Capítulo 2
¿Quién es este hombre?
Por Michael Morrison
J
esús le preguntó a sus discípulos: “¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?” La pregunta nos confronta a nosotros también: ¿Quién es este hombre? ¿Qué autoridad tiene? ¿Por qué debemos confiar en Él?La fe cristiana se concentra en Jesucristo. Tenemos que entender qué tipo de persona es.
Plenamente humano
Jesús nació de la manera normal, creció en la manera normal, sintió hambre, sed y cansancio; comió, tomó y durmió. Tenía una apariencia normal, habló en un lenguaje ordinario, y caminó en una manera normal. Tuvo emociones como compasión, sorpresa, tristeza y temor (Mateo 9:36; Lucas 7:9; Juan 11:38; Mateo 26:37). Oró a Dios, así como los humanos necesitan orar. Se llamó a sí mismo un hombre y otras personas lo llamaron un hombre. Era humano.
Pero Jesús fue un humano tan extraordinario que después de que ascendió al cielo, algunos afirmaron que no fue humano después de todo (2 Juan 7). Pensaban que Jesús fue tan santo que ciertamente no tuvo nada que ver con la carne, con la mugre, sudor, funciones digestivas e imperfecciones. Quizá simplemente pareció ser humano, en la manera que los ángeles a veces aparecían como humanos, sin realmente convertirse en humanos.
El Nuevo Testamento entonces clarifica que Jesús en realidad fue humano. Juan nos dice: “El Verbo se hizo carne” (Juan 1:14). No sólo apareció como carne, o se vistió a sí mismo en la carne. Se hizo carne. “Jesucristo ha venido en carne” (1 Juan 4:2). Sabemos, dice Juan, porque lo hemos visto y lo hemos palpado (1 Juan 1:1-2).
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“El Verbo se hizo carne” (Juan1:14). No sólo apareció como carne, o se vistió a sí mismo en la carne. |
Pablo dijo que Jesús fue hecho “semejante a los hombres” (Filipenses 2:7), “nacido bajo la ley” (Gálatas 4:4). Ya que vino a salvar a humanos, el autor de Hebreos razona que era necesario que compartiera “esa naturaleza humana” (Hebreos 2:14-17, Nueva Versión Internacional).
Nuestra salvación depende de la realidad de la humanidad de Jesús. Su función como nuestro intercesor, nuestro sumo sacerdote, depende de su experiencia como humano (Hebreos 4:15). Aun después de su resurrección, Jesús tenía carne y huesos (Juan 20:27; Lucas 24:39). Aun en la gloria celestial, continúa siendo un humano (1 Timoteo 2:5).
Actuó como Dios
“Entonces los escribas y los fariseos comenzaron a razonar diciendo: ¿Quién es éste, que habla blasfemias? ¿Quién puede perdonar pecados, sino sólo Dios?” (Lucas 5:21). El pecado es una ofensa contra Dios, ¿cómo puede entonces un ser humano hablar por Dios y decir que la ofensa está borrada de los registros? Era blasfemia, dijeron ellos. Jesús sabía lo que pensaban, pero perdonó pecados de todos modos. Él aun implicó que no era culpable de pecado (Juan 8:46).
Jesús dijo que se sentaría a la diestra de Dios en el cielo; otra afirmación que los líderes judíos consideraron blasfema (Mateo 26:63-65). Él afirmó ser el Hijo de Dios; otra blasfemia, dijeron ellos, ya que en esa cultura implicaba igualdad con Dios (Juan 5:18; 19:7).
Jesús afirmó estar en tan perfecta comunicación con Dios que hacía sólo lo que Dios quería (Juan 5:19). Afirmó ser uno con el Padre (10:30), lo cual los líderes judíos otra vez dijeron que era blasfemo (10:33). Afirmó ser tan parecido a Dios que las personas deben verlo a Él para ver al Padre (Juan 14:9; 1:18). Afirmó poder enviar el Espíritu de Dios (Juan 16:7). Afirmó que tenía ángeles que podía enviar (Mateo 13:41).
Sabía que Dios era el juez del mundo, pero también afirmó ser el juez (Juan 5:22). Dijo que podía levantar a los muertos, aun a sí mismo (Juan 5:21; 6:40; 10:18). Dijo que la vida eterna de todo el mundo dependía de su relación con Él (Mateo 7:23). Dijo que las palabras de Moisés no eran suficientes (Mateo 5:21-48). Afirmó ser el Señor del sábado, ¡el Señor de una ley dada por Dios! (Mateo 12:8). Si hubiera sido meramente humano, su enseñanza hubiera sido arrogante y pecaminosa.
