Bienvenidos a nuestra iglesia
De dónde venimos; hacia dónde vamos
El cristianismo basado en la Biblia es nuestro legado y nuestro futuro.
Avanzamos motivados por el superior llamado de Cristo.

Basamos nuestra fe y estilo de vida en la Biblia. Recurrimos al Espíritu Santo para que nos dirija y nos transforme para ser más como Cristo. Así resumimos nuestro lugar de procedencia, y hacia donde nos encaminamos espiritualmente.

Aunque nuestras raíces se encuentran entre la gente del pueblo de Dios del Nuevo Testamento, nuestra historia más reciente está enraizada en la Norteamérica del siglo XIX, cuando predicadores de varias denominaciones abogaron por la restauración del cristianismo bíblico.

Las predicciones acerca de la segunda venida de Jesucristo estaban ampliamente difundidas. Algunos creían que su regreso tendría lugar en 1844. A pesar de la gran desilusión resultante cuando Jesucristo no regresó en la fecha que se esperaba, el interés por la Biblia continuó siendo grande. Muchos de estos creyentes de la Biblia empezaron a observar el reposo en el séptimo día de la semana. Algunos de estos fundaron la Iglesia Adventista del Séptimo Día. Posteriormente, otros fundarían la Iglesia de Dios (del  Séptimo Día).

Fue este último grupo el que estimuló a Herbert W. Armstrong a empezar sus estudios bíblicos en 1926. Su recién iniciado celo por la Biblia lo motivó a enseñar a otros e iniciar un ministerio de evangelización que finalmente se convertiría en la Iglesia de Dios Universal.

Después de una serie de conferencias bíblicas que dio en 1933, en Eugene, Oregón, se formó una pequeña congregación. Con el apoyo financiero de este grupo, el Sr. Armstrong empezó a predicar en una pequeña estación radial. Su programa, The World Tomorrow ("El Mundo de mañana"), produjo interés y respuestas. Muchos radioescuchas solicitaron más información, de modo que el Sr. Armstrong inició la publicación de The Plain Truth ("La Pura Verdad") la cual empezando como una carta mimeografiada, creció hasta tener la calidad de una revista impresa. El apoyo financiero que recibía permitió que el programa de radio se expandiera y que más personas recibieran la revista gratis.

En los programas de radio y en las conferencias públicas, el Sr. Armstrong desafiaba a su audiencia para que "sacudiera el polvo de sus Biblias" y la estudiara para ver si "estas cosas eran así" (Hechos 17:11). "No me crean a mí," decía con frecuencia, "créanle a la Biblia".

Como respuesta a la entusiasta predicación del Sr. Armstrong, miles de personas empezaron a estudiar la Biblia. Se convencieron de que la Biblia es la guía autorizada para la vida y la fe. La Palabra de Dios nos revela que necesitamos salvación y que, mediante Jesucristo, Dios responde a nuestra necesidad. La Biblia nos conduce a la fe en nuestro Salvador y nos guía a obedecerle.

Se establecen congregaciones
Miles de personas empezaron a respaldar el ministerio radial y de publicaciones del Sr. Armstrong. Se arrepintieron y aceptaron a Jesucristo como su Salvador y fueron bautizados. Se formaron congregaciones, y se nombraron pastores para ayudar a estos nuevos cristianos a consolidarse en la fe. Se reunían los sábados para adorar, aprender y animarse unos a otros.

En el año 1947 la Institución Ambassador se estableció en Pasadena, California, con el propósito de entrenar pastores y a otro personal de la iglesia. Si bien la Biblia era de primera importancia, los estudiantes tenían un régimen curricular en artes liberales de cuatro años, para prepararlos para el mundo polifacético al que eran llamados a servir.

En la década de los años cincuenta, el programa radial continuó expandiéndose en Norteamérica, después a Europa, Australia y Latinoamérica. Luego vinieron bautismos, iglesias y oficinas internacionales. La Institución Ambassador también se expandió, y entrenaba más personas para el crecimiento de la obra. Se agregaron más idiomas y oficinas en la década de los años sesenta. En la década siguiente, continuó el crecimiento, aunque a paso más lento, a medida que la iglesia aprendía importantes lecciones acerca de evitar la conjetura profética. Cristo no regresó cuando se le esperaba, pero Él condujo a la iglesia a una comprensión más profunda de la Biblia.

