Conexiones

Cultivando amistades para el servicio de Dios

 

 

 

 

 

IGLESIA DE DIOS UNIVERSAL             Agosto 2005                        Número 12

 

Versión para imprimir (pdf)

 

 

 

 

 El Modelo de Oración

 SONIA OROZCO DE VENGOECHEA

Barranquilla, Colombia

Hemos notado que Jesús denuncia toda forma de oración que tenga como intención impresionar.  Sin decirlo en forma directa, Cristo estaba descartando él «estilo» de oración de la mayoría de las prácticas religiosas que conocemos.  Las plegarias pueden venir vestidas de diferentes colores, pero la intención siempre es conseguir algo a cambio de la oración ofrecida.  En un comentario adicional, recuerda a la multitud el verdadero propósito de la oración.

 

Debemos confesar que nosotros, necesitamos de este recordatorio, pues en la mente de muchos la oración existe pura y exclusivamente para conseguir cosas.  Por esta razón nuestras oraciones no pasan más allá de la lista de peticiones que nos acompaña a todos lados.  Percibiendo esta tendencia universal entre los hombres Jesús advirtió que no era necesario impresionar a Dios con las palabras o la cantidad de repeticiones «porque vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad antes que vosotros le pidáis”  Es decir, el objetivo de la oración no es siquiera el informar a nuestro Dios de nuestras necesidades, porque no necesita de nuestro informe para tomar conciencia de lo que necesitamos.

 

Jesús no estaba diciendo que no debemos pedir, sino que la petición no debe ocupar mucho de nuestro tiempo porque es un ejercicio que no tiene mucho sentido cuando se trata de un Dios que ya sabe lo que requerimos.  A la luz de esto, nos atrevemos a afirmar que la oración no es tan importante por lo que nosotros decimos, sino por la oportunidad que nos trae de estar con nuestro Padre celestial.  Por supuesto que esto presupone que no vamos a construir nuestras oraciones alrededor de nuestro incesante parloteo, sino que vamos a disfrutar del momento de intimidad y recogimiento que ofrece el estar en “secreto con nuestro Padre”

 

A manera de modelo Jesús dejó una oración “tipo”  Esta oración podía ser usada por los novatos y estudiada por los maduros, como ejemplo de la clase de oración que puede agradar al Padre.  Mucho se ha escrito sobre él “Padre nuestro”, por lo que no quiero más que compartir alguna observación personal. 

 

Notamos una maravillosa ausencia de las palabras «yo», «mí» y «mío» en esta oración.  Está perneada de un sentido de comunidad, captada en frases que son elevadas a favor y en nombre de “nosotros”.  También vemos que la oración dedica un buen espacio a los temas que son de interés a Dios, tales como la extensión del reino, la obediencia a su nombre, y la confesión de pecado (¡tan ausente hoy en nuestras oraciones!).  Las peticiones en sí son pocas y sencillas: el pan de cada día y la liberación de experiencias que tientan.  Todo esto está envuelto en un manto de adoración, en el que se reconoce la cercanía de Dios a nosotros (Padre), la soberanía del Altísimo (que estás en los cielos), y su poder eterno (porque tuyo es el Reino, el poder y la gloria, por todos los siglos)  En resumen, tenemos aquí un admirable modelo que puede guiar e informar nuestra propia experiencia de oración.

 

 

  

UNA CONDICIÓN FUNDAMENTAL PARA LA ORACION

         SONIA OROZCO DE VENGOECHEA

                                 Barranquilla, Colombia

Hemos estado examinando las enseñanzas de Cristo sobre el tema de la oración.  Miramos, en forma muy breve, la oración conocida como el Padre nuestro.  Ni bien terminó está oración Jesús añadió una aclaración: «por tanto, si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; pero si no perdonáis sus ofensas a los hombres, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas»  Estas palabras contienen una solemne advertencia para todos los que deseamos caminar en la luz.

