Conexiones
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La
mujer que edifica su casa
es una mujer de oración 1
Carta
de Tammy 2
La
Mujer que edifica su casa 3
Rol
de la mujer al construir su
casa 4
Mi
testimonio al edificar la
casa 5
La
mujer que se edifica a sí
misma 6
La
mujer que edifica su
matrimonio 7
La
mujer que edifica a sus
hijos 8
Estamos viviendo en tiempos donde el papel que la mujer
desempeña es muy importante. Ella es
parte activa y crucial de la sociedad.
Así como es buena profesional, se requiere que ella también sea buena edificadora
de su casa, de su vida y de la vida de los que la rodean. ¿Cuál es el secreto
para cumplir con lo que la Biblia revela cuando dice: “La mujer sabia edifica
su casa” (Proverbios 14:1)
Es
importante que ella misma como mujer se llegue a conocer a sí misma y
desarrolle el propósito y el potencial que como mujer y como persona
independiente y única ha sido creada por Dios, para una misión especial. Una vez que se conoce a sí misma puede ser
más efectiva en su labor de “edificar la casa” y puede intervenir en la vida de
sus seres queridos, de su esposo y de sus hijos.
La mujer que edifica su casa es una
mujer de oración
Carmen Fleming
En
diciembre de este año cumpliré 24 años de casada. Mi matrimonio ha sido una de
las grandes bendiciones de Dios para mí. Al recordar los últimos 24 años, creo
que la oración ha sido un medio poderoso para permitirme llegar hasta aquí.
Como cualquier otra relación, el matrimonio tiene sus altos y sus bajos. Una
pareja necesita que una tercera persona les ayude durante los momentos bajos.
Dios es la fuente de gracia y ayuda en momentos así. Una forma de comenzar a
orar por su relación matrimonial es comenzar a orar por su esposo. Aquí están
algunas cualidades que la ayudarán a ser una intercesora efectiva y poderosa para
su esposo.
Necesitamos
un corazón nuevo sin egoísmo que solamente Jesús puede crear en nosotros.
Tenemos un hueco en nuestro corazón que sólo Dios puede llenar. Es un hueco con
forma de Dios, así que venimos humildemente al único que puede verdaderamente
satisfacer nuestras necesidades más profundas.
¿Está usted lista a actuar? Santiago 2:15 nos
aconseja que la fe debe estar acompañada por la acción. “Supongamos que un
hermano o una hermana no tienen con que vestirse y carecen del alimento diario,
y uno de ustedes les dice: “Que les vaya bien; abríguense y coman hasta
saciarse”, pero no les da lo necesario para el cuerpo. ¿De qué servirá eso?. Esté preparada para ser las manos, los pies y la voz de
Cristo para su esposo. Dios usará nuestra oración intercesora para animarnos a
las acciones cristianas. Él puede muy bien usarnos a nosotras como parte de la
respuesta a nuestra oración.
¿Está usted lista para ser amorosa cuando su esposo
no lo es? ¿Estudia usted la palabra de Dios para encontrar sab

Una
mujer sabia edifica su casa por medio de la oración. Si Dios no edifica la
casa, en vano trabajan los que la edifican.
Centrado
en Dios
Carta de Tammy:
Una vez tuve la
oportunidad de sentarme en un torno de alfarero con un poco de barro. Mi meta
era crear un jarrón, pero el resultado de mis esfuerzos parecía más un tazón
deforme.
Comencé poniéndome un delantal y amasando el barro como si fuera masa de
pan. Amasar saca las burbujas, que usted no querrá cuando está en el torno.
Luego, dejé caer de golpe el barro sobre el torno y le rocié agua. El barro
debe estar húmedo o no se puede moldear.
El paso más importante al hacer alfarería es centrar el barro. Si no está centrado,
colapsa y usted no puede hacer nada con él. Mis primeros intentos produjeron
barro que sencillamente se rehusaba a cooperar. Finalmente le pregunté al
instructor cómo se debe centrar el barro.
Ella dijo que mi problema era que estaba poniendo sólo mis manos sobre el
barro, cuando debía poner todo mi cuerpo sobre él. Cuando usted centra el
barro, tiene que poner la muñeca de su mano derecha contra el barro y luego
usar su cuerpo para empujarlo. El peso de su cuerpo empuja el barro al centro
del torno. Puesto que está girando, la fuerza centrífuga envía el barro a las
orillas, pero el peso de su cuerpo lo mantiene en medio.
