Una lección sobre la sanidad

Marcos 2:1-11 

U

nos días después,  cuando Jesús entró de nuevo en Capernaúm,  corrió la voz de que estaba en casa.  Se aglomeraron tantos que ya no quedaba sitio ni siquiera frente a la puerta mientras él les predicaba la palabra.

Entonces llegaron cuatro hombres que le llevaban un paralítico. Como no podían acercarlo a Jesús por causa de la multitud, quitaron parte del techo encima de donde estaba Jesús y, luego de hacer una abertura, bajaron la camilla en la que estaba acostado el paralítico.

Al ver Jesús la fe de ellos, le dijo al paralítico: --Hijo,  tus pecados quedan perdonados.

Estaban sentados allí algunos maestros de la ley,  que pensaban: "¿Por qué habla éste así?  ¡Está blasfemando!  ¿Quién puede perdonar pecados sino sólo Dios?" En ese mismo instante supo Jesús en su espíritu que esto era lo que estaban pensando. --¿Por qué razonan así? --les dijo--. ¿Qué es más fácil, decirle al paralítico: 'Tus pecados son perdonados', o decirle: 'Levántate, toma tu camilla y anda'? Pues para que sepan que el Hijo del hombre tiene autoridad en la tierra para perdonar pecados --se dirigió entonces al paralítico--: A ti te digo, levántate,  toma tu camilla y vete a tu casa.

Por Mike Feazell

Esta es una historia sobre un hombre cojo cuyos amigos creyeron que Jesús podía sanarlo. Por fin ellos encontraron una manera de conseguir que su amigo estuviera delante de Jesús, abriendo el tejado y bajándolo con unas sogas atadas a su camilla. Pero Jesús no sanó su cojera. Él perdonó sus pecados.

A los maestros de la ley no les agradó aquello. ¿Cómo un hombre podía perdonar los pecados así nomás, algo que sólo Dios tenía la autoridad para hacer? ¿Jesús supo de sus pensamientos, y les hizo una pregunta, "Qué es más fácil, decir al paralítico, tus pecados te son perdonados, o decir, levántate, toma tu camilla y anda?"

Es una pregunta retórica. Ambas declaraciones serían imposibles para cualquiera pero no para Dios. Si Jesús tenía la autoridad para que el paralítico pueda caminar con solo decirlo meramente, entonces él también tenía la autoridad para perdonar los pecados, porque el poder para hacer cualquiera cosa estaba en el dominio de Dios y no del hombre.

Hoy, un equipo de doctores podría restaurar la habilidad de caminar a las personas con cierta clase de problemas. Incluso después de la operación, sin embargo, la persona todavía necesitaría un período largo de terapia y rehabilitación. Pero nadie, incluso el doctor más capacitado, no puede decir simplemente, "levántate y camina," y hacer que eso ocurra.

¿Qué es más fácil?

¿Qué es más fácil de decir a un hombre paralítico, "tus pecados te son perdonados," o "levántate y camina?" Me parece a mí que "tus pecados te son perdonados" es más fácil.

¿Por qué? Los pecados están dentro de las personas y Dios, y su perdón es por consiguiente invisible, como Dios es invisible. Usted no puede ver o puede gustar el perdón de los pecados. Usted puede ver una pierna sanada, es físico, usted puede ver una pierna atrofiada; usted puede ver la pierna entera; usted puede ver la diferencia.

Cualquiera puede decir, "tus pecados son perdonados," y no hay ninguna evidencia inmediata para la persona que sea un fraude. Si alguien dice a un paralítico, "levántate y camina," la evidencia de la autoridad de la persona hacia el pecado es inmediata y visible a todos.

La evidencia

El perdón de pecados es algo que viene a ser real a usted como creyente, no como algo que ve. El hombre paralítico en esta historia no podía ver su perdón; él sólo podría decidir si creer en que lo que Jesús dijo era verdad. Creerlo sería levantar una gran carga de culpa y temor de sus hombros. Traería alegría, paz y consuelo. No creerlo le dejaría un sentimiento de distanciamiento, alienación de Dios y una expectativa temerosa del juicio.

