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IGLESIA DE DIOS UNIVERSAL                                                                Enero 2003       Número 6

 

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Cuadro de texto:  

 

 

·        Hay mucho para Agradecer

·   Por qué perdonar

·        Reflexiones de una Mamá

·        Perdonar y olvidar 

·        El Abogado

·        Doy gracias por la vida de mi hijo

·        ¿Qué tal si cambiamos? 

 

 

 

Qué manera más efectiva de comenzar un año, con planes a realizar y cosas por hacer.  En esta época todas tenemos ilusiones y sueños que deseamos se hagan realidad. 

 

Una clave para que así sea es comenzar el año en agradecimiento a Dios por todas las bendiciones recibidas.  Es seguro que si tomamos una hoja de papel para anotar todas las bendiciones, no nos alcanzaría la hoja y quien sabe cuántas más se gastarían y cuánto tiempo  nos llevaría anotarlas.

 

Otra clave que nos puede ayudar para que el año sea efectivo, es aprender a perdonar.  De esta manera viviremos más felices y menos cargadas en nuestro diario vivir.  Esperamos estos artículos sean de inspiración para que tengamos un 2003 lleno de logros y esperanzas realizadas.

 


 

¡HAY MUCHO PARA AGRADECER!

 

Paulina de Barrero

 

Cada año, varios países del mundo celebran un día para dar gracias; es una costumbre preciosa.  En Canadá lo hacen el segundo lunes de octubre.  En las islas vírgenes lo celebran el 25 de octubre después de una temporada de huracanes.  Liberia ha escogido el primer jueves de noviembre y Estados Unidos lo hace el cuarto jueves de noviembre.

 

El día de acción de gracias en Estados Unidos comenzó con un grupo de inmigrantes que sobrevivieron el primer año en tierras nuevas.  Hicieron un festival en agradecimiento por las cosechas.  Ellos reconocieron que Dios fue la fuente de sus bendiciones y le dieron gracias por continuar con vida, por la comida y el cuidado.

 

Dar gracias a Dios debe ser algo que hacemos diariamente.  Cada una de nosotras tiene innumerables cosas por las cuales estar agradecidas.

 

Consideremos por un momento por todas aquellas cosas que debemos dar gracias y que muchas veces damos por sentado: Tenemos mente que puede pensar, razonar, planear, diseñar y tomar decisiones basado en conocimientos adquiridos.  Dios nuestro Creador nos ha diseñado así y nos ha llenado de atributos.  Dios nos da el aire que respiramos, el alimento y el agua, sin los cuales sería muy difícil vivir.  Nos da la dicha de ver un amanecer y un atardecer, de disfrutar de buena música, de probar bocados deliciosos.  Nos ha dado talentos y habilidades para desarrollarlos.

 

También hemos vivido pruebas y dificultades y sin embargo han traído grandes lecciones a nuestra vida.  Nos han madurado, nos han quebrantado y de ellas hemos aprendido.  En todas las circunstancias por difíciles que hayan sido hemos visto la fidelidad y el amor de Dios para con nosotras.  ¿Cómo no agradecer por todo lo que sucedió durante todo el año?

 

El rey David en sus Salmos, muestra gran agradecimiento a Dios en todas sus situaciones.  En sus victorias y en sus derrotas o tiempos de prueba.  Siempre adoró y alabó a Dios por Sus obras, Su grandeza y Su fidelidad.  Él escribió en Salmos 28:6-7  “Bendito sea el Señor, que oyó la voz de mis ruegos.  El Señor es mi fortaleza y mi escudo.  En Él confió mi corazón y fui ayudado.  Por lo que se gozó mi corazón y con mi cántico te alabaré”   David sabía que cuando estaba en dificultades Dios lo libraría y lo ayudaría a crecer, por eso vivía agradecido con Él.

 

El ser agradecidas con Dios también nos hace ser agradecidas con los demás.  Hemos recibido abundantemente de muchas personas a nuestro alrededor directa o indirectamente.  ¿Cuántas bendiciones hemos recibido de nuestros padres, hermanos, esposos, hijos y otras personas?