Naturalmente, mientras estaba intentando crear una obra maestra, Isaías
64:8 vino a mi mente: “A pesar de todo, Señor, tú eres nuestro Padre; nosotros
somos el barro y tú el alfarero. Todos somos obra de tu mano”.
Traté de imaginarme en ese trozo de barro, siendo centrado con la mano de
Dios, suavizado con el agua del Espíritu Santo y moldeado de acuerdo a su
voluntad. Es humillante comprender que somos tan dependientes de Dios para lo
que somos y lo que llegaremos a ser, como el barro lo es del alfarero.
Todo el proceso me recordó de nuestro caminar cristiano. De hecho, hay
muchas analogías que uno puede sacar de los alfareros, el barro, los jarrones y
el agua, podría llenarse un libro. Yo mencionaré sólo unas pocas.
Centrar el barro es similar a ser un cristiano. Así como yo tuve que poner
todo mi cuerpo sobre él, así debemos poner todo nuestro corazón y nuestro ser en
seguir a Cristo. Jesús no quiere seguidoras a medias, sino dedicadas y
entusiastas.
Estar centrado evita que el barro se caiga. Si nosotras estamos centradas
en Jesús, tampoco caeremos. Él debe estar al centro de nuestras creencias y
nuestro ser.
Algunas veces
usted se ensucia no sólo las manos, sino también su cara, su ropa y aún su
cabello. De forma similar, al ser un cristiano es imposible permanecer nítida y
limpia cuando se ministra a personas en situaciones difíciles, porque la vida
está llena de sangre, sudor y lágrimas.
Finalmente, así como el alfarero debe tener su obra final en mente,
nosotros debemos enfocarnos en lo eterno. El barro no es muy atractivo, tampoco
lo es la vida a veces. Pero si un alfarero puede ver un hermoso jarrón en el
barro deforme y descolorido, seguramente Dios puede ver nuestro maravilloso
potencial eterno. Sabiendo esto, podemos ver una recompensa celestial y una
dulzura eterna.
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Con sab
Y con inteligencia se
ponen sus cimientos;
Con conocimientos se
llenan sus cuartos
De objetos valiosos y de
buen gusto.
Proverbios 24:3
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LA MUJER
QUE EDIFICA SU CASA
Edificar sobre la roca, tiene resultados firmes y
duraderos. Es algo que he comprobado a través de mis años de existencia, cuando
tu vida espiritual, tus emociones, tus pensamientos están sintonizados en lo
que pide Dios de ti, los embates del enemigo siempre decae, y sales victoriosa
sea cual haya sido las pruebas vividas.
En mi caso tengo un esposo y
un hijo de 23 años, que ya es un profesional, ambos inconversos, hace 14 años
conocí de verdad a Dios, porque antes como dijo Job "de oídas le había
oído, más ahora mis ojos le ven". De joven fui católica practicante,
gradué de maestra, me casé, ambos laborábamos, pero mi esposo creía que ya
habría tiempo para procurarnos las cosas, sin embargo desde el principio
procuré que tuviéramos nuestra vivienda y las cosas necesarias. Tuve a mi hijo,
renuncié al Magisterio y estudié para laborar en la Empresa Comercial, después
de varias experiencias no satisfactorias, y que mi esposo quedó sin empleo,
pensé de nuevo volver de maestra y le pedí a Dios una escuelita y un trabajo
para mi esposo, que nos diera para el sustento, para finales de 1984
fundé la escuela y él comenzó a laborar.
Mi madre se había bautizado en una Iglesia Evangélica y
comenzó a hablarme, cosa que me molestaba, luego acepté sus oraciones y empecé
a participar un poco. Me fue muy bien con el Colegio y para 1986 estaba aprobado
y con mucha acogida en sus alrededores. En 1988 conocí de esta Iglesia en
mi convalecencia después de dos intervenciones quirúrgicas. Mi forma de ver la
vida cambió notablemente y comencé desde mi colegio a servir al Señor, con la
oposición de mi esposo, quien veía en la iglesia un rival. Terminé la
Licenciatura en Educación y luego un Postgrado en Educación. Con el pasar de
los años, el Colegio tiene un edificio de dos plantas, con restaurante escolar,
enseñanza Preescolar, Primaria y Bachillerato y es la sede de la
A mi bautismo le siguió el bautismo de mi 4ª hermana,
el de mi madre y años más tarde el de la 10ª hermana, quien se casó con un
miembro de la Iglesia y vive en Bogotá. Del resto de mis hermanas 2
asisten regularmente a la Iglesia y otras dos y un hermano
ocasionalmente. He organizado con todos reuniones
donde siempre está presente la palabra de Dios y las oraciones. En algo han
sido influenciados a un cambio de actitud. Poniendo a Dios como prioridad,
he edificado mi hogar sobre la roca que es Jesucristo y seguimos tratando de
que la familia no siga edificando sobre la arena.