La alegría del hombre en ser perdonado fue experimentada a través de la fe, no a través de la vista. La curación de sus piernas, por otro lado, fue experimentada a través de la vista. Él no necesitaba la fe para caminar; él tenía que levantarse simplemente.

De cualquier modo, lo hace Dios, ya que ningún humano puede sanar las piernas o perdonar los pecados. Ése era el punto de Jesús.

Efectivamente, es fácil decir, "tus pecados te son perdonados," pero ¿cómo se puede saber con seguridad que los pecados realmente se perdonan? Así que Jesús sanó al hombre para mostrar que cuando él dice, "tus pecados te son perdonados," realmente se perdonan.

Por la gracia a través de la fe

La salvación es por la gracia a través de la fe. La recibimos por gracia. No por hacer algo; es el regalo de Dios a nosotros, gratis. No conseguimos algún documento, título o hecho como prueba de que se hace. Sólo nos basta creerlo o no creerlo.

Si no creemos el evangelio. Esta sorprendente buena noticia que en la vida de Cristo, su muerte y resurrección nosotros somos salvos, ¿cómo podemos experimentar esa salvación? ¿Cómo podemos disfrutar y beneficiarnos del conocimiento de algo si ni siquiera creemos lo que es y para qué es?

A menos que creamos que el evangelio es verdad, seguiremos viviendo como si Cristo no hubiera muerto y resucitado por nosotros. Pero cuando creemos el evangelio, nos agobiamos por la alegría de lo que Cristo ha hecho por nosotros. Empezamos a vivir abundantemente en su amor. Reposando en su amor por nosotros así como muestra su amor por aquellos alrededor de nosotros.

¿Dios puede sanar tus dolencias físicas? Sí. ¿Él sana las dolencias físicas de todos los que piden? No ¿Qué dice a todos los que se lo piden? Él dice lo que dijo al hombre paralítico, "tus pecados te son perdonados." ¿Qué es más importante?

Una señal

Jesús les dijo a los Fariseos, "para que conozcan que el Hijo de hombre tiene poder en la tierra para perdonar los pecados, yo digo al hombre cojo, ‘levántate y anda’".

Para los creyentes, esto es innecesario. Nosotros creemos que el Hijo de hombre tiene el poder para perdonar los pecados. No necesitamos una señal del poder de Jesús para demostrar el hecho que él tiene la autoridad para perdonar los pecados. Lo sentimos y lo conocemos porque el Espíritu Santo nos asegura a través de nuestro espíritu (Romanos 8:16).

Los creyentes no necesitan señales visibles para que sus pecados sean perdonados. Las señales normalmente son para los incrédulos.

Pablo fue un incrédulo y un enemigo del evangelio, y por eso persiguió a los creyentes. Cuando Jesús se le apareció en persona en el camino a Damasco, él se volvió un creyente. Muchos otros se volvieron creyentes cuando dieron testimonio de las señales dadas por Jesús y los apóstoles.

A veces, sin embargo, nosotros deseamos tener una señal, porque entramos en la duda sobre las cosas que Dios nos ha dicho. A veces dudamos si Dios realmente nos ama. Dudamos a menudo si Dios realmente nos ha perdonado. A veces incluso dudamos, aunque odiamos en admitirlo, si Dios realmente está allí. Y nuestra duda nos hace que nos preocupemos de que si Dios está allí, él no debe amar y perdonar a los pecadores e incrédulos como nosotros.

Nuestro Salvador es Jesús, la fe no nos salva, Jesús lo hace. En nuestros momentos que tengamos una fe fuerte, confiamos en él completamente y todo el miedo se va.

En nuestros momentos de duda, tememos a la condenación. Podemos aprender a confiar en Jesús para tener fe cuando estamos en duda, para eso está su justicia y su fe en nombre nuestro el cual Dios acepta. Jesús nos representa ante Dios. Y es por su causa que nosotros estamos limpios y salvos. Permitamos que nuestra fe esté en Jesús, no en nuestra fe.

El mito sobre la curación física

Un rumor ocurre respecto a que si las personas realmente confiaran en Dios para que los sanen, ellos se sanarían. Así cuando no se sanan, las personas se sienten culpables, buscan el supuesto “pecado secreto" que están manteniendo oculto para ser sanados.