Pero Jesús respaldó sus palabras con algunas obras asombrosas. “Creedme que yo soy en el Padre, y el Padre en mí; de otra manera, creed por las mismas obras” (Juan 14:11). Los milagros no pueden forzar a nadie a creer, pero pueden proveer una poderosa evidencia de respaldo.
Para mostrar que tenía autoridad para perdonar pecados, Jesús sanó a un paralítico (Lucas 5:23-25). Sus milagros dan evidencia de que lo que dijo acerca de sí mismo es verdadero. Él tiene más que poder humano, porque Él es más que un humano. Las afirmaciones que hubieran sido blasfemas para cualquier otra persona eran ciertas para Jesús. Él podía hablar como Dios y actuar como Dios porque era Dios en la carne.
¿Quién pensó que era?
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Jesús tuvo un sentido claro de identidad propia. Aún a la edad de 12 años, tenía una relación especial con su Padre en el cielo. |
Jesús tuvo un sentido claro de identidad propia. Aun a la edad de 12 años, tenía una relación especial con su Padre en el cielo (Lucas 2:49). Cuando fue bautizado, escuchó una voz del cielo decir que Él era el Hijo de Dios (Lucas 3:22). Él sabía que tenía una misión que cumplir (Lucas 4:43; 9:22; 13:33; 22:37).
Cuando Pedro dijo: “¡Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente!” Jesucristo contestó: “Bienaventurado eres, Simón hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos” (Mateo 16:16-17). Jesús era el Hijo de Dios. Era el Cristo, el Mesías, la persona ungida por Dios para una misión especial.
Cuando Jesús llamó a 12 discípulos, uno para cada tribu de Israel, no se contó a sí mismo entre los 12. Él estaba por encima de ellos, porque estaba por encima de todo Israel. Él era el creador y hacedor de la nueva Israel. En la Cena de Señor, se proclamó ser la base del nuevo pacto, una relación con Dios. Se vio a sí mismo como el punto focal de lo que Dios estaba haciendo en el mundo.
Jesús habló fuertemente en contra de las tradiciones, contra las leyes, contra el templo, contra los líderes religiosos. Demandó que sus seguidores abandonaran todo para seguirlo, que lo siguieran a Él primero en sus vidas, que le dieran lealtad completa. Habló con la autoridad de Dios; pero habló por su propia autoridad.
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Jesús era el siervo que sufrió, quien moriría para rescatar al pueblo de sus pecados. |
Jesús creyó que Él era el cumplimiento de las profecías del Antiguo Testamento. Él era el siervo que sufrió, quien moriría para rescatar al pueblo de sus pecados (Isaías 53:4-5, 12; Mateo 26:24; Marcos 9:12; Lucas 22:37; 24:46). Él era el rey de paz que entraría a Jerusalén montado en un asno (Zacarías 9:9-10; Mateo 21:1-9). Era el hijo de hombre a quien se le dará todo poder y autoridad (Daniel 7:13-14; Mateo 26:64).
La vida anterior
Jesús afirmó estar vivo antes de que Abraham naciera: “De cierto, de cierto os digo que antes que Abraham existiera, Yo Soy” (Juan 8:58). Los líderes judíos pensaban que Jesús estaba afirmando algo divino, y querían apedrearlo hasta morir (v. 59). La frase “Yo Soy” es un eco de Éxodo 3:14, donde Dios reveló su nombre a Moisés: “Así dirás a los hijos de Israel: ‘YO SOY’ me ha enviado a vosotros”. Jesús usó ese nombre para sí mismo.
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Jesús afirmó estar vivo antes de que Abraham naciera: “De cierto,de cierto os digo que antes que Abraham existiera, Yo Soy” (Juan 8:58). |
Jesús dijo que Él compartió la gloria con Dios antes de que el mundo comenzara (Juan 17:5). Juan nos dice que Él existió aun antes del comienzo del tiempo, como el Verbo (Juan 1:1).
Juan nos dice que el universo fue hecho por medio del Verbo (Juan 1:3). El Padre fue el Diseñador, y el Verbo fue el Creador que llevó a cabo el diseño. “Todo fue creado por medio de él y para él” (Colosenses 1:16; 1 Corintios 8:6). Hebreos 1:2 dice que Dios hizo el universo por medio del Hijo.
Tanto Hebreos como Colosenses nos dicen que el Hijo sustenta el universo (Hebreos 1:3; Colosenses 1:17). Los dos libros nos dicen que Él es “la imagen del Dios invisible” (Colosenses 1:15), “la expresión exacta de su naturaleza” (Hebreos 1:3).
