Mi vida en la
Iglesia de Dios Universal
 

Cuando era una niñita, la iglesia era como otro mundo para mí. Los primeros siete años de mi vida, viví en Wembley, Alberta, Canadá. Mi familia y yo nos levantábamos tarde los sábados en la mañana y mi mamá cocinaba un desayuno verdaderamente grande. Después de todo, el olor de los panqueques daba vueltas sobre mi, mi papá se rasuraba, mi hermano se paraba el cabello, y mi mamá me ayudaba a vestirme. Mamá rizaba mi cabello antes de que toda la tribu entrara al auto y viajáramos en el único camino que salía de nuestro pequeño pueblo.

Siempre recuerdo esa desviación en el camino. Un camino llevaba a la ciudad de Grand Praire y el otro a la iglesia. Sólo una vez a la semana viajábamos por ese camino hacia la iglesia.

         Me encanta tomar tiempo para recordar mi niñez. Parece que sólo recuerdo las cosas buenas, como correr hasta que mis piernas me dolían, o saltar en la cama de mis padres. Ya olvidé los tiempos malos, como cuando me fracturé un brazo, o mi hermano me fastidiaba. Pero los recuerdos que tengo de la iglesia son todos especiales para mí.

         Mencioné antes mis experiencias como niña. Cuando crecí las cosas mejoraron. Mi familia y yo nos trasladamos a Castlgar, BC. Ese primer día en una nueva iglesia fue muy estresante, puesto que yo era muy tímida. Conocí a otras dos muchachas, que después fueron mis mejores amigas. Todos eran muy amigables con mi familia y conmigo. Abrían sus brazos y nos trataban como si fuéramos parte de su familia.

         Naturalmente, mi familia y yo no tuvimos diversión todo el tiempo. También pasamos por muchas dificultades. Mientras crecía, mi cabeza se llenó con ideas rebeldes que los jóvenes suelen tener. Como adolescente, la última cosa que quería hacer era estar con mis padres. Lentamente comencé a apartarme de la congregación. Ya no quería asistir más. Podía pasar horas contándoles de todos los errores que cometí, pero eso no es necesario.

         A la edad de 16 años, Dios me ha bendecido y me ha mostrado cómo vivir. Participo bastante en mi iglesia ahora, tocando los himnos frecuentemente, hablando con todos, y ojalá haciendo que el día sea más brillante para alguien.

         La iglesia de Dios Universal ha estado en muchas pruebas y tribulaciones. Creo que Dios nos ha mostrado que si permanecemos juntos como una familia, podemos pasar por todas las pruebas. Sé que yo puedo.

por Jen Westfall

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