 

Tenemos mucho por qué agradecer, ¡Hagámoslo con alegría!

 

!!A propósito, gracias a todas ustedes por leer el boletín y compartir con nosotras sus experiencias y temas!!

 

 

 

 


Dios te ha dado un regalo maravilloso.

Te ha dado la vida.  ¿Qué vas a hacer con ella?

T.D. Jakes


¿POR QUÉ PERDONAR?

Carmen Fleming

 

Yo creo firmemente que el perdón es intrínseco y esencial para las relaciones humanas cercanas y duraderas. De otra manera, ¿cómo podrían sobrevivir nuestras relaciones a nuestras ofensas no intencionales y a veces intencionales?

Pero cuando hemos sido heridos profundamente se necesita ayuda sobrenatural para perdonar. Nuestra respuesta inicial y humana es querer justicia y venganza y ver que la otra persona cambie antes de considerar perdonarla. Nosotros pensamos: yo perdonaré cuando vea al ofensor sufriendo como yo sufrí y cuando él o ella se arrepienta del mal que ha hecho.

Dios nos dice que debemos perdonar sin condiciones, de otro modo, ¡no seremos perdonados por Él! Dios quiere lo mejor para nosotros. Él sabe que no perdonar puede convertirse en un cáncer espiritual en nuestras vidas y puede incluso llevarnos a enfermedades físicas. Cuando no liberamos a una persona de su deuda con nosotros, somos esclavos del evento y de la persona, y somos esclavos de las emociones negativas.

Yo he encontrado que un buen punto de inicio es orar para que el poder de Dios nos ayude a perdonar y orar por la persona con la que estamos ofendidos. Es muy difícil orar por alguien y continuar enojados con esa persona.

El siguiente párrafo es adaptado de uno de mis libros favoritos: Abrazando el amor de Dios por James Bryan Smith y me ha ayudado con el no perdonar en mi vida.

El proceso de perdonar envuelve cuatro partes. Primero debemos descubrir cuánto se nos ha perdonado a nosotros, luego liberar a la persona de la deuda que tiene con nosotros, aceptar a la persona tal como es y permitirle a Dios que cambie el mal en bien.

Esto toma tiempo y a veces no sabemos el momento exacto en que hemos perdonado a alguien. Hay dos indicativos de que hemos perdonado:

  1. Se han disipado los oscuros sentimientos de enojo que rodean el evento. Los recuerdos que antes nos enfermaban o nos ponían furiosos, ahora pasan por nuestra mente con poca atención.
  2. Nos damos cuenta de que tenemos buenos deseos para esa persona.

El perdón es un don que Dios nos ha dado para borrar los pecados de otros, no sólo por el bien de los demás sino también por nuestro propio beneficio. Perdonarnos unos a otros nos libera del lazo sofocante de un espíritu no perdonador. Los prisioneros salen libres, el mal es transformado en bien, el dolor cesa y podemos disfrutar la vida de nuevo.


 

 

REFLEXIONES DE UNA MAMÁ

 Flor María Sarmiento

 

Generalmente los padres deseamos que nuestros hijos lleguen a ser personas seguras de sí mismas, triunfadoras, con una buena autoestima y  valiosas para Dios y la sociedad. Pero a veces olvidamos que el proceso formativo empieza desde el nacimiento del niño. Proceso que lo irá convirtiendo en la persona que será mas tarde.

 

En esta oportunidad voy a referirme al ESTIMULO que debemos dar a nuestros hijos para que logren desarrollar su potencial y sean exitosos ahora y en su vida futura.

 

La telenovela “el inútil” transmitida por uno de los canales Colombianos de televisión,  me hizo reflexionar sobre qué tan fácil es hacer de un hijo, un inútil, como lo es Martín Martínez el protagonista de este programa. Quiero ubicarlos un poco en la telenovela: Martín nació por cesárea, pues su mamá no quería que su pequeño sufriera y así llegó a este mundo sin hacer ningún esfuerzo; no lo dejó gatear porque se ensuciaba y como no tenía tiempo para el hijo, le consiguió una niñera que lo mimó y terminó de hacer de él un “bueno para nada” y ahora a sus 30 años es un personaje idealista.