 

En otro momento de su ministerio Cristo contaría la historia de dos hombres con deudas.  A uno de ellos se le perdonaría la suma total de su deuda, una cifra millonaria que no podría haber pagado ni siquiera con diez vidas de trabajo.  Mas este hombre, saliendo de la presencia de la que lo había perdonado, se encontró con un consiervo y no quiso perdonarle una deuda insignificante.  En la historia el rey, que es figura de Dios, llamó enfurecido al primer hombre y, con una dura reprensión, lo envió a la cárcel.  Para los que no habían entendido la moraleja de la historia Jesús declaró:  «Así también mi Padre celestial hará con vosotros, si no perdonáis de todo corazón cada uno a su hermano sus ofensas» (MT 18:35)

 

Es a este mismo principio que Jesús alude en la enseñanza que está examinando.  Para los que son parte del reino y han gustado de la incomparable misericordia de Dios, tan generosa que no pueda ser explicada ni entendida, es inadmisible que no extiendan aunque sea una pequeña muestra de esa compasión a los que les ofenden.  Las ofensas de otros hacia nuestra persona son tan insignificantes como fue la cifra del segundo deudor en comparación con el primero.  Vivir extendiendo el perdón es una condición absolutamente fundamental para que el hijo de Dios siga experimentando a diario el perdón.  Nada seca tan rápido el fluir de la gracia como un corazón lleno de amargura por las cosas que otros nos han hecho.

 

Es por esta razón que debemos apresurarnos a llevar toda ofensa al Señor, antes de que su veneno comience a actuar en nosotros.  Cuando hemos sido heridos, defraudados o agredidos, se torna urgente llevar nuestro dolor a nuestro Pastor, para que él restaure la paz y el gozo de ser partes de su familia.  La demora en hacerlo alimenta un torbellino de ideas que se vuelcan en indignados comentarios que enredan a otros en nuestra amargura.  No en vano el apóstol Pablo exhortaba «no se ponga el sol sobre vuestro enojo, ni deis lugar al diablo» (Ef. 4.26, 27)  Bien sabía que los asuntos no tratados por el Espíritu de Dios rápidamente se convierten en alimento para el enemigo de nuestras almas.

 

«Señor, no nos dejes en paz cuando no hemos perdonado a otros.  No permitas que nuestro corazón se endurezca.  Envía a nuestras vidas una tristeza santa que nos conduzca a tu presencia, para que traigas a luz los asuntos pendientes en nuestro corazón.  ¡Enséñanos a ser generosos en el perdón!  Amén

 


 PENSAMIENTOS SOBRE LA RENOVACIÓN DEL CORAZÓN:
 ADQUIRIENDO EL CARÁCTER DE CRISTO
                                                                                            POR DALLAS WILLARD

 

Este libro tiene enorme impacto sobre el tema de la obediencia y el papel que juega en nuestro desarrollo espiritual y transformación en la semejanza de Cristo. Dallas establece que la mayor necesidad que tenemos, esto es, la humanidad colectivamente, es la renovación de nuestro corazón. Sin embargo la religión puede enmascarar un corazón y ser la causa del auto engaño y decepción.  La religión logra engañar cuando mantiene distante al único que puede verdaderamente cambiar nuestros corazones.  Si alguien ha estado atrapado en el legalismo (usando las leyes como nuestra herramienta para cambiarnos a nosotros mismos a la semejanza de Cristo) y después es liberado por una relación vibrante y creciente con Jesús, una luz se enciende y solamente entonces puede comenzar una transformación interior.

 

Me gustan las explicaciones de Dallas sobre el papel de la ley. Como alguien que ha usado la ley “ilegalmente”, o sea como legalista, la explicación de Dallas me ayuda a comprender cómo la obediencia a la ley encaja en la salvación por gracia. El beneficio de la ley se pierde cuando intentamos usarla como nuestra herramienta para administrarnos a nosotros mismos y a Dios. Al hacer esto regresamos a la posición de auto idolatría. Se convierte en algo que hacemos y no en lo que somos. Sin embargo, él explica que la ley es necesaria para dar orden a la gracia. La gracia no pone a un lado la ley convirtiéndose en permisividad. Nuestro esfuerzo debe ser obedecer la ley de Dios en el Espíritu y poder de Jesús porque estamos en una relación íntima y confiable con nuestro Salvador.

 

 El verdadero milagro es la personalidad trasformada que emerge de una relación cercana con el legislador cuando lo escuchamos y lo seguimos de cerca.  Este maravilloso cambio es explicado y expresado en la ley moral así como en la Palabra de Dios. La Palabra de Dios convierte al alma como dice en el Salmo 119. Tiene que estar expuesta a esa Palabra de Dios y nuestros pensamientos y sentimientos y aún nuestros deseos serán guiados por la maravillosa intervención del Espíritu de Dios obrando en nosotros. Es realmente un misterio y un maravilloso pensamiento que un día voy a estar de pie ante Cristo y lo veré tal como Él es ¡porque seré como Él! ¡Que libertad! No más deseos de hacer lo malo sino el deseo de hacer sólo lo bueno. Es sólo por medio de su obra en nosotros que podemos tener un nuevo corazón. No podemos crear un nuevo corazón nosotros mismos. Sólo Dios puede realizar ese milagro en nosotros. Nuestro papel es obedecer por su poder obrando en nosotros.

