Formando a jóvenes creyentes por medio de la comunidad
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n esta serie de artículos, Jeb Egbert y yo hemos estado discutiendo acerca de ideas para avanzar un vigoroso ministerio de jóvenes de la gran comisión y el gran mandamiento en y a través de nuestros grupos de jóvenes y en las congregaciones.
El ministerio es mucho más que los programas – involucra relaciones en que los jóvenes, con la ayuda de adultos que demuestran interés y amor hacia ellos, llegan a conocer y aferrarse a Dios a través de una vida de fe en la presencia de una persona viviente – Jesucristo.
A medida que los discípulos jóvenes caminan con Jesús y experimentan su vida, comparten la pasión de Jesús – su amor por Dios y por la gente (el gran mandamiento). Motivados por su pasión, participan con Jesús en los patrones de su ministerio, que se centran en hacer discípulos quienes a la vez hacen discípulos (la gran comisión). Esta participación está guiada y habilitada por la provisión de Jesús del Espíritu Santo de acuerdo con la fiel promesa de Jesús de estar siempre con nosotros.
Qué gozo asistir a los discípulos jóvenes a aferrarse a la persona de Jesús, compartir la pasión de Jesús y participar en los patrones de su ministerio a través de su provisión y promesa. Este gozo es la bendición que viene a aquellos que están activos en el ministerio de discipulado a y a través de los niños, adolescentes y jóvenes adultos universitarios.
Edificando creyentes utilizando la comunidad, adoración, nutrición y servicio (CANS)
En artículos previos hemos notado que la comisión de Jesús a la iglesia es cumplida a través de ministerios para jóvenes que persiguen los cuatro patrones básicos para hacer discípulos que Jesucristo modeló en su ministerio terrenal: ganando a jóvenes perdidos, edificando a jóvenes creyentes, equipando a jóvenes obreros y multiplicando a jóvenes líderes.
Una responsabilidad principal de los líderes y de los obreros del ministerio para jóvenes es proveer ambientes de ministerio que conduzcan a estos patrones.
Notamos además que Jesús edificó a los creyentes ayudándoles a crecer en amor para Dios y para el prójimo. Avanzó su obra utilizando cuatro herramientas diseñadas para dar crecimiento: la comunidad, la adoración, la nutrición y el servicio (resumido en las siglas CANS). Comenzando con este artículo veremos más profundamente a las siglas CANS, comenzando esta vez con la comunidad.
La comunidad
Jesús sirvió a sus discípulos (muchos de ellos jóvenes) trayéndolos dentro de una comunidad cariñosa donde pasaron tiempo con Jesús y el uno con el otro. En y a través de las relaciones que surgieron dentro de esta comunidad, los discípulos encontraron cumplimiento de las necesidades dadas por Dios de ser amados, tener significado y de pertenecer a algo.
Los jóvenes hoy día tienen las mismas necesidades – y los ministerios para los jóvenes creyentes crecen espiritualmente cuando son comunidades que hacen discípulos, donde los participantes encuentran una atmósfera de amor, una causa para vivir y un lugar a donde pertenecer.
Una atmósfera de amor
Dios, quien
es amor, creó a los humanos para recibir su amor y compartir ese amor con otros.
Los
ministerios saludables de discipulado de jóvenes operan en armonía con el diseño
de Dios al ser comunidades unidas con una atmósfera de amor.
En tales ambientes, los jóvenes se sienten aceptados, apreciados y bienvenidos a las vidas de cristianos adultos quienes en compañía del Espíritu Santo los ayudan a recibir a Jesús y después crecer como sus discípulos.
Considere como Cristo creó un ambiente de amor en su comunidad de discípulos. Primero, él amó a sus discípulos con un amor genuino y profundo. Después les comunicó constantemente ese amor a través de actos de ánimo, apoyo y consuelo.
Por medio de afirmaciones verbales y no verbales, les aseguró a sus discípulos que se preocupaba por ellos y nunca los abandonaría.
A medida que los discípulos pasaron tiempo con Jesús, comenzaron a crecer en su amor por él y los unos por los otros. Jesús constantemente les enseñó a expresar este amor y envió al Espíritu para que viviera dentro de ellos para que su amor por él y por otros fuera lleno y duradero.
Imagínese
un grupo de jóvenes caracterizado por un ambiente de amor – un lugar donde los
líderes adultos y los ayudantes, al igual que jóvenes creyentes, afectuosamente
se aceptan y se preocupan los unos por los otros. Imagínese un lugar donde una
ola de amor envuelve a los miembros y visitantes de todas las edades. Tal ola es
más que una emoción (aunque tiene que ver con emociones poderosas). Es
caracterizada por acciones amorosas que expresan la realidad del amor de Jesús,
derramado en y a través de nosotros por el Espíritu Santo (vea Romanos 5:5).
Un grupo de jóvenes o una congregación que ofrece una atmósfera de amor es una poderosa atracción para los jóvenes que desesperadamente necesitan amor en un mundo en el que el amor genuino es muy raro.
Un miembro joven de nuestra congregación quería sentir el impacto de un nuevo ambiente cristiano. Decidió visitar una iglesia de la comunidad, llegando como 20 minutos antes de que empezara el culto. Le dieron una calurosa bienvenida en la puerta y pensó que eso era bueno. Pero ya adentro, nadie vino a hablarle. Aunque era su hermana en Cristo, se sintió como una extranjera. ¿Se sienten los jóvenes como extranjeros en su congregación?
