Revista publicada por la Iglesia de Dios Universal / Iglesia de Dios
Mundial
Queridas amigas:
Hemos iniciado nuestro boletín para el año 2006, encontrará
variedad de temas que pueden servirle para su apoyo
personal. Pretendemos con estos artículos compartir
experiencias que le ayuden en su formación integral.
La invito a que disfrute uno a uno los artículos y vea el
distinto obrar de Dios en la vida de cada una. Encontrará temas
dirigidos a la mujer soltera que le serán de mucho
beneficio.
Damos gracias a
Dios por la vida de Flor María Giraldo, quien por muchos
años nos acompañó con sus escritos sobre la educación de los
hijos.
La tarde
del 2 de mayo nos dirigimos al laboratorio de patología para
recoger los resultados de la biopsia de pleura. Flor María,
mi esposa, había sufrido un derrame pleural y tuvo que
someterse a una pequeña pero dolorosa cirugía para
extraerle líquido y tejido pleural con el fin de hacerle
exámenes citoquímicos y una biopsia, cuyos resultados
servirían de base para establecer el diagnóstico de su
enfermedad. La dejé en el carro, mientras yo iba al
laboratorio. Teníamos la certeza de que el resultado sería
negativo para cáncer de pulmón. Flor María jamás fumó, tenía
una rutina de gimnasia diaria y una alimentación balanceada
donde abundaban frutas y vegetales, es decir una vida
saludable, por lo que no debíamos temer una enfermedad tan
catastrófica.
Sin
embargo la noticia fue cruel: Adenocarcinoma metastático
pulmonar. El médico fue muy amable pero no le pude
contestar igual. El llanto se apoderó de mi y no pude hablar
más en ese momento. Me quedé mucho tiempo tratando de
digerir la noticia y pensando como comunicársela a Flor
María. Cuando llegué a su lado no le pude decir nada y sólo
le alargué el papel. Esperaba que estallara en crisis de
llanto. No fue así. Me desconcertó su excesiva tranquilidad
porque no esperaba en estas circunstancias, una reacción tan
positiva y serena. Me besó y me dijo: “No te preocupes por
mi, ya me había hecho a la idea de que podía morir, sé que
eres un excelente padre para Laurita y sólo te pido que
cuides de mis viejitos (sus padres: Él de 84 y ella de 86
años le sobreviven)
Al crecer no tenemos idea de lo que queremos, desde pequeños
hacemos lo que nuestros padres nos piden. Vivimos conforme a
lo que ellos quieren
para nosotros, los que fueron afortunados al tener una mamá
y un papá que los amarán y que se interesaran por ellos,
saben de lo que estoy hablando, siguiendo las reglas de la
casa, la disciplina de papá y la instrucción de mamá son
algunas de las cosas a la que todo hijo se enfrenta. Luego
aparece una etapa de rebeldía en la que papá o mamá no nos
comprenden, o ambos, ellos no nos quieren y están en nuestra
contra (algunos seguramente pasaron esta etapa) nuestra
personalidad se está floreciendo un poco más. Las niñas ya
no quieren que mamá la vista y los varones ya no quieren dar
explicaciones hacia donde van o a que horas regresan. Lo
cierto es que de alguna forma llegamos a la madurez y
después de terribles jaquecas provocadas a nuestros tutores
nos toca a nosotros, si ahora somos los nuevos cabezas de
familia.
Hace
3 años fui diagnosticada con cáncer de mama también mi
pulmón derecho, mi estómago, y mi ovario derecho estaban
afectados. Al oír al medico mencionar la palabra cáncer
y que sólo tenia 2 meses de vida sentí que el mundo dio
vueltas y pensé que todo lo que había hecho hasta
entonces tenía que cambiar, mis hijas no tendrían madre
dentro de poco tiempo, ¿Quien le pondría el vestido de
novia a Lily? y ¿quien le ayudaría a Elenita en su
graduación?, ¿quien hablaría con mi maravilloso esposo,
cuando esté ya mayor?, ¿quien cuidaría de El?... Fueron
muchos los pensamientos que inundaron mi cabeza aun así
mi fe de muchos años y de tantos sermones me hacían
meditar como si nunca hubiera esperado tal dificultad.
Salí
de la clínica con mis exámenes subí al carro con mi
esposo, ninguno de los dos teníamos palabras ni
explicación ante tal dificultad. Hasta ese momento no
teníamos ni idea de qué haríamos, sabíamos que no éramos
dueños de nuestro futuro.
Vemos dondequiera la obsesión de nuestra sociedad con
las relaciones amorosas. En la televisión abundan los
programas de citas entre jóvenes donde los participantes
hacen toda clase de astucias para ganarse el premio de
una cita con el soltero o la soltera más atractiva.
Cuando un hombre se interesa por una chica él se esmera
por ganarse el premio de su amor. La halaga, le hace
cumplidos, la colma de atenciones y promesas. Cuando una
mujer quiere conquistar a un hombre ella sigue todas las
reglas de los libros de instrucciones para las
conquistas amorosas.
A menudo me siento abrumada bajo esta presión de tener
una relación amorosa, pero luego recuerdo que en Cristo
soy hechura completa. Efesios 2:10 dice, “Porque somos
hechura de Dios, creados en Cristo Jesús para buenas
obras, las cuales Dios dispuso de antemano a fin de que
las pongamos en práctica. Cada una de nosotras somos
hechura de Dios, obra maestra, una obra de arte. Un
artista nunca duplica una obra maestra, Dios nos creó a
cada una como un ser único.
Hablaré de una admirable mujer de rasgos chinos, cuya
historia me resultó apasionante. Ada Lum es una misionera en
Asia por más de cuarenta años, tiene más de 70 años y aún
sigue siendo invitada por estudiantes cristianos de
diferentes lugares del mundo, para que les enseñe sobre el
Dios vivo que ella conoce y que ha renovado su piel y sus
fuerzas. Es un modelo de mujer, con una chispa y vitalidad y
con tan buen humor que podía vivir entre jóvenes
estudiantes, siendo ella una de las principales oradoras del
evento y una profesional con capacitación y experiencia.
¡Ella sabía como disfrutar la vida que se le había otorgado!
La vida, la alegría, la feminidad y el coraje de Ada inundan
el corazón y la cabeza. Una vez, cuando acababa de cumplir
60 años, estando en un campamento estudiantil en América
Latina, le preguntaron: -¿cuándo fue la última vez que pensó
en casarse? Y respondió con gracia y picardía - ¿quién les
dijo que yo ya he abandonado la idea? Todos se rieron…
Cuanto podemos dañarnos por creer en lo que los demás
piensan o van a pensar. Sin darnos cuenta que esos
pensamientos son como telarañas que nos alejan de la
verdadera voluntad que Dios tiene para nosotros. Ya casi
cumplo 9 años de estar casada con mi esposo, un hombre
agradable, amante de Dios, de múltiples virtudes y de
pequeños defectos. El es profesional independiente, es
decir que no trabaja en ninguna empresa, sino para varias
empresas. Hace 7 años le sugerí que contratara una
secretaria, porque tenía mucho trabajo, él me pidió que
fuera a trabajar con él, ya que estaría mas confiado
conmigo, aprovechando que uno de mis dones es la
administración y la atención al cliente, acepté.
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