Detrás de las candilejas
Una red de codicia y corrupción espera a su siguiente víctima.
Hollywood, California. Su nombre verdadero no importa. Lo importante es que Shelly es una persona de la vida real.
Aquí en Hollywood, como en otras grandes ciudades, hay muchas chicas como ella. Jóvenes. Bonitas. Ingenuas. Vulnerables. Vienen de todas partes persiguiendo un sueño.
Muchas han huido de su hogar. Otras anuncian a su familia y amistades que se van de la casa en busca de una vida mejor en la ciudad.
Shelly no había cumplido los 20 años cuando empacó una maleta y dejó atrás su pequeño pueblo natal. ¡Cuánta emoción sintió al llegar a la inmensa ciudad de Los Ángeles, especialmente a Hollywood! ¡Tantas luces! ¡Tanta vida! Algo sumamente emocionante a cada momento.
Su pequeño pueblo no se comparaba con esto. No es que tuviera nada de malo, pero era aburrido. Los programas de televisión y las novelas románticas le habían hecho pensar que debía buscar algo más emocionante.
La idea de vivir en una población pequeña, cerca de sus familiares y amigos, dedicada a algún oficio o preparándose para el matrimonio y la familia, carecía de interés para ella. Shelly quería algo más.
Sus padres trataron de razonar con ella, mas ella puso oídos sordos. Lástima. Seguramente Shelly estaría viva hoy si se hubiera quedado en casa. ¿Qué le pasó? Nadie sabe con seguridad. La encontraron muerta de un disparo.
Lo que sí se sabe es que esa muerte fue el trágico final de una serie de circunstancias complejas.
Una vez en la ciudad, Shelly tenía que conseguir trabajo. Necesitaba dinero ya para pagar su alojamiento y comida. No pretendía vivir en las calles.
Aunque su ilusión era ser actriz, no podía presentarse en uno de los grandes estudios cinematográficos diciendo: ¡Aquí estoy!” Había centenares, quizá millares, de chicas que esperaban ansiosas algún pequeño papel en una película como paso inicial hacia la fama. Y aunque Shelly era muy bonita, también lo eran las demás.
Los avisos clasificados en los diarios tenían poco qué ofrecer… excepto uno de cierta agencia de modelaje que le llamó la atención. Sí, le pagarían por modelar, aunque carecía de experiencia.
Sólo para empezar
Pronto se enteró de que debía posar sin ropa. Pero era un comienzo, ¿no? Sólo lo haría para comenzar. Pronto encontraría algo mejor, cuando algún agente de los grandes estudios descubriera su talento.
Su trabajo la llevó pronto a trabajar en algunas películas pornográficas. Estaba ganando dinero, pero su vida ya no le pertenecía. Cada vez más, Shelly se sentía manipulada por otros dentro de un mundo ruin. Estaba entre malas compañías. Se vio envuelta en malas relaciones, con abusos sexuales y consumo de drogas. Una vez que había empezado, no veía cómo evitarlo. Es taba atrapada.
Un día Shelly debió pensar que se había hundido demasiado en el lodo. Quiso salirse. La persona que apretó el gatillo precipitó su fin.
¿Por qué narramos la historia de Shelly?
Porque ella creía que las tragedias solamente ocurren a los demás. Porque el cine, la televisión y la publicidad le habían mentido, haciéndole creer que no podía ser feliz en su pueblo. Porque no puso de lado sus propias ideas para escuchar las razones de personas que la querían. Porque ciertos individuos egoístas en círculos corruptos se aprovecharon de ella, haciéndose pasar por sus amigos. Porque el dinero y la fama le parecieron deseables. Porque debes saber que el brillo y los halagos de este mundo son inútiles y falsos.
Y porque tal vez algún joven que lea la historia de Shelly lo piense dos veces antes de abandonar su hogar en busca de prados más verdes, aunque la situación en su casa no sea perfecta.
Cuando pusieron el ataúd con el cuerpo de Shelly en el avión, no había una multitud de admiradores y amigos. Los que se habían aprovechado de ella no estaban presentes. Solamente salió a recibirla un miembro de su familia, cuando la chica que había partido rumbo a Hollywood en busca de un sueño, regresó por última vez a su pueblo.
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