Los amigos cristianos y la familia le pueden decir que necesita orar para que Dios le muestre sus pecados para que pueda ser sanado. Ellos podrían decirle a la persona enferma que él o ella necesita más fe, y podrían prescribirle más oración y estudio de la Biblia y ayuno como la manera de conseguir que Dios lo sane.

Eso no es el evangelio; es religión, es superstición. Reduce a Dios al nivel de los dioses paganos antiguos, tiranos que quisieron empequeñecer la condición de los humanos y sólo actuaban cuando tenían algo que ganar, o cuando un dios más fuerte los forzaba. El Padre de Jesucristo no es como esos dioses.

La religión, como una fórmula para ponerse a cuentas con Dios, no tiene ningún asidero en el evangelio.

Nuestra relación con Dios no es una transacción mercantil: usted, ser humano, me trae seis pollos y dice algunas palabras mágicas y entonces yo seré bueno con usted.

Nuestra relación con Dios no se hace y no se hizo con nosotros. Empezó con Dios, por su amor no por su conveniencia.

La razón por la que oramos, como Jesús lo hizo, "Hágase tu voluntad y no la mía" es que la voluntad de Dios para nosotros es firmemente buena y nunca mala.

Dios no es vindicativo; él es amor. Él no cambia (Malaquías 3:6). Jesucristo es el mismo, ayer, hoy y siempre (Hebreos 13:8). Eso es lo que significa realmente el nuevo pacto.

Es sobre la fidelidad de Dios para ser nuestro Dios y para que nosotros seamos su pueblo. No es sobre nuestra fidelidad, porque si así fuera, habría terminado. Dios es fiel a su palabra de la promesa de amarnos sin tener en cuenta lo que nosotros hacemos.

Si nosotros vivimos como su enemigo, en constante impiedad, sir dar ninguna consideración a nuestro Hacedor y Redentor y a sus maravillosos planes para nosotros, entonces nuestras vidas siempre serán miserables, egoístas, como una puñalada a la felicidad que podemos conjurar nosotros mismos.

Pero Dios es muy fiel a nosotros, sin tener en cuenta lo que hacemos. Él continúa dejando su puerta abierta y la luz prendida, incluso cuando nosotros nos enclaustramos en nuestra choza con nuestra puerta cerrada. Él insiste y toca a nuestra puerta, incluso cuando nos colocamos tapones en nuestros oídos y nos ubicamos bajo la cama.

El punto es: Dios es fiel. Así es él, y así será siempre. Cuando usted mira a Jesucristo, usted ve cómo es Dios. Él se sacrifica por los pecadores, y clama al Padre por el perdón de aquellos cuya codicia, orgullo, ambición egoísta y celos lo llevaron a torturarlo y asesinarlo incluso.

En eso, todos nosotros tenemos una estaca; todos nosotros tenemos codicia, orgullo, ambición egoísta y celos. Pero por causa de Cristo, Dios nos perdona. Porque él es fiel, porque él es verdad: amoroso y redentor de su creación.

Nosotros oramos por nuestra salud, pero confiamos en quien nos cuida. Creemos que él hará lo que es correcto y bueno para nosotros. Vivimos por la fe, descansando en sus manos, porque Él es bueno.

Lo principal

Como el paralítico, sabemos que nuestros pecados son perdonados, y eso es lo que realmente importa, si físicamente también nos sanamos, ésa es una bendición adicional.

Pero debemos recordar que el paralítico murió. Lázaro que fue levantado de entre los muertos, murió. Cada persona que fue sanada en la vida, en el futuro morirá, y a menos que Jesús regrese antes de que nos muramos, nosotros también moriremos, aún si nos sanamos en la vida de una enfermedad o no.

La curación física es grande, y alabamos a Dios por las curaciones maravillosas que él ha dado y ha continuado dando, pero miramos finalmente a algo que dura para siempre.

Como aquellos citados en los ejemplos de fe en la carta a los Hebreos, miramos a una mejor nación, permanente, celestial, prometida a nosotros por el que es fiel (Hebreos 11:13-16). ¡Alabado sea Dios!, ¡nuestros pecados son perdonados!

 

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