 

Tenemos la elección de cooperar con Dios, pero todo el crédito, toda jactancia debido a la transformación o la madurez espiritual no tiene base cuando entendemos lo que Dallas explica tan claramente sobre el humano “interior”. Nuestra  dimensión humana sobre la superficie es sólo una pequeña indicación de lo que realmente hay en nuestro interior. Y con mucha frecuencia nuestras intenciones, planes y sentimientos superficiales, no están revelando lo que realmente somos en nuestro interior.

 

La dimensión oculta que otros no pueden ver y que nosotros mismos no entendemos completamente es lo que nos hace como humanos, vulnerables y dependientes de Dios para salvarnos. Creo que Dallas lo explica bien cuando dice: “Hasta cierto punto mi propio yo (mi corazón) ha sido formado y yo estoy entonces a su merced.” Todos hemos sido formados espiritualmente aún lo peor de lo peor ha sido formado espiritualmente. Sólo Dios puede salvarnos de nuestro corazón que nosotros mismos no entendemos completamente.

 

Dallas apuntan el objetivo de la formación espiritual. Enfocado en Jesús, ser como Él. “Con nuestros ojos en Él las duplicidades y enredos y malas intenciones que infectan nuestra voluntad pueden ser aclaradas y eliminadas al fijar nuestros ojos en Jesús”. La mejor exposición que he leído sobre la voluntad y su verdadera función en el desarrollo del carácter semejante a Cristo es detalla claramente por Dallas. Lo que sucede en la voluntad disfuncional o la voluntad de un alma corrompida es que en lugar de preguntar: “¿Qué bien puedo hacer?” La pregunta que hace la voluntad disidente es: “¿Cómo puedo lograr lo que yo quiero?” Una voluntad que está unida al Padre, como la que tenía Jesús, no se hace solamente al ejercer nuestra voluntad. La habilidad, la fortaleza para hacerlo, el deseo cambiado es un regalo que viene de Dios. Así que nuestra salvación es verdaderamente la obra de Dios en nosotros de principio a fin.

 

 

 

 

JESUS: El Amor Divino

Virginia Wells

Miami, Florida

 Quisiera dar testimonio de cómo Dios ampara a los afligidos y desamparados.  Mi vida parecía ser la ideal sentí que la relación con mi Señor y Salvador se acrecentaba más. De hecho me sentí realizada con mi Señor a mi lado, un buen esposo, un hijo becado yendo a la Universidad y mi Iglesia.

     De pronto me vi azotada por una terrible tormenta. Me sentí desamparada, porque me estuve separando de mi esposo, mi hijo empezó con problemas en su visión, al punto que tuvo que dejar sus estudios, el trabajo y su vida cotidiana. Lo que hice fue orar a mi Señor, preguntándole: “¿Porqué yo Señor?” Dios usó ese momento para hacerme ver que aunque mi esposo me abandonaba Sí había ALGUIEN  capaz de amarme con un Amor divino, era JESÚS.

     Al transcurrir algún tiempo me sentí aliviada, en paz y con un deseo ferviente de depender en ÉL totalmente, conocerlo profundamente a través de su palabra, permitiendo que mi Señor y Salvador JESUS habite en mi, como dice en la Epístola de Juan 15:4 “Habita en MI y YO en ti. Como la rama no puede llevar fruto de sí misma, a menos que habite en la Viña, tu tampoco puedes a menos que habites en MI”.

     El Amor divino del invisible Jesús rebosó en mi por medio de mi iglesia en La Florida. Mis  hermanos se convirtieron en Jesús como si Él se me apareciera en carne y hueso.  Ellos nos ayudaron con un lugar donde vivir, con oraciones tan fervientes que Dios me dio favor ante mis gerentes en la Compañía donde trabajo, quienes me dieron un aumento en mi salario como un premio a mi labor en ésta Compañía.  Luego un matrimonio de nuestra Iglesia me regaló un auto para movilizarme a mi trabajo, pues a diario debía tomar tres buses para llegar allí. En medio de todas estas bendiciones el Espíritu Santo siempre me recordó traer con alegría a la casa de mi Señor la ofrenda de todas estas bendiciones, llevándome a su palabra y promesa en Malaquías 3:10 que dice: “Trae todas las ofrendas a la Casa de provisión, que allí haya alimento en MI casa y pruébame ahora en esto, dice el Señor de los Ejércitos, si YO no abriré para ti las ventanas del Cielo y derramaré para ti tal bendición que no habrá suficiente espacio para recibirla”. Sentí cómo esas Ventanas se abrían para mi hijo y para mí, proveyéndonos no solo físicamente, pero también emocionalmente, mentalmente y lo más importante espiritualmente.