 

Quiero compartir con ustedes algunos puntos de vista: según los sicólogos, que un hijo sea inútil puede depender de padres autoritarios o sobre protectores. En el primer caso se critica al niño permanentemente porque no puede hacer lo que se espera de él y se crean en el hijo profundas dudas sobre sus capacidades, se vuelve inseguro y con temor hacia sus padres. En el otro caso, no se le delegan responsabilidades al niño y no aprende a valerse por sí mismo.

 

El carácter, la personalidad y los principios se establecen en el hogar (Prov. 1:8-9). No debemos delegar esa responsabilidad en el colegio. El colegio refuerza los valores que los padres hayamos inculcado, ante todo con nuestro ejemplo.

 

Las siguientes recomendaciones nos pueden ayudar en el propósito de estimular a nuestros hijos a superarse día por día.

 

 

El niño o joven debe sentir que es parte importante de su familia; para esto, valoremos sus opiniones, su individualidad, aceptémoslo con sus fortalezas y limitaciones e involucrémoslo en las actividades cotidianas del núcleo familiar.

 

Conozcamos a nuestros hijos. Encaucemos su energía y talentos, interesémonos de verdad en ellos, motivémoslos a superarse siempre y hagamos de nuestros hijos, hombres y mujeres valiosos que conocen y utilizan sus talentos y cualidades en bien propio y de otros y que son dignos de ser apreciados por los demás. (Prov. 20:11).

 

Para ayudar a nuestros hijos a triunfar en la vida necesitamos la ayuda de Dios. Pidámosle Su sabiduría y Su dirección (Juan 15:5)

 

 


Perdonar a otros es señal de que

Somos conscientes de cuánto Dios

Nos ha dado.

Max Lucado

 


 

PERDONAR Y OLVIDAR!

 

Paulina de Barrero

 

En la vida, constantemente afrontamos graves y dolorosos problemas los cuales resultan de nuestras relaciones con los demás.  No hay hombre o mujer que no tenga heridas emocionales por haber sido ofendido.  El tener que perdonar es toda una vivencia traumática porque nos cuesta mucho trabajo, nos damos cuenta que es algo que no está en nosotros.

 

Todos los días estamos en contacto con diferentes temperamentos y ánimos, nuestro mismo temperamento varía muchas veces.  Ello nos lleva a caer en habladurías, en juicios a priori, a murmurar y quejarnos.  Las expresiones hirientes y las palabras duras son el común denominador del diario vivir.  Por esto es que tenemos pleitos, situaciones de tirantez y conflicto. Unas veces nos sentimos heridos y ofendidos, malentendidos o traicionados.  Cada uno se considera una víctima y ninguno asume la culpa.  El mundo está lleno de personas que van cargando con resentimientos, decepciones, rencores, frustraciones, ansiedades, odios, venganzas y sufrimientos.

 

Nuestra responsabilidad frente al perdón es muy grande.  Perdonar es poner en acción la voluntad, más que los sentimientos.  Somos responsables de los hechos, mucho más si hemos ofendido, y mayor compromiso es pedir perdón como también perdonar, y para ello tenemos que olvidar.  Cuando queremos perdonar nos encontramos con el obstáculo de no querer o no poder “olvidar”.  Por eso es tan escuchada la frase de “Perdono pero no olvido”

 

En la Biblia encontramos muchos casos de perdón y de olvido.  El caso de José hijo de Jacob, a quien sus hermanos vendieron.  José tenía razones suficientes para dar lugar a la amargura y al resentimiento.  No solo que sus hermanos lo odiaron y lo vendieron como esclavo, sino que además la esposa de su patrón lo acusó falsamente e hizo que lo arrojasen en una prisión egipcia.  Luego un oficial del gobierno lo prometió tratar de obtener su liberación, pero se olvidó de él y lo dejó en la cárcel.  A pesar de todo José no permitió que ninguna raíz de amargura se arraigara en su vida.

