Bienvenidos a nuestra iglesia
"Los llamados a congregarse"
He aquí porqué todo cristiano necesita la iglesia,
y la razón por la que la iglesia necesita de cada cristiano.

¿Qué le viene a la mente cuando escucha la palabra iglesia? Mucha gente piensa en un edificio. La estructura puede ser sencilla o adornada. Puede que tenga vitrales, altísimas agujas o un órgano. Muchos se imaginan la iglesia como el edificio al que van los feligreses.

La Biblia, sin embargo, aplica la palabra iglesia no al edificio en sí, sino más bien a los que en él se reúnen para adorar. La palabra castellana iglesia proviene de la griega ekklesia, que significa "los llamados a congregarse." Se refiere a los cristianos. Ellos son la iglesia; ellos son los llamados por Dios a congregarse. No importa si se reúnen o no en un edificio para tener un servicio de adoración, ellos son la iglesia las 24 horas del día, los siete días de cada semana de sus vidas cristianas.

"Los llamados a congregarse"
Es elocuente el hecho de que ekklesia se refiera a los creyentes "llamados a congregarse". El arrepentimiento y el perdón concedidos mediante el sacrificio de Jesucristo y la recepción del don de la vida eterna son solo el principio del llamado cristiano. La conversión, un renacimiento espiritual, transforma a una persona en un hijo de Dios. Coloca a la persona dentro de la familia de Dios junto con muchos hermanos y hermanas que también nacieron de nuevo.

El apóstol Pablo escribió: "Ya no sois extranjeros ni forasteros, sino conciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios" (Efesios 2:19). Por medio de la conversión, la persona se convierte en miembro de la comunidad de creyentes, una comunidad conocida como la iglesia. Si bien cada cristiano individualmente es responsable de ocuparse de su propia salvación (Filipenses 2.12), el cristianismo no es un estilo de vida independiente. Algunos cristianos están aislados geográficamente. Pero espiritualmente hablando, todos los cristianos son llamados a reunirse, a juntarse. El mismo espíritu, el Espíritu Santo, está en cada uno de ellos para unirlos. Aunque la iglesia no es una estructura física, Pablo se refirió a ella como un edificio espiritual, un templo. Los cristianos individuales son las diversas partes y los componentes de esta estructura: "Habéis sido edificados sobre el fundamento de los apóstoles y de los profetas, siendo Jesucristo mismo la piedra angular. En él todo el edificio, bien ensamblado, va creciendo hasta ser un templo santo en el Señor. En él también vosotros sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu" (Efesios 2:20-22).

Miembros de un cuerpo
Usando otra analogía, Pablo compara la iglesia con un cuerpo humano (Efesios 1:22-23). Un cuerpo saludable funciona como una unidad. La cabeza decide adónde ir, y el resto del cuerpo responde armónicamente yendo en esa dirección. Si la cabeza decide que hay necesidad de sentarse al escritorio y escribir una carta, el resto del cuerpo coopera en el esfuerzo. De tal modo que un pie no decide que sería preferible tomar un paseo, mientras que uno de los brazos quiere jugar al tenis.

Cualquier actividad que el cuerpo realice implica un esfuerzo de grupo por parte de cada uno de sus miembros. Pablo escribió: "De la manera que el cuerpo es uno solo y tiene muchos miembros, y que todos los miembros del cuerpo, aunque son muchos, son un solo cuerpo, así también es Cristo. Porque por un solo Espíritu fuimos bautizados todos en un solo cuerpo, tanto judíos como griegos, tanto esclavos como libres; y a todos se nos dio a beber de un solo Espíritu. Pues el cuerpo no consiste de un solo miembro, sino de muchos... Ahora bien, vosotros sois el cuerpo de Cristo, y miembros suyos individualmente" (1 Corintios 12:12-14, 27).

Reuniones regulares
Como un organismo espiritual que es, la iglesia es el cuerpo de Cristo. Debe hacer lo que Él haría si estuviera en persona, como hizo hace alrededor de 2000 años cuando estuvo aquí. Él predicó el evangelio —las buenas noticias— de salvación (Lucas 4.18-19), "y pasó haciendo el bien" (Hechos 10:38).