Jesucristo dice: "he aquí yo estoy a la puerta y
llamo, si alguno viene a mí yo entraré y cenaré con él" y que por
nada estemos afanados, sino que nuestras peticiones sean puestas delante de Él
y Él hará. Yo le pedí, esperé y Él hizo en mi vida de acuerdo con su voluntad,
cuando iba yo a creer que al darme "la escuelita" iba a recibir
tantas bendiciones y que allí iba a estar su Iglesia. Él quiere lo mejor para
nosotros; "Edifica sobre la roca y
lo verás"
Diaconisa en Barranquilla- Colombia.
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“Por
tanto, el que me oye y hace lo que yo digo, es como un hombre prudente que
construyó su casa sobre la roca. Vino
la lluvia, crecieron los ríos y soplaron los vientos contra la casa; pero no
cayó, porque tenía su base sobre la roca”
Mateo 7:24-25
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ROL DE LA MUJER AL CONSTRUIR SU CASA
Martha Liliana Achury
La
misión que tenemos las mujeres en este mundo, es forjar y educar al
hombre. Tomando como significado la
palabra “hombre”, no al género masculino, sino al hombre como género humano.
Creada
fue la mujer por Dios; tomada y formada de la costilla de Adán; tan cerca de su
corazón, que es por el hombre la más amada; representada en su madre, abuela,
esposa o hija. Por haber sido formada
del hombre, la mujer y el hombre estamos hechos para ser unidad, para
complementarnos con sab
Si
logramos conocernos a nosotras mismas, a encontrar en nuestro interior esas
bellas cualidades, o dones con los que nos “equipó” Dios, y a la vez podemos
estudiarlas y desarrollarlas para beneficio de todos, alcanzaremos un gran
objetivo, como lo es el educar a nuestro hermano, esposo, padre o hijo.
Como
base de esta educación debemos tener en cuenta que no somos iguales al hombre,
tenemos diferencias. Debemos apoyarlo,
sin pretender superarlo o menospreciarlo, educarlo sin reprimirlo, amarlo sin
que se sienta atado y permitir que nos proteja sin subestimarnos.
Hoy
en día la mujer se desenvuelve en campos en los que anteriormente estaba
limitada su participación. Por lo tanto
debe desarrollarse ampliamente y ser muy versátil, para cubrir las expectativas
familiares y sociales que le depara día a día.
El
sector laboral cuenta con un porcentaje de mujeres trabajadoras, que en muchos
de los casos supera en número al de los hombres. La demanda de mano de obra femenina crece debido
a su gran calidad y a la responsabilidad y profesionalismo con que las mujeres
desempeñan su trabajo. Así que debemos
aprovechar sabiamente el protagonismo con el que contamos, como pilares de la
familia y la sociedad. Somos ejemplo y
enseñanza para nuestros hijos, apoyo en todos los sentidos para nuestro esposo,
miembro esencial de nuestra iglesia y elemento primordial como capital humano.
Las manifestaciones de cariño, propios de la mujer,
son una herramienta ideal en la formación de los lazos afectivos con cada uno
de los miembros de la familia. Así
logramos en un ambiente armonioso el positivo desarrollo físico, mental,
sentimental, afectivo y espiritual de nuestra familia; enfocándonos en la
principal necesidad de cada indiv
Los
hombres construyen el mundo, organizan sociedades y establecen reglas; pero son
las mujeres las que hacen a los hombres.
Si el hombre es inteligencia y mente creadora, la mujer es intuición e
inspiración; si el hombre es fuerza, la mujer es amor; la fuerza domina, el
alma engrandece. En nuestras manos está
encauzar esta fuerza, moldeándola con ternura, guiándola con amor para
conseguir que desemboque en un hermoso fin, cual es la formación de valores y
la realización del hombre y por consiguiente de nuestra casa, iglesia,
comunidad y país.