¿El punto? Un ambiente de amor se expresa a través de acciones que expresan amor. Un grupo de jóvenes o una congregación que constantemente expresa el amor de Jesús en maneras tangibles es un imán que atrae no sólo a jóvenes creyentes sino también a sus amigos no creyentes.
Reto a cada uno de nosotros a hacer de nuestros grupos de jóvenes y congregaciones, lugares donde una ola de amor envuelve a todos, particularmente a los jóvenes. Ore para que el amor de Dios – su preocupación por otros – sea expresado a través de nuestras vidas en maneras que tienen un impacto positivo en los niños, los adolescentes y los jóvenes adultos. En una cultura saturada de sí misma, expresemos el desinterés en sí mismo de Jesús, quien se ha entregado a sí mismo, en amor, por el mundo entero.
Una causa para vivir
Por el diseño de Dios, las personas anhelan el propósito, el significado y el sentido para sus vidas. Esto es particularmente cierto de las personas jóvenes que tienden a ser enérgicos y altamente idealistas. Lamentablemente, las causas que persiguen y los grupos a los que se unen frecuentemente son caminos sin salida que llevan al quebrantamiento y al vacío. Qué bendición y privilegio es ofrecerle a una persona joven la causa por la cual fue creada – de estar con Jesús como su discípulo para siempre.
La causa de Cristo se encuentra y se experimenta en la comunidad de Cristo – su cuerpo, la iglesia. Los ministerios de discipulado para jóvenes ayudan a los creyentes a crecer a la plenitud del potencial y el propósito que Dios les dio al conectar a los jóvenes creyentes a iglesias locales donde pueden colaborar en la misión de Dios en comunidades de expectación y esperanza.
Los ministerios discipuladores de jóvenes entienden que los jóvenes creyentes necesitan mucho más que entretenimiento. Para que los jóvenes creyentes crezcan como Dios desea, necesitan aprender acerca del llamamiento celestial e apremiante propósito de ser un discípulo de Jesús. Necesitan aprender acerca de la visión de Jesús para sus vidas, incluyendo su parte en su comunidad de fe. En breve, necesitan vivir para la causa de Jesús.
Considere como Jesús constantemente proyectó una visión apremiante para su grupo – desafiando a sus discípulos a trabajar juntos en su causa como pescadores de hombres, embajadores de Cristo y obreros en la cosecha. Jesús le dio a su comunidad una razón por su existencia y después les dio muchas oportunidades para participar y crecer en ese propósito.
Una comunidad discipuladora edifica creyentes en su fe porque provee, enseña y modela una causa por la cual vivir – la gran comisión de Jesús de hacer discípulos quienes a su vez hacen discípulos. Deseo retar a cada uno de nuestros grupos y congregaciones a ser claros en su visión de esa misión y después compartir esa gran misión con todos los miembros, incluyendo a los jóvenes. Desafíelos a participar y después provea maneras significantes y apropiadas para que ellos hagan una contribución significante a la misión de Jesús de hacer discípulos. En breve, ser una comunidad que provee una causa para vivir.
Un lugar donde pertenecer
Qué paradoja – nuestro mundo está más superpoblado que nunca, y aun así las personas parecen estar más solas y más desconectadas que nunca. Tal es un mundo separado de Dios, caracterizado por la terrible soledad que el pecado produce. Pero en un grupo de jóvenes que hace discípulos, esa soledad comienza a ser reemplazada por la unidad que Jesús ofrece en su comunidad de fe, la iglesia.
Dios nos ha diseñado para necesitar a los demás – para compartir comunidad. La iglesia no es una adición opcional al proceso de hacer discípulos – es el proceso. La participación en comunidad para los creyentes es tan importante que Pablo se refiere a la iglesia como el cuerpo de Cristo, donde todos los miembros están conectados y son esenciales (vea Romanos 12:4-8).
Los grupos de jóvenes participan en el diseño de Dios de darle crecimiento a la iglesia a medida que traen jóvenes creyentes a la vida de la iglesia, ayudándoles a experimentar la iglesia como un lugar al cual pertenecer. Es contrario al diseño de Dios cuando los jóvenes creyentes están desconectados de la iglesia, y es igualmente contrario cuando los ministerios de jóvenes están desconectados de la vida de la congregación local.
Es esencial que los líderes y los trabajadores del ministerio de jóvenes se aferren y modelen la importancia de participación activa en la congregación local. Al hacerlo, ayudan a los creyentes jóvenes a conectarse profundamente a la plenitud de la comunidad de Cristo donde encuentran oportunidades que Dios provee para madurar en Cristo.
Desafío a cada uno de nosotros a hacer nuestros grupos de jóvenes y nuestras congregaciones lugares florecientes donde los jóvenes son animados e inspirados a pertenecer. Dediquémonos todos a participar en la iglesia local y hagamos de estas iglesias comunidades que reciben y nutren a creyentes jóvenes.
Qué llamamiento celestial es el participar con Cristo al tomar a "bebés en Cristo" y edificarlos a la madurez – ayudándoles a crecer a la imagen de Cristo. Jesús nos provee tanto el modelo y los medios para esta obra – comunidades de fe, de amor, de significado y del sentido de pertenecer a algo. Que Dios nos guíe y bendiga a medida que nos esforcemos por proveer tales comunidades para creyentes jóvenes dentro de nuestra hermandad, la Iglesia de Dios Universal.
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