     Y esta dependencia quedó confirmada cuando nuestro Señor JESUS nos recuerda sobre ese límite humano que todos tenemos y que sólo con ÉL y a través de ÉL podemos lograrlo: Juan 15:5, “Yo soy la Viña ustedes las ramas. El que habita en MI, y YO en él, lleva mucho fruto; porque sin MÍ, ustedes no pueden hacer NADA” Con este verso Dios me hizo ver mi incapacidad y a la vez que podía apoyarme totalmente en esa Viña Verdadera y segura, que también me capacita a llevar mucho fruto, los frutos de Su ESPÍRITU SANTO (Gálatas 5:22) y de esta manera vivir mi vida Cristiana rebosando y compartiendo esos frutos con mis vecinos cercanos, empezando desde mi casa, continuando con toda su creación.

     Ahora sé que JESUS me sigue perfeccionando como mamá, hija, hermana y amiga en SU gracia, misericordia, paciencia y perdón. Sé que deseo seguir habitando en su Amor divino siempre y siempre.

     En cuanto a mi hijo, fue examinado por 5 médicos y el resultado es que ellos no saben qué pasa en su visión. Nosotros sí sabemos que Dios lo sabe y esperamos en la divina y amorosa mano sanadora de Nuestro Sanador JESÚS. Estamos plenamente convencidos que ÉL tiene un propósito para cada circunstancia en nuestras vidas.

 

CARTA PARA TI, MUJER SOLA

 

 

 

Gloria Amparo Salamanca

Bogotá, Colombia

 

Te has preguntado alguna vez si eres la única mujer que tiene momentos de soledad y esto hace que tu vida tenga poco interés?  Desde luego que hay circunstancias en nuestra vida incluso donde se acentúa este flagelo que no solo tu experimentas, yo puedo entender qué se siente.  Hay miles de personas solitarias que llevan cargas pesadas y difíciles de angustia, ansiedad, dolor y decepción.  Este sufrimiento en ocasiones es porque lo buscamos, tal vez por falta de disciplina o moderación, o decisiones equivocadas y esto nos lleva a un estado de soledad. 

Sentimos la soledad cuando estamos pasando dificultades o alegrías y deseamos compartir con alguien especial y miramos alrededor y no tenemos a quién ir.  He conocido mujeres y me incluyo en esas experiencias que llegando a pasar por una situación de pérdida total económica y sentimental al mismo tiempo, sintiendo un dolor profundo por no tener un piso estable y con el afán de llenar esos vacíos, recurrimos  a actividades poco edificantes como la rumba, los vicios, el licor, una vida aparente en lo social o extremos como el esoterismo, y cantidad de practicas poco recomendables y al final no tenemos a nadie a nuestro lado.  Muchas amistades de nuestra desenfrenada vida no están ahí para tendernos una mano; no hay un hombro dónde apoyarnos y los que en ocasiones se nos acercan quieren aprovechar la situación solamente.  Pareciera que no existiera ninguna esperanza para nosotras.  La misma sociedad hace a un lado la mujer sola y cometemos el error de sentir autocompasión o hacernos la víctima, buscamos culpables o asumimos toda la culpa.   Pero ¿qué hacer?  ¿En quién podemos confiar?  Cada una de nosotras fuimos hechas con un gran potencial.  Podemos ver la grandeza que hay en cada una de nosotras, la fortaleza para tolerar situaciones que causan dolor.  Somos capaces de crear estrategias para recuperarnos económicamente.  Si tenemos hijos nos esforzamos por cumplir con esa responsabilidad que fue puesta en nuestras manos.  Tenemos valores y capacidades de servir a otros y lo más importante podemos acercarnos a Dios quien nos creó, en Él podemos confiar.  ¿Por qué? Porque nos creó y conoce cada detalle nuestro, conoce lo que pensamos, lo que sentimos, lo que deseamos, lo que necesitamos y esto porque nos ama y tiene cuidado de nosotras.