Martha Liliana Achury, asiste con su esposo,
un bebé y tres niñas a la IDU en Bogotá
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MI TESTIMONIO AL EDIFICAR LA CASA
Nancy García
Fui una mujer común y corriente, me enamoré
ciegamente de mi esposo y comencé mi vida de casada con ideales y metas en el
hogar. Era una mujer muy hogareña. Soñaba con un hogar perfecto, como de novela,
donde mi esposo me amaría hasta que la muerte nos separara...
Pero no fue así, a medida que iba pasando el tiempo
se fueron presentando muchos problemas como: violencia, infidelidad,
machismo. ¿Cómo iba a funcionar mi
hogar? Cuando me di cuenta que no
éramos “compatibles”, yo era una mujer sumisa, tímida fui educada por mi madre,
una mujer sumisa, sin autoestima, sufrida y mi padre un hombre violento y
machista. Como es lógico absorbí esa
misma situación Mis traumas y mis temores se unieron con la violencia de mi
esposo y todo en mi vida se volvió un infierno.
Mis hijos iban recibiendo esa misma manera de vivir; habíamos tocado
fondo.
Me di cuenta, aquello que había soñado se
desbarataba, llegué al punto de no querer seguir viviendo. Empecé a frecuentar sicólogos, comencé a
asistir a muchas iglesias de diferentes denominaciones, mormones, testigos de
Jehová, algunas iglesias cristianas; pero no encontraba paz. Fui una persona muy legalista creyendo que de
esa manera me acercaba más a Dios pero fue peor.
Un día en mi angustia fui donde un amigo que hacía 20
años me había hablado de la gracia que Dios nos da para ser salvo, pero se me
formó una confusión en mi mente porque mientras las iglesias me decían que
debíamos ser santos para agradar a Dios mi amigo me decía que solamente teniendo
fe en Jesucristo sería salva. Me dije a
mí misma: Así
me condenen las iglesias, voy a creerle a Jesucristo y así fue, fui sanada,
liberada, justificada por el Señor Jesús.
Mi hogar poco a poco fue restaurado.
Jesús ha sanado mis heridas, las de mi esposo y mis hijos.
En todo esto aprendí que fue la misericordia de mi
Señor Jesús, la que me llamaba. Él
quería que yo, una simple mujer, conociera lo que tenía para mí. Aprendí a no limitar a Dios, aprendí a
ensanchar el sitio de mi tienda, aprendí a no ser escasa, a reforzar mis
estacas como dice Isaías 54:2, aprendí a ser esa mujer virtuosa de
Proverbios 31; Porque empecé a creerle a mi Señor debido al caminar diario con
Él. Hoy mi vida tiene sentido, hay
muchas cosas por las cuales luchar.
Invito a todas las mujeres como yo: amas de casa,
profesionales, madres y esposas; a que busquemos del Señor, a que miremos con
sus ojos, a que pongamos en acción su Palabra.
De esta manera, Él nos mostrará su divinidad. Sólo con fe podremos ver los milagros que Él
hace en nuestra vida.
Nancy
García, es miembro de la IDU
En Bogotá-
Colombia
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Cuando
te encuentras en un problema, solo hay dos
Alternativas:
“La desesperación o Dios”
James
Dobson
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LA MUJER
QUE SE EDIFICA A SÍ MISMA
Paulina de
Barrero
Cada persona es el resultado de una serie de
circunstancias a las cuales ha estado expuesto.
Así pues, la mujer es el resultado de la cultura, el medio ambiente, la
religión, la educación que recibió, el hogar donde creció, etc. Tarde que temprano, llega el momento en el
que tiene que decidir, qué va a hacer de su vida. Qué camino va a seguir.
Una de las claves importantes en nuestra vida es CRECER!,
Es mantener una actitud de aprender durante toda la vida. Crecer va de la mano
con cambiar. Hoy aprendo algo y actúo de
manera diferente a como lo hacía antes porque he aprendido. Cuando tiene esta actitud, los libros que
llegan, los comentarios y aún las vivencias de otras personas le estarán
enseñando constantemente. Jesucristo nos dio el ejemplo de crecer. En Lucas 2:52 dice “Jesús siguió creciendo en
sab
En su libro Enseñando para cambiar vidas, el Dr. Howard Hendricks, dice “cuando una persona deja de crecer se
vuelve como un pozo de agua estancada”[1]. ¿Quién desea tomar agua de un pozo donde el
agua se ha estancado? El agua de un pozo
estancado empieza a oler mal, a morir lentamente y se convierte en agua dañina,
para la salud. Las mujeres, debemos ser
siempre pozos de aguas saludables, de agua que fluye constantemente. Esto se consigue si mantenemos la actitud de
crecer durante toda la vida, no nos estancaremos. Estaremos mejorando, dando vida, proveyendo
alegría.
