Una lección sobre las prioridades
Marcos 1:35-39
Muy de madrugada, cuando todavía estaba oscuro, Jesús se levantó, salió de la casa y se fue a un lugar solitario, donde se puso a orar.
Simón y sus compañeros salieron a buscarlo. Por fin lo encontraron y le dijeron: --Todo el mundo te busca.
--Vámonos de aquí --respondió Jesús-- a otras aldeas cercanas donde también pueda predicar; para esto he venido.
Así que recorrió toda Galilea, predicando en las sinagogas y expulsando demonios.
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ué es importante? Normalmente consideramos que lo más urgente es lo más importante. Cuando necesitamos usar el baño, por ejemplo, esa necesidad se convierte en ambos; urgente e importante, algo que debemos por el momento tomar como prioridad por encima de todo lo demás. Muchas cosas toman un espacio prioritario en nuestras vidas. A veces podría ser una película o un programa de televisión que hemos estado esperando ver. Podría ser un viaje que queremos hacer, o un evento especial al que queremos asistir. A veces podría ser algo que queremos comprar, quizá un nuevo CD, un par de pantalones, una computadora, un automóvil o una casa. La prioridad podría ser una relación, un trabajo, un proyecto. Podría ser una enfermedad, una tragedia o una prueba difícil.
La oración es una prioridad
La
oración es el tipo de prioridad que se ubica en la raíz de todo. Como una raíz
de vida en sí misma. Es como comer mucho; si comemos poco, nuestra salud física
sufrirá, seremos débiles y enfermos, Afectará nuestra habilidad de continuar con
las actividades de la vida. De una manera similar, si oramos poco, a nuestra
vida espiritual le faltará vitalidad, nos acercaremos solos a los desafíos y
éxitos de vida, como si no dependiéramos totalmente de Dios incluso para la vida
misma.
Sin la oración, empezamos a tomar el crédito por las cosas buenas en nuestras vidas, apuntándolos a nuestra habilidad, conocimiento, sabiduría y trabajo duro. Empezamos a olvidarnos que toda nuestra habilidad, conocimiento, sabiduría y trabajo duro son regalos de Dios. Él nos dio la mente, el cuerpo y las circunstancias de la vida que nos permiten desarrollar esos atributos.
Por otro lado, sin la oración, entramos en el miedo, ansiedad e incluso desesperación por los fracasos, frustraciones y malos eventos en nuestras vidas. Nos convertimos en personas inseguras del amor de Dios por nosotros, inseguros de que él está allí con nosotros en nuestros problemas. Nos sentimos solos y asustados, dudosos de nuestra habilidad de solucionar las cosas que se presentan en nuestras vidas.
La oración es el lubricante, podríamos decir, que protege los engranajes y ruedas en un buen trabajo ordenado. Sin la oración, nos vemos solos contra el mundo, salimos a rechazar las tormentas de la vida con nuestro propio ingenio y fuerza muscular. Es en el curso de la oración que aprendemos a ver el verdadero estado de las cosas. Que somos criaturas dentro de una creación, criaturas dependientes de nuestro Hacedor y de todas las otras partes de la creación, y como tal, nunca solos.
Es difícil encontrar tiempo
Es un mundo atestado y agitado para la mayoría de las personas. Nuestras ocupaciones nos dejan con un escaso tiempo, mucho menos para la oración, estamos limitados. La vida tiene sus demandas inmediatas, sus prioridades ya fijas abrumándonos y alcanzándonos. Trabajos, clases, tareas, quehaceres domésticos, niños, la iglesia, problemas de salud, problemas del automóvil, reparaciones de la casa, accidentes, las hormigas, el tráfico, las muchedumbres, las líneas, las citas y, ¡Oh sí, y también dormir!.
Por supuesto, hay una cantidad considerable de tiempo que podríamos consagrar a la oración y que lo usamos en otras cosas. Cosas que realmente no tienen el tipo de prioridad que debe tener la oración.
Por ejemplo, la mayoría de nosotros tenemos nuestro programa de televisión favorito, y eso está bien. ¿Pero cuán a menudo nos encontramos sentándonos delante de la televisión, mirando programas que realmente no tienen importancia, precisamente porque nadie se levantó y apagó ese infernal programa?
Les damos prioridad a las cosas que nos preocupan. No es que no nos preocupamos de la oración, simplemente es que parece a menudo como una rutina más, y mientras que Dios no se queje dejando de mandar provisiones para nuestra casa o enviando agentes para que recobren la lavadora, tendemos a poner a la oración lo más abajo en nuestra lista de prioridades.
Podría sernos de utilidad ver a la oración desde una perspectiva diferente, como un quehacer que se tiene que hacer antes (o después) de apagar las luces por la noche.
