¡Flores rosadas no!

 

“Hola niños”, dijo mama mientras entraba al dormitorio de sus hijos.

“¿Qué es eso, mamá?”, preguntó Carlos.

“Son muestras de papel tapiz. Es tiempo de repintar su cuarto y un borde hará que se vea mejor”, dijo mamá.

Carlos vio las muestras y dijo: “Yo quiero el borde de fútbol”.

“Yo quiero el de dinosaurios”, dijo Lucas.

© 2000-2002 www.arttoday.com“¡Eso es muy infantil! Dijo Carlos quien era tres años mayor.

“¡No, no lo es!”, dijo Lucas.

“Si ustedes no se ponen de acuerdo, entonces yo voy a decidir, me gusta este”, dijo Mamá.

Carlos vio el papel. “¡Flores rosadas! Este va a parecer un cuarto de niñas”.

“Estoy de acuerdo, flores rosadas no”, dijo Lucas.

“Bueno, por lo menos están de acuerdo en algo”, dijo mamá. “Conozco una historia de dos hermanos gemelos que tenían problemas para llevarse bien. Antes, si tú eras el mayor, recibías bendiciones especiales”.

“Eso suena bien. Sigue con la historia, mama”, dijo Carlos.

“A Esaú, el gemelo mayor, le gustaba cazar, pero Jacob prefería estar en la casa. Un día, Jacob hizo un guiso de lentejas. Esaú volvió después de cazar y se moría de hambre. El guiso olía delicioso y le pidió a Jacob un plato de él”.

“¿Dijo Jacob que no?”, preguntó Carlos.

“Jacob dijo que cambiaría el guiso por la primogenitura de Esaú”, dijo mamá.

“¿Qué es primogenitura?”, preguntó Lucas.

“En ese tiempo, cuando el padre moría, el hijo mayor se convertía en el líder de la familia. También recibía una herencia mayor, tierras y ganado.

“¿Qué dijo Esaú?”, preguntó Carlos.

“Estaba tan hambriento que cambió su primogenitura por un plato del guiso de lentejas”, dijo mamá.

“¡Debe haber sido un buen guiso!”, dijo Carlos. “¿Qué sucedió después?”.

“Muchos años después cuando su padre Isaac estaba viejo y casi ciego, le dijo a Esaú que quería bendecirlo puesto que era el mayor. Pero primero quería que Esaú fuera a cazar y le preparara su platillo favorito. La madre del muchacho los escuchó hablar y le contó esto a Jacob. Ellos decidieron engañar a Isaac para que le diera la bendición a Jacob.”.

“¿Cómo lo engañaron?”, preguntó Lucas.

“Jacob mató dos cabras y su mamá preparó la carne tal como le gustaba a Isaac. Esaú era un hombre muy velludo, así que Jacob se puso algo de la piel de la cabra en su cuello y en las manos, se puso la ropa de Esaú y fue a ver a su padre.

“¿Notó su papá que él era realmente Jacob?”, preguntó Carlos.

“Isaac estaba sorprendido que su hijo regresara tan pronto de la cacería, pero recuerden, estaba casi ciego. Lo llamó. Sintió sus manos. Eran velludas como las de Esaú y olía igual a él también.

“¿Dio resultado? ¿Obtuvo Jacob la bendición de su hermano?”, preguntó Lucas.

“Sí. Isaac pidió a Dios que lo bendijera con abundantes cosechas, mucha lluvia y dijo que él estaría a cargo de su hermano”.

“Apuesto que Esaú se enojó mucho”, dijo Carlos.

“Estaba tan enojado que quería matar a su hermano. Jacob huyó a un pueblo donde vivía su tío”.

“Mamá, ¿volvieron a verse de nuevo?”, preguntó Lucas.

“Muchos años después, se volvieron a reunir”.

“¿Todavía quería Esaú matar a Jacob?, preguntó Carlos.

“No, estaban emocionados de verse. Dios había bendecido también a Esaú, pero no creo que hayan sido buenos amigos.

“Algunas veces es difícil llevarse bien con Lucas, pero es un buen hermano”, dijo Carlos.

Lucas sonrió. “Gracias Carlos”

“Dios tiene muchas bendiciones para ustedes dos, pero es importante que se lleven bien. Imaginen lo que tendrían si compartieran sus bendiciones”, dijo mamá.

“¡El doble!”, dijo Carlos.

Mamá sonrió. “Así que, ¿creen que pueden ponerse de acuerdo sobre el papel tapiz?”.

Los muchachos asintieron. “Sí, ¡pero flores rosadas no!, dijo Carlos.

“Bien”, dijo mamá mientras abrazaba a los dos muchachos. “Les preguntaré después”.

 

por Maria Sinkler

 

 

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