregunta: qué hora es? Suena como un asunto lo suficientemente simple hasta que tomamos el tiempo para pensar sobre ello. Entonces nos damos cuenta de que no es algo simple en lo absoluto.

Considere esto: Antes de los 1800, el mantener el tiempo era un evento local. En la Europa medieval el relojero del pueblo era el hombre clave. Él colocaba el tiempo oficial en marcha cuando quiera que el sol alcanzara su cenit cada día. Esto difícilmente era preciso. Cuando avanzamos a los relojes de bolsillo, la gente que viajaba entre las ciudades a menudo tenía que ajustar sus relojes, literalmente, de cuando en cuando.

Entonces llegaron las vías del tren en los 1800. Debido a asuntos de itinerario, de preocupación por las tarifas de flete y de entrega crítica de objetos perecederos, los asuntos de tiempo se hicieron mucho más cruciales. En 1878, un canadiense, Sanfor Fleming, se convirtió en un héroe nacional al dividir el mundo en las 24 zonas de tiempo que usamos hoy.

Así, Estados Unidos tiene nueve zonas de tiempo. La anterior Unión Soviética tenía ¡12 zonas de tiempo! Incluso hoy, toda la Rusia gigante y en expansión, está en el tiempo permanente de ahorrar la luz del día y cada región está una hora adelantada al tiempo real en registro.

Algo bastante complicado, ¿no?

El tiempo de Dios

El congreso de los E. U. tuvo que aprobar el Acta del Tiempo Estándar en 1918 para hacer que las cuatro zonas de tiempo fueran obligatorias. De otra manera, las ruedas del comercio rápidamente se hubieran atascado. El tiempo es incluso más importante para Dios, y el enfoque bíblico hacia el tiempo es un poco más deleitosamente complicado de lo que parece a primera vista.

Richard Kromer aptamente resumió el enfoque bíblico hacia el tiempo: “La historia tiene su principio en Dios, su centro en Cristo y su fin en la consumación final y el último juicio”.

Correcto. La Biblia tiene mucho respeto hacia el tiempo. Dios está obrando Sus propósitos a lo largo del tiempo. Por otra parte, Dios tampoco está estrictamente atado por el tiempo.

Visto por un lado, el tiempo es una entidad creada. Un día es la cantidad de tiempo que la tierra rota sobre su eje. Un año es la medida de su órbita alrededor del sol. Pero es diferente en Marte o Venus. Así el tiempo, en un sentido, es una entidad material, relativa. Pero ésta es sólo una manera de contar el tiempo.

En el Nuevo Testamento griego muchas palabras aluden al tiempo. Una es chronos, de la cual obtenemos nuestra palabra cronología. Éste es el tipo de tiempo con el que estamos familiarizados—el tictac del reloj, la esfera del tiempo y espacio que todos habitamos.

La Biblia presta atención a ésta manera lineal de medición. Moisés cantó: “enséñanos a contar bien nuestros días, para que nuestro corazón adquiera sabiduría”. Y Jesús preguntó: ¿Acaso el día no tiene doce horas? (Juan 11:9).

Pero también se usa en el Nuevo Testamento otra palabra totalmente diferente para el tiempo. Esa palabra es kairos. (Una más, ainos, se refiere a la duración, pero nos enfocaremos en kairos en éste artículo).

Kairos es la “plenitud del tiempo”, la zona de tiempo de Dios. El tiempo kairos transmite nociones de no ataduras, de fluidez, de los propósitos de Dios cruzándose con, e imponiéndose sobre éste mundo finito de tiempo cronológico. Así, kairos se refiere a la oportunidad, como escribe Carl Henry en el Diccionario Evangélico de Teología: “representa la arena de las decisiones del hombre en su camino hacia un destino eterno” (página 1096).

El momento kairos

Así kairos transmite un concepto más emocionante que el simple chronos. Kairos se refiere a períodos especialmente seleccionados en la determinación divina. Opera dentro del tiempo humano profano, pero principalmente como el foco de cumplimiento de los propósitos finales de Dios.