¿Quién es Jesús? Él es un ser divino que se hizo carne. Él estaba en el principio con Dios; era el creador de todo, el Autor de la vida (Hechos 3:15). Él se ve exactamente como Dios, tiene gloria como Dios y tiene poderes que sólo Dios tiene. No es de extrañar que sus discípulos concluyeron que Él era Dios, aun en la carne.
Digno de adoración
Jesús fue concebido de manera sobrenatural (Mateo 1:20; Lucas 1:35). Vivió sin jamás pecar (Hebreos 4:15). Era inocente, puro (Hebreos 7:26; 9:14). No cometió ningún pecado (1 Pedro 2:22); en Él no había pecado (1 Juan 3:5); no conoció pecado (2 Corintios 5:21). No importaba cuán tentador era el pecado, Jesús siempre tenía un deseo más grande por obedecer a Dios. Su misión era hacer la voluntad de Dios (Hebreos 10:7).
En varias ocasiones, la gente adoró a Jesús (Mateo 14:33; 28:9, 17; Juan 9:38). Los ángeles rechazaron la adoración (Apocalipsis 19:10), pero Jesús no. En efecto, aun los ángeles adoran al Hijo de Dios (Hebreos 1:6). Algunas oraciones fueron dirigidas a Jesús (Hechos 7:59-60; 2 Corintios 12:8; Apocalipsis 22:20).
El Nuevo Testamento le da alabanzas detalladas a Jesucristo, con doxologías que normalmente son reservadas para Dios: “A él sea la gloria por los siglos de los siglos” (2 Timoteo 4:18; 2 Pedro 3:18; Apocalipsis 1:6). Él tiene el título más alto que jamás se pueda dar (Efesios 1:20-21). Aun si lo llamamos Dios, ese título no es muy alto.
En Apocalipsis, se le da igual alabanza a Dios y al Cordero, implicando igualdad: “Y oí a toda criatura que está en el cielo y sobre la tierra y debajo de la tierra y en el mar, y a todas las cosas que hay en ellos, diciendo: Al que está sentado en el trono y al Cordero sean la bendición y la honra y la gloria y el poder por los siglos de los siglos.” (Apocalipsis 5:13). Hay que darle igual honor al Hijo como al Padre (Juan 5:23). Ambos Dios y Jesús son llamados el Alfa y la Omega, el comienzo y el fin de todas las cosas (Apocalipsis 1:8, 17; 21:6; 22:13).
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El Nuevo Testamento frecuentemente usa pasajes del Antiguo Testamento acerca de Dios y los aplica a Jesucristo. |
El Nuevo Testamento frecuentemente usa pasajes del Antiguo Testamento acerca de Dios y los aplica a Jesucristo. Uno de los más notables es este pasaje acerca de la adoración: “Por lo cual también Dios lo exaltó hasta lo sumo y le otorgó el nombre que es sobre todo nombre; para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, en la tierra y debajo de la tierra; y toda lengua confiese para gloria de Dios Padre que Jesucristo es Señor.” (Filipenses 2:9-11, citando Isaías 45). Jesús recibirá el honor y respeto que Isaías dijo que les serían dados a Dios.
Isaías dice que solamente hay un Salvador: Dios (Isaías 43:11; 45:21). Pablo claramente dice que Dios es Salvador y Jesús es Salvador (Tito 1:3-4; 2:10, 13). Entonces, ¿hay un Salvador, o dos? Los cristianos antiguos concluyeron que el Padre es Dios y que Jesús es Dios, aunque sólo hay un Dios, sólo un Salvador. El Padre y el Hijo son los mismos en esencia (Dios), pero diferentes en persona.
Otros versículos del Nuevo Testamento también llaman a Jesús Dios. Juan 1:1 dice: “El Verbo era Dios”. El versículo 18 dice: “A Dios nadie le ha visto jamás; el Dios único que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer”. Jesús es el Dios que ha dado a conocer al Padre. Después de la resurrección, Tomás reconoció a Jesús como Dios: “Entonces Tomás respondió y le dijo: ¡Señor mío, y Dios mío!” (Juan 20:28).
Pablo dice que los patriarcas son grandes porque “de ellos según la carne proviene el Cristo, quien es Dios sobre todas las cosas, bendito por los siglos. Amén” (Hebreos 1:8).