Poco después de su resurrección, Jesús comisionó a su cuerpo, la iglesia. La comisión es "hacer discípulos a todas las naciones" (Mateo 28:19). Este es un esfuerzo de grupo. El Espíritu Santo motiva a cada cristiano a que haga su parte para que el cuerpo como un todo pueda cumplir la instrucción de Jesús. Una parte vital del servicio y adoración a Dios consiste en participar en las reuniones de adoración. El libro de Hebreos señala: "No dejemos de congregarnos, como algunos tienen por costumbre; más bien, exhortémonos, y con mayor razón cuando veis que el día se acerca" (Hebreos 10:25).

Los servicios de adoración son valiosas oportunidades para que los cristianos se reúnan. Son gozosas celebraciones de la fe cristiana, y como tales, rinden importantes beneficios. Los servicios de adoración son oportunidades para que la comunidad de creyentes adore al gran Dios Creador y a su Hijo Jesucristo. También ofrecen a los cristianos la ocasión para ejercitar el compañerismo y animarse unos a otros. Durante los servicios, los cristianos unen sus voces en alabanza a Dios y cantan, entonando los hechos de Dios pasados, presentes y futuros en sus vidas. Oran juntos, dan gracias y dejan conocer sus peticiones. Reciben igualmente instrucción espiritual útil basada en la Palabra de Dios, mediante sermones y estudios bíblicos. Jesús tomó las medidas para proveer a su iglesia un ministerio organizado, que incluyera pastores y maestros, "a fin de capacitar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos alcancemos la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, hasta ser un hombre de plena madurez, hasta la medida de la estatura de la plenitud de Cristo. Esto, para que ya no seamos niños, sacudidos a la deriva y llevados a dondequiera por todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar, emplean con astucia las artimañas del error; sino que, siguiendo la verdad con amor, crezcamos en todo hacia aquel que es la cabeza: Cristo. De parte de él todo el cuerpo, bien concertado y entrelazado por la cohesión que aportan todas las coyunturas, recibe su crecimiento de acuerdo con la actividad proporcionada a cada uno de los miembros, para ir edificándose en amor" (Efesios 4:12-16).

Jesús hizo hincapié en la responsabilidad del ministerio del pastor hacia los demás miembros. Comparó a los creyentes con ovejas y a los ministros ordenados con pastores. La palabra pastor significa hombre que cuida el rebaño. "Apacienta mis corderos", le dijo Jesús a Pedro (Juan 21:15). "Apacienta mis ovejas", le volvió a decir en dos oportunidades (vers. 16 y 17).
Los pastores sirven al pueblo de Dios cuando enseñan, predican, aconsejan y dan ejemplo de servicio cristiano. Cuidan de cada persona que Dios ha llamado, tomando con seriedad la advertencia de Pablo: "Tened cuidado por vosotros mismos y por todo el rebaño sobre el cual el Espíritu Santo os ha puesto como obispos, para pastorear la iglesia del Señor, la cual adquirió para sí mediante su propia sangre" (Hechos 20:28).

La familia de creyentes
Pero no es simplemente la cuestión del beneficio que recibe un cristiano cuando se reúne con otros cristianos en adoración y compañerismo. Otros cristianos necesitan de usted: necesitan sus oraciones, por ejemplo. Todo cristiano tiene la responsabilidad de orar por los demás. Santiago dirigió esta advertencia a los miembros de la iglesia: "Orad unos por otros" (Santiago 5:16).

¿Cómo es posible orar por otros cristianos si no es familiarizándose con ellos por medio del contacto y compañerismo? Pablo declaró: "Sobrellevad los unos las cargas de los otros y de esta manera cumpliréis la ley de Cristo... No nos cansemos, pues, de hacer el bien; porque a su tiempo cosecharemos, si no desmayamos.  Por lo tanto, mientras tengamos oportunidad, hagamos el bien a todos, y en especial a los de la familia de la fe" (Gálatas 6:2, 9-10).

Vemos, pues, que los cristianos son miembros de una familia muy unida, que tienen responsabilidades unos con otros. Pablo escribió a los cristianos de su tiempo: "Animaos los unos a los otros y edificaos los unos a los otros, así como ya lo hacéis."
(1 Tesalonicenses 5:11).

Todos los cristianos tienen la categoría de hijos en la familia de Dios. Cuando se reúnen, comparten experiencias y aprenden juntos. Crecen juntos y adoran a Dios juntos. Ellos son la iglesia de Dios.


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