 

José vio la mano de Dios sobre él y sobre sus problemas y se negó a culpar a otros de lo que le había sucedido.  Cuando nació su primer hijo, le puso por nombre Manases, que significa olvidar, dando a entender que Dios había hecho olvidar la angustia de su juventud y la pérdida del hogar de su padre.  José no solo perdonó a sus hermanos sino que nunca les recriminó por su perverso actuar.

 

En Dios encontramos perdón y es Él quien nos ayuda a perdonar y a olvidar.  Siempre que estemos cargados o con dolor en nuestro corazón, recordemos la historia de José  igual que él vayamos ante Dios para que sane nuestras heridas y nos enseñe a perdonar y olvidar. 

 

Recordemos sus palabras de aliento: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar” (Mateo 11:28)

 


 

El Abogado

Anónimo

Después de haber vivido “decentemente” en la tierra, mi vida llegó a su fin.
Lo primero que recuerdo es que estaba sentado sobre una banca, en la sala de espera de lo que imaginaba era una Sala de Jurados. La puerta se  abrió y se me ordenó entrar y sentarme en la banca de los acusados.

Cuando miré a mi alrededor vi al “Fiscal”, quien tenía una apariencia de villano y me miraba fijamente, era la persona más horripilante que había visto en  mi  vida.

Me senté, miré hacia la izquierda y allí  estaba mi abogado, un caballero con una mirada bondadosa cuya apariencia me era familiar.

La puerta de la esquina se abrió, Su presencia demandaba admiración y respeto. Yo no podía quitar mis ojos de Él; se sentó y dijo: “Comencemos”. El Fiscal se levanto y dijo: “ Mi nombre es Satanás  y estoy aquí para demostrar porque este individuo debe ir al  Infierno”.

Comenzó a  hablar de las mentiras que yo había dicho, de cosas que había robado en el pasado, cuando engañaba a otras personas. Satanás habló de  otras horribles  cosas y perversiones cometidas por mi , entre más hablaba, más me hundía en mi silla de acusado.

Me sentía tan avergonzado que no podía mirar a  nadie, ni siquiera a mi Abogado; a medida que Satanás mencionaba pecados que hasta había totalmente olvidado.

Estaba tan molesto con Satanás por todas las cosas que  estaba diciendo de mi, e, igualmente, molesto con mi abogado, quien estaba sentado en silencio.

Yo  sabia que era culpable de las cosas que me acusaban, pero también había hecho  algunas cosas buenas en mi vida, ¿no podrían esas cosas buenas por lo menos equilibrar lo malo que había hecho?

Satanás terminó con furia su acusación y dijo: “Este individuo debe ir al Infierno, es culpable  de todos los pecados y actos que he acusado, y no hay ninguna persona que pueda probar lo contrario. Por fin se hará justicia este día”.

Cuando llegó su  turno, mi Abogado se levantó y solicitó acercarse al Juez,  quien se lo  permitió, haciéndole señas para que se acercara, pese a las fuertes protestas de Satanás.

Cuando se levantó y empezó a caminar, lo pude ver en todo su  Esplendor y Majestad. Hasta entonces me di cuenta por que me  había parecido tan  familiar, era Jesús quien me representaba,  Mi Señor y  Salvador.

Se paró frente al Juez, suavemente le dijo “Hola Padre”,  y se volvió para dirigirse al Jurado “Satanás está en lo correcto,  al decir que este hombre ha pecado, no voy a negar esas  acusaciones.     Reconozco que el castigo para el pecado es muerte  y este hombre merece ser  castigado.

Respiró Jesús fuertemente, se volteó hacia su “Padre” y con los brazos extendidos proclamó: “Sin embargo, yo di mi vida en la cruz  para que esta persona pudiera tener vida eterna y él me ha  aceptado como su Salvador, por lo tanto, es mío”.

Mi abogado continuó diciendo: “Su nombre esta escrito en el libro de la vida y nadie me lo puede quitar.
Satanás todavía no  comprende que este hombre  no merece justicia, sino misericordia.
“Cuando Jesús se iba a sentar, hizo una pausa, miro a su Padre y suavemente dijo: “No se necesita hacer nada más, lo he hecho todo”.