Bueno, tu dirás que todo esto suena bien, pero a veces el sentir la soledad hace que no se tenga deseos de hacer nada al respecto.  Yo experimenté lo mismo en mi vida hasta que se llegó el día en que decidí buscar ayuda, hacer algo, buscar un psicólogo o un consejero.  Me di cuenta que la vida es bella y hay mucho por hacer, me incliné por conocer el mejor psicólogo que he encontrado en  mi vida, se llama Jesucristo, sus enseñanzas son la guía para mi vida.  Él me ama de verdad y desea darme aliento, propósito y aún compañía.

Así que tu mujer, eres importante, anímate a tomar  una decisión que va a cambiar tu vida.  No estás sola, hay alguien esperando que tu le busques  y tengas una vida abundante en gozo y paz.  El Señor Jesucristo te ama y te espera para darte lo que realmente necesitas, solamente búscalo, acéptalo y conócelo.

 

 

 

PERSONA POSITIVA

Paulina de Barrero

Bogotá, Colombia

 

Ha oído o leído que debemos evitar discretamente la compañía de personas pesimistas y quejumbrosas y rodearse de gente positiva y alegre? ¿cómo nos ven las personas,  cuando estamos enfrentando problemas y dificultades? Sabemos Que no es fácil cuando se recibe una mala noticia, por ejemplo de que se queda sin empleo o cuando va al médico y se entera que está enferma, y tiene que comenzar un tratamiento;  o cuando viene la desilusión de un hijo o de un cónyuge en el cual se tenía esperanza. Podríamos enumerar muchas dificultades y problemas que nos agobian.

 

¿Cuál es nuestro comportamiento frente a las dificultades? y ¿Cómo nos ven los demás?   En días pasados estuvimos visitando un familiar que fue hospitalizado por quebrantos de salud.  Nos quedamos sorprendidos de las instalaciones tan precarias y pobres y las pocas atenciones que los pacientes recibían en urgencias en esta  clínica. Pero la persona que fuimos a visitar siempre estaba contenta, a pesar de su molestia de salud que era algo serio porque estaba comprometido su corazón.  No se quejaba, sino que al contrario nos hacía reír con sus comentarios positivos . Los compañeros de cuarto cuando le dieron salida dijeron que lo iban a extrañar porque les hacía olvidar de sus dolores y además les hablaba de Cristo y oraba por los otros enfermos.

 

Seguramente conocemos de muchos ejemplos de personas que son así y que admiramos.  La pregunta sería: ¿cómo nos ven a nosotras en nuestros hogares y en nuestro entorno? ¿Somos mujeres agradecidas  que continuamente resaltan lo bueno y lo admirable en los demás? O ¿somos todo lo contrario, aquellas que solamente se quejan y miran lo malo y lo no deseable de los demás y de las cosas?

 

Si conocemos un poquito de Dios, conoceremos su voluntad y sabremos que Él desea que seamos mujeres agradecidas y positivas en toda nuestra vida, esto nos ayudará a ser mujeres más saludables, felices y positivas y de esta manera podremos  ser un apoyo grande para nuestros familiares y todos los que estén a nuestro lado.

 

Las que hemos aceptado al Señor Jesucristo en nuestra vida, sabemos que hay una razón de ser en todo lo que nos ocurre, que Dios está obrando en nosotras y nos está perfeccionando.

Así que si nos hallamos en pruebas y en dificultades, es el Señor Jesucristo el que nos da la fortaleza para ser personas que reflejan el amor de Dios,  nuestro rostro, forma de hablar y  de actuar muestran esa esperanza que tenemos en el Señor Jesucristo.  Seremos personas positivas y agradecidas porque tenemos un futuro; personas alegres porque nuestro gozo está en Dios.  Las personas desearán estar con nosotras porque ven esperanza y paz en nuestra vida.

 

Pidámosle a Dios para que nos ayude a reflejar su amor y su paz, especialmente en medio de las dificultades.  En  1 Tesalonicenses 5: 16-18 leemos: “Estén siempre alegres, oren sin cesar, den gracias a Dios en toda situación porque esta es su  voluntad para ustedes en Cristo Jesús.

 

 

 

 Esperamos sus comentarios y artículos
 para compartir en Conexiones.

 

 

carmen.fleming@wcg.org

pausalita@hotmail.com

 

 

 

 

A POCA ORACIÓN,

POCO PODER...

A NINGUNA ORACIÓN,

NINGÚN PODER.

 

 

 

UN DIA SIN ORACIÓN,

 

ES UNA JACTANCIA
 CONTRA
DIOS

 

 

EL HOMBRE SOLAMENTE

ES GRANDE,

CUANDO ESTA DE RODILLAS

 

copyright 2005 Iglesia de Dios Universal

Hit Counter