¿Cómo edificarse a sí misma? He aquí unos pequeños puntos:
·
Tener buenas amistades, es saludable ya que nos ayudan a
crecer y a desarrollar puntos que nosotras mismas no tenemos en cuenta. Es importante también tener de quién
aprender.
Cuando una mujer está creciendo constantemente en todo aspecto, está edificándose a sí misma. Edificar requiere de tiempo, de esfuerzo y perseverancia.
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LA MUJER
QUE EDIFICA SU MATRIMONIO
Paulina de
Barrero
No hay mejor regalo que un buen libro. Cuando me casé recibí un buen libro de una
amiga. Se titula: “La Aventura de ser
esposa” escrito
por Ruth de Peale. De ahí en adelante
han llegado a mis manos muy buenos libros de los cuales he aprendido muchas
cosas sobre la vida, las relaciones humanas y las relaciones en el matrimonio. Temas que no aprendimos en el hogar. A veces se da por sentado tener sentido común para una vida
matrimonial, pero no es así. Cometemos
muchos errores porque no conocemos algunas claves para tener buenas relaciones.
La
mujer que edifica su
matrimonio, es la que continuamente está buscando cómo embellecer la relación
entre ella y su esposo:
Edificar la relación matrimonial vale la pena. Será de bendición para la mujer misma, para
el esposo y también para los hijos.
Cuando la pareja es cristiana y vive de esta manera, puede bendecir a otros dando testimonio del amor de Dios en su
vida.
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LA MUJER
QUE EDIFICA A SUS HIJOS
Paulina de
Barrero
Edificar a los hijos no es una tarea fácil, requiere
de mucho esfuerzo, dedicación, preparación y perseverancia. Estamos enfrentados a un mundo lleno de maldad que quiere “arrebatar”
nuestros hijos, que quiere “robarnos” la bendición de inculcar en ellos valores
y principios de acuerdo a Dios.
Proverbios 22:6 dice: “Dale
buena educación al niño de hoy, y el viejo de mañana jamás la abandonará” La
mujer es educadora por excelencia. Ella
continuamente está educando a los hijos en cuanto al bien y al mal. Enseña con sus palabras y con su
ejemplo. Ella pasa mucho más tiempo con
los hijos que el padre.
El mayor deseo
de toda mamá y papá es sacar sus hijos adelante. Darles educación. El esfuerzo que como padres hacemos es muy
grande. Queremos involucrar a los hijos
en buenos colegios, en cursos que les ayuden a desarrollar sus talentos y
habilidades. Queremos que sean buenos estudiantes, deportistas, que sepan
música, computadores, inglés, dibujo, etc.
El esfuerzo como decimos nosotros los padres “Vale la pena”.
Debemos
proveer a nuestros hijos un ambiente en el cual puedan crecer seguros de sí
mismos y puedan desarrollar sus habilidades. Pero sobre todo no debemos olvidar que la mejor
educación y lo que realmente la completa es enseñar a los niños los caminos de
Dios. Enseñar a los niños a vivir una
vida en la que tengan en cuenta a Dios.
Enseñarles a que confíen en Él, que Dios es amor y en Él pueden tener
seguridad.
¿Cómo
hacerlo? Este tipo de educación no se
recibe en alguna academia o instituto.
Se da en el hogar, en el diario vivir, se da con nuestro comportamiento
como madres, como mujeres. Si soy una
mujer que amo a Dios, entonces mis hijos aprenderán a amar a Dios. Si soy una mujer que ora, entonces enseñaré a
mis hijos el valor de la oración. Si soy
una mujer que sirvo y doy a los que están en necesidad, así serán mis
hijos. Si soy una mujer que lo primero
en mi vida es Dios, igual serán mis hijos.
Esto no quiere
decir que los hijos serán perfectos y crecerán sin problemas. Ellos como seres independientes llegará el día en el que tendrán que decidir qué camino
quieren seguir. Algunos o de pronto
muchos de ellos se darán
su “vuelta por el mundo” pero lo seguro es que las bases están ya
dadas. Como dice el versículo citado
anteriormente: “Dale buena educación al niño de hoy, y el viejo de mañana jamás
la abandonará” Con
el tiempo recapacitarán en sus caminos y
lo que aprendieron de niños en cuanto a
Dios aflorará y será real para ellos.
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