Confesiones de un adolescente ocupado

 

Hay un viejo aforismo que dice: “Antes de juzgar a alguien, anda unos kilómetros con sus zapatos”.

En otras palabras, antes de criticar las fallas de otros, preguntémonos: “¿Cómo me iría a mí en las mismas circunstancias?”

¿Te has puesto a pensar cómo será cuando te cases y tengas hijos?

A veces los adolescentes viven tan ocupados que se les olvida reflexionar y dar las gracias por muchas cosas. A veces es bueno ponernos en el lugar de las personas que nos mantienen y nos guían durante nuestra juventud.

¿Qué tal si tuvieras las responsabilidades de tus padres? ¿Qué tal si fueras la madre o el padre tuyo? ¿Trabajarías tanto por alguien como tú? ¿Le darías tanto y con tanto altruismo?

Un miembro de la iglesia se puso a reflexionar sobre sus padres y me envió una copia, de una carta que quiero compartir contigo.

Mi querido Padre:

Cada año te compro una tarjeta para el Día del Padre y tal vez te escribo unas líneas. Pero en realidad no me he tomado el tiempo de comunicarte lo que realmente quiero decir.

Papá, sé que tu vida no ha sido fácil. Has trabajado muy duro y has tenido que afrontar el problema de quedar sin empleo y luego de trabajar por tu cuenta en medio de una economía recesiva.

¡Agradezco tanto el hecho de que me llevaras a trabajar contigo y que me pagaras más de lo que valía el trabajo que yo hacía!

Recuerdo la primera vez que me llevaste a pintar. Trabajé día tras día raspando un pedazo de verja oxidada ¡mientras tú pintaste toda la casa!

Recuerdo tu ejemplo de diligencia en el trabajo. Cuando volvíamos a casa, yo sólo quería comer algo y descansar, pero tú siempre te ponías a arreglar y limpiar el equipo.

También recuerdo algo más: cuando me ayudaste a poner mi propio negocio de pintar casas en las vacaciones. Me contrataron para pintar un apartamento que querían alquilar inmediata mente. Sabía que la tarea era grande, y a medida que pasaba el tiempo y me iba sintiendo más fatigado, me di cuenta de que jamás cumpliría el plazo. Me sentí frustrado, con ganas de abandonarlo todo.

¡No sabes el alivio que sentí cuando te apareciste allí y ofreciste ayudarme a terminar! Ya habías cumplido tu propia jornada de trabajo y era tarde. Pero aun así, supiste dónde estaba yo y viniste a socorrerme. ¡Me sentí tan agradecido!

Creo que no sabes cuán importantes fueron para mí todas las cosas que hicimos juntos: los paseos, los días de pesca, los partidos de baloncesto entre los dos, las veces que me llevaste a los ensayos y que viniste a oír nuestros conciertos ( yo apenas le sacaba algunos chirridos al violín!).

No sé cómo sobreviviste a mis esfuerzos por aprender a conducir.

–No vayas más rápido de lo que puedes controlar.

–No te preocupes.

–¡Vas demasiado rápido!

–Es apenas la mitad de la velocidad máxima.

–¡Pero es demasiado para ti! (¡tenías razón!)

Nunca supiste cuántas veces me valí de tu autoridad para zafarme de alguna cosa que mis amigos querían que hiciera. “Es que mi papá no me deja”. Mis amigos debieron pensar que eras muy anticuado, sin embargo, me ahorraste muchísimos problemas.

Muchos de mis amigos no tenían un padre... o al menos no cerca donde pudieran hablar con él, aprender de él y disfrutar juntos. En cambio, tú siempre estabas allí. Creo que yo no alcanzaba a darme cuenta de la bendición

Eras moderado, y esto me brindó una norma segura. Me alegro de que no fumaras, pues a mí tampoco me llamó la atención hacerlo.

No pretendo engañarte. Sé que no salí perfecto. Pero me motivabas a hacer las cosas bien para que te sintieras orgulloso de mí. ¡No sabes cuánto me alegro de que seas como eres!

Papá, ahora empiezo a ver cuánto sacrificaste para ser mi padre. Necesitaste mucha paciencia y generosidad... cosas que yo también necesitaré en grandes dosis para poder ser un buen padre.

Cuando oro (como tú me enseñaste), ¡doy gracias a mi Padre en el cielo por haberme dado un padre como tú!

Con mucho amor,

tu hijo

P.D. También te quiero a ti, Mamá, más de lo que puedo expresar con palabras.

 

¿Por qué no sacas lápiz y papel ahora mismo y le escribes una nota de agradecimiento a tu padre o tu madre? Tienes mucho que agradecerles, ¿verdad?

Y una cosa más... ¿Cuándo fue la última vez que les diste un gran abrazo y les dijiste: “Te quiero”?

Puede caerles de sorpresa, pero créeme que lo necesitan. Nunca dudes en mostrar tu amor y agradecimiento a quienes tanto te han dado en tu juventud.

Algún día querrás que tus hijos hagan lo mismo contigo.

Copyright Worldwide Church of God 2003

Hit Counter