Cuando Jesús vino la primera vez fue un momento kairos definitivo—un tiempo de cumplimiento, un tiempo de juicio y un tiempo para que las promesas de Dios entraran en operación (Marcos 1:15; 2 Corintios 1:20).

Note esto en la epístola a Tito: “Pablo, siervo de Dios y apóstol de Jesucristo, conforme a la fe de los escogidos de Dios…la cual Dios, que no miente, prometió desde antes del principio de los tiempos (griego chronon de “chronos”), y a su debido tiempo (kairos) manifestó Su palabra…” (Tito 1:1-3).

Dios creó el tiempo, y en Su soberano tiempo kairos, Él interacciona y entra en el tiempo chronos según Su perfecta voluntad. Ésta es una razón por la cual la vida con Dios es tan emocionante—no estamos predeterminados, el futuro está abierto para nosotros y nosotros estamos abiertos para el futuro.

Los escritores del Nuevo Testamento relacionaron el kairos con dos eventos principales. Estos fueron tiempos de arrepentimiento y tiempos de elección por Dios para lograr Su propósito poderoso. Una vez más, kairos se refiere a puntos decisivos de cambio dentro de la esfera mayor del tiempo cronológico.

Este concepto de momentos decisivos tiene sus raíces en el pensamiento del Antiguo Testamento. En el libro de Daniel, el profeta apeló al vano rey Nabucodonosor para que cambiara su comportamiento inmediatamente, para evitar un castigo futuro (Daniel 4:27).

Este sentido de un punto divino de cambio—“ahora es el tiempo, ahora es cuando”—es central para el tiempo kairos. Nos ayuda a entender la seria apelación de Pablo hacia los sabios de Atenas: “Pues bien, Dios pasó por alto aquellos tiempos de tal ignorancia, pero ahora manda a todos, en todas partes, que se arrepientan” (Hechos 17:30). Ese pero ahora es el tiempo kairos.

Así, kairos transmite expectativa y emoción, tiempos de decisión, como lo dice el escritor de Hebreos, citando al salmista: “Si ustedes oyen hoy Su voz, no endurezcan el corazón” (Hebreos 3:7, 8). El tema kairos es reiterado en el siguiente capítulo: “Por eso, Dios volvió a fijar un día, que es hoy, cuando mucho después declaró por medio de David lo que ya se ha mencionado: Si ustedes oyen Su voz, no endurezcan el corazón” (Hebreos 4:7).

El kairos central

Los alemanes hablan de Der Tag—un tiempo especialmente designado para tomar una decisión. En la segunda guerra mundial tuvimos a Junio 6, 1944, el Día-D, una fecha cronológica en el calendario, pero mucho, mucho más que eso. El Día-D transmite urgencia, importancia, un llamado para que ocurran cosas muy importantes.

En esa conexión, note las palabras de Carl Henry: “Mientras el Nuevo Testamento da un prominente alcance al futuro…su kairos central es la vida, la muerte y la resurrección del Cristo encarnado, que es decisivamente significante para el reino de Dios”. Los términos: “día (del Señor), hora, ahora, y hoy” ganan dramática importancia en el contexto del Nuevo Testamento cuando quiera que el orden eterno incide sobre la extensión de los eventos ordinarios” (DET, página 1095).

Así, kairos ayuda a clarificar otro tema de la Escritura, el hecho de que a la vista de los escritores bíblicos, el tiempo del fin ya había empezado con la aparición y el ministerio de nuestro Señor Jesucristo.

Note Hebreos 1:1, 2: “Dios, que muchas veces y de varias maneras habló a nuestros antepasados en otras épocas por medio de los profetas, en estos días finales nos ha hablado por medio de Su Hijo”.