Pablo dijo que en Cristo “habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad” (Colosenses 2:9). Jesucristo es plenamente divino, y aun ahora tiene forma corporal. Él es la exacta representación de Dios; Dios hecho carne. Si Jesús fuera solamente un humano, sería erróneo poner nuestra confianza en Él. Pero porque Él es divino, se nos manda confiar en Él. Él es totalmente digno de confianza, porque Él es Dios.
No obstante, puede ser engañoso decir “Jesús es Dios”, como si hubiera una simple igualdad entre las dos palabras. En primer lugar, Jesús fue también un hombre, y en segundo lugar, Jesús no es el todo de Dios. No podemos decir que “Dios es Jesús”.
En la mayoría de los casos, “Dios” significa “el Padre”, y por eso es que la Biblia raramente llama a Jesús Dios. Pero la palabra se puede usar legítimamente para Jesús, porque Jesús es divino. Como el Hijo de Dios, Él es una persona en la Deidad Trina. Jesús es la persona única en la que Dios y la humanidad están juntos.
La divinidad de Jesús es crucial para nosotros, porque sólo siendo divino puede revelar a Dios a nosotros (Juan 1:18; 14:9). Sólo una persona divina puede perdonar nuestros pecados, redimirnos y reconciliarnos con Dios. Sólo una persona divina puede ser objeto de nuestra fe, el Señor a quien damos completa lealtad, el Salvador que adoramos en canto y oración.
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Sólo una persona divina puede perdonar nuestros pecados, redimirnos y reconciliarnos con Dios. |
Verdaderamente humano,
verdaderamente Dios
Como puede ver de las escrituras citadas anteriormente, la información bíblica acerca de Jesús está esparcida a través del Nuevo Testamento. El cuadro es constante pero no está todo dibujado en un lugar. La iglesia primitiva tuvo que reunir los hechos. Llegaron a estas conclusiones de la revelación bíblica:
●Jesús es divinamente genuino.
●Jesús es humanamente genuino.
●Sólo hay un Dios.
●Jesús es una persona en ese único Dios.
El Concilio de Nicea (325 d.C.) declaró que Jesús, el Hijo de Dios, era divino, de la misma esencia del Padre. El Concilio de Calcedonia (451 d.C.) explicó que también era humano:
“Nuestro Señor Jesucristo es uno y el mismo Hijo; perfecto en Deidad y perfecto en humanidad, verdaderamente Dios y verdaderamente hombre... engendrado del Padre antes de las edades y... engendrado de la Virgen María... con respecto a su humanidad; uno y el mismo Cristo, Hijo, Señor, Único-engendrado, reconocido en dos naturalezas... la distinción de las naturalezas no siendo anuladas en ninguna forma por la unión, pero al contrario, las características de cada naturaleza son preservadas y se unen para formar una persona”.
La última parte fue incluida porque algunas personas dijeron que la naturaleza divina dominó tanto a la naturaleza humana de Jesús que en realidad no era humano. Otros dijeron que las dos naturalezas se combinaron para formar una tercera naturaleza, así que Jesús no era ni humano ni divino. No, los datos bíblicos dicen que él era verdaderamente humano y verdaderamente divino, y esto es lo que la iglesia debe decir, también.
Nuestra salvación depende del hecho de que Jesús fue tanto humano como divino. Pero, ¿cómo puede ser esto? ¿Cómo puede alguien infinito convertirse en finito? ¿Cómo puede el santo Hijo de Dios convertirse en humano, en la semejanza de carne pecaminosa?
Nuestra pregunta surge principalmente porque la única humanidad que podemos ver ahora es deplorablemente corrupta. Pero esta no es la manera en que Dios la hizo. Jesús nos muestra lo que la verdadera humanidad es. Por un lado, nos muestra una persona que depende completamente del Padre. Así debe ser la humanidad.
Jesús también nos muestra lo que Dios es capaz de hacer. Él puede convertirse en parte de su creación. Él puede llenar el vacío entre lo no creado y lo creado, entre lo santo y lo pecaminoso. Lo que pensemos que es imposible, es posible con Dios.
Jesús también nos muestra lo que la humanidad va a ser en la nueva creación. Cuando regrese y seamos resucitados, nos veremos como Él (1 Juan 3:2). Tendremos cuerpos como su cuerpo glorioso (1 Corintios 15:42-49). Jesús es nuestro pionero, mostrándonos que el camino a Dios es por medio de Él. Porque Él es humano, se identifica con nuestras debilidades, y porque es divino, intercede eficazmente por nosotros a la diestra de Dios. Con Jesús como nuestro Salvador, podemos estar confiados de que nuestra salvación es segura.◙
Capítulo 1: Introducción a Dios.
Capítulo 3: ¿Por qué murió Jesús?