El Juez levantó su poderosa mano y,  golpeando la mesa fuertemente, las siguientes palabras salieron  de sus labios: “Este hombre es libre, el castigo para él ha sido pagado  en      totalidad, caso concluido”.

Cuando mi abogado me conducía fuera de la Corte, pude  oír a Satanás protestando enfurecido: “No me rendiré jamás, ganaré el próximo juicio”.

Cuando Jesús me daba instrucciones hacia donde me debía dirigir, le pregunte: “¿Ha perdido algún caso?”. Jesús sonrió amorosamente y dijo: “Todo aquel que ha recurrido a mí para que lo represente, ha obtenido el mismo veredicto tuyo..... Pagado en su totalidad”.


 

Doy gracias por la vida de mi Hijo

 

Carina Agreda

 

El 7 de Noviembre llevamos a nuestro hijo David Emmanuel, quien ya tiene 3 años con 8 meses, a su primer control con el ortopeda.  La consulta con el ortopeda se tardo mucho, yo ya me encontraba muy molesta por la tardanza, pero pensé, estamos en un control público y la consulta casi es gratuita.  Tenía confrontado mi molestia ante lo cariñoso que se veía el doctor con todas las personas que lo rodeaban.

 

Cuando nos llamaron a pasar al consultorio, mi esposo cargaba a nuestro hijo.  Lo primero que preguntó fue si sabíamos porque nos habían enviado con él. Yo respondí: por norma del Centro de Parálisis Cerebral aquí se encuentra en control David. Le dimos un resumen clínico del niño, el cual conocía el medico ya que tenía el expediente en sus manos, igual contestamos:

1)     David tiene una displasia cerebral provocada por citomegalovirus, que impidió el desarrollo de su cerebro.

2)     Desde los ocho meses de edad, David convulsiona muchísimo, lo cual no le permite avanzar en su desarrollo psicomotor; y  a la fecha han logrado controlar sus convulsiones muy poco

3)     Agravó su situación la tardanza al ponerle una válvula en su cerebro, esto fue hasta los 11 meses de edad, y fue entonces que David fue liberado de una gran presión de su cerebro, que impedía que el se moviera.

El medico preguntó: si estamos concientes que David presenta el desarrollo cognoscitivo de un bebé de 4 meses y el desarrollo motor de un bebé de 2 meses.

 

Mientras contestaba las preguntas del médico y escuchaba sus palabras un nudo en mi garganta crecía, hubo un momento en el que sentí que no podía respirar, fue cuando le pedí a mi esposo el niño y lo abracé, el tenerlo en mis brazos me permitió respirar y no llorar.

 

Examinando a David el médico preguntó: ¿Cuando se enteraron del problema del niño? Contesté que a las 27 semanas de embarazo, luego dijo: ¿que habría hecho usted si se hubiese enterado a las 6 semanas? Contesté: nada.  Insistió con la pregunta ¿qué hubiese hecho usted si se hubiese enterado a las 3 semanas?, ¿a los 2 días o una hora de fecundado?, ya molesta dije: “si quiere saber si lo habría abortado, pues no, no lo habría hecho”.  Entonces finalizó diciendo: “así es señora estos niños son una bendición del cielo y Dios sabe a que padres los envía”.

 

Muchas veces me habían dicho esto, pero que me hicieran ver primero las deficiencias de mi hijo antes de decirme esta frase, nunca.

 

A veces creemos cumplir la voluntad de Dios al aceptar cada prueba, porque pensamos que el hecho de mantenernos en oración nos ayuda a superar las pruebas y recibir de Él la fuerza que necesitamos y en nuestras oraciones decimos “gracias Señor por lo que nos das” y efectivamente así es, yo puedo pensar que así en todo lo material, trabajo comida etc. Pero, ¿Qué pasa realmente cuando pasamos pruebas de sentimientos?.  De pronto vino a mi mente el sufrimiento que yo he tenido al ver las limitaciones de mi hijo y luego de ver lo que Dios sufrió al ver a su único Hijo en su pasión y muerte en la cruz, ese dolor que nuestro Señor Jesucristo paso por amor a nosotros me lleno de una profunda gratitud porque nunca podré comparar ese sufrimiento con el mío.