Dedicar un tiempo para Dios es diferente. Nos refresca y rejuvenece, relaja la mente y el cuerpo para llevar a Dios nuestras preocupaciones, enojos, miedos y ansiedades. Es mejor antídoto para la frustración que comer una dona o unas barras del chocolate. Cubre mejor nuestras necesidades más íntimas que las aventuras o películas pornográficas. Es una manera más productiva de ocuparse del enojo que explotar delante de nuestros cónyuges y niños. Es duradera; las otras alternativas no.
Es una terapia, no un deber
Es fácil ver a la oración como un deber, una obligación. Cuando lo hacemos, la oración se vuelve algo difícil, algo para aplazar, una carga y presión. Que tragedia si consideráramos hablar con nuestros amigos más íntimos como un deber. Hablamos con ellos porque nos gusta hacerlo. Nos anima el hablar con ellos. Nos ayuda a sentirnos bien, nos recuerda que no estamos solos en este mundo, nos da fuerza para continuar.
Es más difícil con Dios. Dios es invisible. Y él no dice mucho. A veces nos preguntamos si él incluso está allí. Tenemos la Biblia, pero un libro no es igual que una conversación oral.
Hablar con Dios toma lugar, usted podría decir, en nuestras mentes, por la fe, no por vista, ni por tacto o sonido. No podemos mirar a Dios a los ojos, olerlo, estrecharle su mano o dar golpecitos en su espalda. En cambio, "nos damos cuenta de su presencia" en forma espiritual, inadvertida. Creemos, confiamos.
El Espíritu Santo, también invisible, sin sabor u olor, comunica la realidad de Dios a nosotros en un nivel distinto, de manera diferente a como nuestros cinco sentidos físicos lo hacen. Nosotros no lo entendemos; sólo podemos experimentarlo.
Pasar un tiempo con Dios es una gran terapia. La terapia es un remedio para el desorden corporal, emocional o psicológico. Pensar de la oración como una necesidad terapéutica, en lugar que un “deber cristiano”, pone a la oración en una perspectiva más clara, yo pienso que cuando pasamos por nuestras rutinas diarias, semanales, mensuales sin reconocer a Dios como la raíz y centro de nuestras vidas (qué él es), nuestras actitudes, emociones, mente, incluso nuestros cuerpos, sufren los efectos de tratar de vivir por nuestros propios medios, no dependientes de Dios y su creación en nuestra vida y nuestro ser.
Entregar nuestras preocupaciones a Dios nos recuerda que nuestra vida y nuestro futuro está en las manos de Dios. Incluso nuestro pasado, con toda su carga de pecado, egoísmo e ignorancia, está en las manos redentoras de Dios.
El acto de reconocer a Dios como el ser amoroso, sabio y poderoso que él es, es un tratamiento terapéutico para los miedos, preocupaciones y frustraciones. Es como un experto en masaje, quitando la tensión de nuestros músculos, ¿A quién no le gustaría tener un masaje completo todos los días?
¡La oración es la terapia perfecta para nuestro tenso, anudado y estresado espíritu, y es gratis! Podemos tomar en cualquier momento que lo queramos durante el día, un masaje "espiritual" rápido en forma de oración silenciosa. Y podemos separar un buen tiempo, largas sesiones en nuestros horarios. Piense acerca de eso: Si usted tuviera un certificado para un masaje de todo su cuerpo, gratis todos los días, encontraría maneras de trabajar dentro de su horario en lo posible. Inclusive se levantaría antes que todo el mundo para ir al gimnasio a las 5:30 de la mañana, lo haría porque sabe que esa terapia es buena y sabe que lo hará sentir bien. (Si usted es uno que no le gusta o no tolera los masajes, por favor perdone la analogía.)
No es un sustituto para la acción
Hay otra cosa que podemos aprender del retiro a un lugar solitario de Jesús muy temprano en la mañana para orar. Cuando es tiempo para la acción, es tiempo para la acción. Cuando su hijo o su cónyuge necesitan su atención, no es el momento para irse a orar. Cuando usted necesita reparar un grifo, o hacer una llamada, o preparar la comida, no es el momento para desaparecer durante una hora en un armario. Podemos y debemos orar cuando queramos, en cualquier lugar, mientras vamos a nuestro negocio. El tiempo para ir a un lugar solitario para realizar una oración extensa es un tiempo cuando no tenemos otros deberes, responsabilidades y obligaciones.
¿Cómo lo hizo Jesús? En el caso citado en este
pasaje, él se levantó temprano, antes que las actividades del día tengan lugar.
Usted podría encontrar esos u otros tiempos para ello. El punto es, que se vea a
la oración como una prioridad que hará que todas sus otras prioridades sean más
manejables y menos estresantes. Permita que su oración sea un tiempo para
relajarse, para permitir que el amor de Dios bañe y unte sus nervios raídos, sus
emociones tensas, su exhausto y asustado corazón. Permita que el tiempo de la
oración sea su tiempo para descansar en Dios, permitirle que renueve
su fuerza, aclare su esperanza y afile su fe.
J. Michael Feazell
Copyright 2005 Worldwide Church of God