Seguir primero a Cristo
Nuestros errores con la profecía nos motivaron a concentrarnos en Cristo y la Biblia, en vez de concentrarnos en personalidades humanas o doctrinas que en realidad no están en la Biblia. Seguimos primero a Cristo, y a nuestros líderes humanos en tanto estos sigan a Cristo (1 Corintios 11:1).

Aunque nuestra historia reciente tiene importancia para nosotros, somos una iglesia que mira hacia adelante. No pretendemos haber alcanzado la perfección y, a la manera de Pablo, no nos gloriamos en nuestro pasado, sin importar lo honroso que haya sido. Mas bien, avanzamos hacia nuestro llamamiento superior en Jesucristo (Filipenses 3:12-14). No queremos que nuestras tradiciones nublen el entendimiento adicional que Dios quiera darnos.

Jesucristo es la Cabeza de la iglesia (Colosenses 1:18), y Él continúa dirigiéndonos por medio de la Biblia (2 Timoteo 3:16-17) y el Espíritu Santo (Juan 16:13).

El Sr. Armstrong murió en 1986, y el liderazgo de la iglesia pasó a Joseph W. Tkach, quien era el asistente ejecutivo del Sr. Armstrong. Bajo el liderazgo del Sr. Tkach, la iglesia aprendió mucho más de la Biblia. Lamentablemente, muchos miembros no aceptaron estas enseñanzas bíblicas y dejaron la iglesia. Al morir el Sr. Tkach en 1995, el liderazgo pasó a su hijo, Joseph Tkach, quien continuó dirigiendo a los miembros hacia la Biblia, a Jesucristo y a la obra del Espíritu Santo en nuestras vidas.

El más grande legado del Sr. Armstrong es su compromiso de vivir por cada palabra de Dios: Creerle a la Biblia y obedecer sus enseñanzas fielmente. Retenemos diligentemente ese compromiso. La Biblia es para nosotros la autoridad final en materia de fe y doctrina.

Las metas de la iglesia
Al ser dirigida por Cristo, la iglesia mantiene el legado del cristianismo basado en la Biblia. Trabajamos conformándonos a la enseñanza bíblica. La Biblia continúa desafiándonos a sujetar todo pensamiento a Cristo (2 Corintios 10:5). Él es nuestro Señor y Salvador.

La iglesia tiene metas propias y para sus miembros. Nuestra meta colectiva es predicar el evangelio de Jesucristo, hacer discípulos, bautizarlos y enseñarles el camino de vida cristiano (Mateo 28:19-20).
"Esta es la obra de Dios," dijo Jesús, "que creáis en el que Él ha enviado" (Juan 6:29).

Por esa razón, la obra de la iglesia de Dios es traer personas a Cristo, a que crean en nuestro Salvador.

Colectivamente, la iglesia predica el evangelio y anima a las personas a convertirse en discípulos de Jesucristo. Acogemos a otros que vienen a adorar y aprender con nosotros. Tenemos pastores y ministros que ayudan al crecimiento personal y estimulan las obras de servicio.

Joseph Tkach estableció la pauta y la dirección que tendrá la iglesia en el siglo 21: "Un cristiano es alguien como Cristo. Mi directriz básica para la iglesia es que esta ejemplifique las cualidades y el amor de Cristo. Quiero que cada uno de los miembros de la iglesia sea sincero, servicial, humilde, que sea una persona amorosa cuya luz personal ilumine y traiga gloria para Cristo y a la iglesia.

"Veo una iglesia que está a la altura de su llamamiento. Veo una iglesia que vive dentro de sus posibilidades y se comunica con eficacia para cambiar las vidas de las personas. También veo congregaciones que se participan activamente en la predicación del evangelio, y no son simples clubes sociales.

Veo una iglesia llena de celo, convertida, llena de personas cariñosas que de veras viven la vida de Cristo, que viven el evangelio, que aman a su prójimo y lo demuestran. "En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tenéis amor los unos por los otros", dijo Jesús, en Juan 13:35.

Para saber más acerca de la historia de nuestra iglesia, vea el artículo A Brief History of the Worldwide Church of God ("Breve historia de la Iglesia de Dios Universal").


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