Un llamado a la unidad
Por Joseph Tkach
En el otoño de 1995, la Iglesia de Dios Universal publicó su nueva posición en cuanto a la observancia de la Navidad. En resumen, la iglesia respeta y afirma lo que los miembros decidan hacer en cuanto a la observancia de la Navidad, y los exhorta a amarse los unos a los otros como lo ordenó Jesús y a no condenarse unos a otros por el uso de ciertos días, como instruyó Pablo. La iglesia cree que los cristianos tienen la libertad en Cristo de evitar la Navidad o celebrarla, siempre teniendo en cuenta que lo que no procede de la fe es pecado (Romanos 14:23). Este cambio en la posición original de la iglesia, la cual condenaba toda celebración del nacimiento de Jesús, se basa en lo que la iglesia cree que es un entendimiento más claro de la enseñanza bíblica.
La iglesia siempre ha tenido las Escrituras en la más alta estima. En Lucas 2:10-11, un ángel de Dios describe el nacimiento de Jesús como "una buena noticia, que será de gran gozo para todo el pueblo" (Nueva Reina-Valera, 1990 en todo el artículo, salvo indicación contraria). Al reconocer que era apropiado para los ángeles regocijarse por el nacimiento de Jesús (vers. 13-14), la iglesia cree que cuando los miembros se regocijan por esto, están en acorde con las Escrituras.
Hermanos, es importante que todos nuestros miembros respeten la opinión de los demás en cuanto a esto y que no se juzguen unos a otros, siguiendo la instrucción de Pablo en Romanos 14. Ni los que celebran el nacimiento de Jesús el 25 de diciembre ni los que no lo celebran son más justos o más pecadores que los otros. Muchos de nuestros miembros evitan la celebración de la Navidad a causa de sus conciencias. No es pecado no celebrarla. Otros miembros deciden tener una celebración el 25 de diciembre para adorar y dar gracias a Dios por haber enviado a su Hijo al mundo para nuestra salvación. Podemos aprender a decir con Pablo: "El que observa cierto día, lo observa en honor del Señor... Pero tú, por qué juzgas a tu hermano? Porque todos hemos de comparecer ante el tribunal de Cristo" (Romanos 14:6, 10).
El amor, no la ordenanza, es lo que motiva a muchos cristianos a celebrar la Navidad. Ellos aman a su Salvador y a sus familias. La Navidad les provee la oportunidad para expresar ambas cosas. De la misma manera, el amor motiva a muchos cristianos que deciden no celebrar la Navidad. Ellos también aman a su Salvador y a sus familias. Les incomoda la celebración de la Navidad, y esto se basa en el deseo de evitar participar en algo que perturba su conciencia. Podemos respetarnos en cuanto a esto, y seguir el mandamiento de Jesús de amarnos unos a otros? Yo creo que sí podemos.
El hecho de que los que no son cristianos, y aun algunos cristianos, celebran la Navidad como una festividad secular o en forma profana no es razón para que todos los cristianos la eviten. Después de todo, algunas personas no se comportan de una manera cristiana en nuestro Festival de otoño o lo consideran como tiempo de vacaciones. Estas no son razones para que todos los miembros de la iglesia dejen de asistir al Festival. De la misma forma, el hecho de que muchos cristianos aparten el 25 de diciembre para celebrar el nacimiento de Jesús no significa que todos los cristianos deben hacerlo. Después de todo, ha habido cristianos fieles a lo largo de los siglos que nunca celebraron la Navidad.
Cada pastor debe proveer oportunidades de adoración significativas durante la temporada de adviento para los miembros que desean celebrar la Encarnación del Hijo de Dios. La decisión de observarla, y si se observa, cómo observarla, es una cuestión personal. Algunos cristianos celebran la Navidad con sus adornos tradicionales, mientras que otros lo hacen sin ellos. Algunos evitan la Navidad del todo. La iglesia enseña que los cristianos que celebran la Navidad y los que no la celebran tengan como propósito honrar a Jesucristo (Romanos 14:5-6). Si los miembros escogen celebrar la Navidad con sus familias, los exhortamos a que hagan de Cristo el centro de su celebración.
Que Dios nos conceda paz y unidad a medida que vivimos juntos en su gracia y obediencia.
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