 

Y ese día al salir del consultorio del médico realmente me sentí con una gran fuerza para seguir trabajando para el Señor y estarle verdaderamente agradecida por la vida de mi hijo, así con esa discapacidad.  Fue entonces cuando verdaderamente pude vivir Estad agradecidos con Dios por Todo”, ese día también sentí que mucho del dolor se fue.

 


 

¿QUÉ TAL SI CAMBIAMOS?

 

Paulina de Barrero

El Sufi Bayazi dice acerca de sí mismo: “De joven yo era un revolucionario y mi oración consistía en decir a Dios: “Señor, dame fuerzas para cambiar el mundo”.  A medida que fui haciéndome adulto y caí en la cuenta de que me había pasado media vida sin haber logrado cambiar a una sola alma, transformé mi oración y comencé a decir: “Señor, dame la gracia de transformar a cuantos entran en contacto conmigo.  Aunque sólo sea a mi familia y a mis amigos.  Con eso me doy por satisfecho”.  Ahora que soy un viejo y tengo los días contados, he empezado a comprender lo necio que he sido.  Mi única oración es la siguiente:  “Señor, dame la gracia de cambiarme a mi mismo”.  Si yo hubiera orado de este modo desde el principio, no habría malgastado mi vida”

 

A veces la vida y el tiempo lo dedicamos a que los demás cambien su forma de ser y su forma de actuar.  Esperamos lo mejor de los demás, que se comporten a la altura de nuestros parámetros, intereses y necesidades.  Esto no está mal, pero lo más importante en nuestra relación con los demás es mirar de una manera objetiva y planeada ¿En qué áreas tengo yo que cambiar?, ¿En qué áreas tengo que mejorar?, ¿Cuáles son mis debilidades?.   Cambiar implica crecimiento, madurez.  Hay hábitos que tenemos que cambiar, formas de ser y de actuar; maneras como estamos tratando a los demás.

 

Podemos establecer cambios en nuestra vida si examinamos cómo está nuestra relación con Dios.  Esto es lo primero y es la base para tener estabilidad y buenas relaciones con los demás.  Tómese un tiempo y anote en un papel cómo está su relación con Dios.  ¿Ha crecido en su fe y en su conocimiento de Él?  ¿Siente que tiene una experiencia más profunda con Él respecto al año pasado?  ¿Cómo está su tiempo devocional?  De acuerdo al tiempo que le dedique a su relación con Dios serán los resultados.  Es como cuando durante un buen período mantenemos una dieta bien balanceada y saludable.  Esto va a estimular el buen funcionamiento del organismo, nos vamos a ver rozagantes y llenas de energía.  Por eso es importante anotar las áreas en las que vea que tiene que cambiar en su relación con Dios.

 

Luego anote algunos puntos en los que usted crea que tiene que cambiar con respecto a su relación con los demás.  Pídale a tres personas cercanas a usted, que la conozcan bien, que le anoten en un papel en qué cosas debe mejorar y por qué.  Esté dispuesta a recibir la crítica ya que va a ser el parámetro que le indicará cómo la ven los demás.  A veces nosotras mismas no somos conscientes de algunos puntos débiles que tenemos y mientras no los conozcamos, no va a haber el deseo de cambiar ni de ser mejor cada día.

 

Por último, vaya delante de Dios y pida Su ayuda para poder cambiar.  Él es el que verdaderamente nos conoce, nos ama y nos está moldeando.  Permitámosle que nos cambie y haga de nosotras esas mujeres de honor para Él.  Recuerde la escritura de Filipenses 4:13 “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”

 

 


 

 

 

 

Nos alegra recibir noticias de ustedes.

 

Coqui101@juno.com

pausalita@hotmail.com

¡Gracias!

 

 


 

El amor y el perdón son las vocaciones especiales del cristiano y cuando los practicamos, podemos encontrar la cura de nuestras heridas y ofrecer un bálsamo para la sanidad de otros.

Marcia Hollis.


 

 

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