Ahora considere las implicaciones de lo que hemos estado diciendo. Aquí están cuatro:

Primero, en el itinerario divino donde el kairos se cruza con el chronos, el momento decisivo ya ha llegado. Jesús ya ha aparecido trayendo salvación y sanidad ¡a todos los que lo acepten “hoy”!

Esta fue la inspirada súplica de Pedro en el tan importante Día de Pentecostés: “Sálvense de esta generación perversa” (Hechos 2:40). O como Pablo lo dijo: “Ahora Él manda a todos, en todas partes, que se arrepientan. Él ha fijado un día en que juzgará al mundo con justicia, por medio del hombre que ha designado” (Hechos 17:30, 31).

¡Qué verdadero! La comisión a la iglesia cristiana es señalarle a la gente hacia ese evento central kairos ya manifestado: el sacrificio de Cristo en nuestro lugar. Aceptar ese rescate hecho por nosotros significa que entramos al tiempo kairos aquí y ahora, ya, y así aseguramos un mejor futuro.

Segundo, otro punto es recordarnos el porqué fallan tantos esquemas de tiempos proféticos y diagramas de profecías basados en conteos cronológicos de los 1260 días, los 2520 días, los 2300 días o incluso de los tres días y las tres noches (Mateo 12:40). Estos esquemas están basados sólo en el tiempo cronológico, mientras que el tiempo kairos puede ser cualquier tiempo que Dios escoge.

Cuando los ninivitas se arrepintieron Dios intervino y cambió el futuro. Una vez más el kairos se cruzó con el chronos, así como también ocurrió para aquellos 3,000 convertidos que oyeron el sermón de Pedro (Hechos 2:41).

Sin embargo, usted y yo sabemos de personas que tratan de predeterminar y prevaciar la libertad soberana de Dios, al escoger una fecha del calendario cuando Dios tiene que intervenir—quizás 1844 o 1917 o 1975 o 2000. Que futilidad es tratar de sujetar de esa manera al Dios soberano.

Tercero, Israel vivió principalmente en el tiempo chronos como lo evidencian los sábados, los festivales, las fiestas establecidas, y los tiempos y estaciones designadas (Levítico 23). El calendario hebreo era lunar-solar, basado en éste mundo, éste sistema de tiempo y espacio físicos. Pero el evangelio proclama ésta verdad excitante: “Por lo tanto, si alguno está en Cristo, es una nueva creación. Lo viejo ha pasado, ha llegado ya lo nuevo” (2 Corintios 5:17).

El evento Cristo lo cambió todo. Radicalmente. Los cristianos celebran su fe en el tiempo kairos sin importar qué día de la semana es, o qué fecha del calendario es. Ésta es la fuerza de Hechos 2:46, hablando de la iglesia primitiva: “”No dejaban de reunirse en el templo ni un solo día. De casa en casa partían el pan y compartían la comida con alegría y generosidad”.

Caminando hacia la eternidad

Cuarto, todos los cristianos auténticos viven en dos zonas de tiempo—lo temporal y lo eterno. La eternidad es una de esas grandes cosas intangibles como lo son el amor y la devoción, un concepto que no se puede ver ni tocar pero que sin embargo aparece grande en la vida cristiana, especialmente cuando nos acercamos al final de nuestra jornada individual.

Pablo testificó: “Por lo demás, me espera la corona de justicia que el Señor, el juez justo, me otorgará en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que con amor hayan esperado Su venida” (2 Timoteo 4:8). Aquí Pablo está hablando del tiempo kairos en vez del tiempo chronos, una razón por la cual los cristianos no iban a saber ni el día ni la hora de la aparición de Su Señor (Hechos 1:7).

Así que, qué hora es…

Es hora de llamar a hombres y mujeres al arrepentimiento, hora de que todos nosotros nos volvamos más devotamente a Dios y de que aceptemos que el centro de la historia descansa en el pasado, en el momento kairos llamado Calvario. Y al hacerlo así, ayudamos a afectar la eternidad.

 

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