Yo pelearé con el gigante

por Maria Sinkler

"El hombre araña envuelve con su telaraña al malvado criminal y ¡salva la ciudad!”, dijo Jacobo.

“Jacobo”, dijo papá.

“Estoy jugando con el hombre araña”, dijo Jacobo.

“Busca a tu hermana y ven aquí”, dijo papá.

Los niños llegaron a la sala. “¿Qué pasa?” preguntó Jessica.

“Esta noche vamos a tener un estudio bíblico familiar”, dijo papá.

“Papá, eso suena aburrido”, dijo Jacobo.

“Hay muchos super héroes emocionantes en la Biblia”, dijo papá.

“¿Cómo quién?”, preguntó Jacobo.

“Hace mucho tiempo, había un muchacho llamado David. Tres de sus hermanos eran soldados en el ejército de Israel. Una vez ellos pelearon contra los filisteos que tenían un gigante en su ejército”.

“¿Un gigante de verdad?”, preguntó Jacobo.

“Sí. Era un hombre grande que medía tres metros de alto”.

Papá trajo una escalera y se subió en ella para mostrarles que tan alto son tres metros. Los niños miraron a su papá arriba de la escalera.

“Oh, sí que era un gigante”, dijo Jacobo.

Illustration by Deb Chmilar“Su nombre era Goliat. Vestía un casco de bronce y pantalones de bronce; tenía una gran lanza y una capa que pesaba 57 Kilogramos. Casi lo que pesan ustedes dos juntos.

“¡Era una capa muy pesada!, debe haber sido el soldado más fuerte de todos”, dijo Jessica.

“Sí. Era el héroe filisteo. Dos veces al día, por 40 días, Goliat se paseaba frente al ejército israelita. Se burlaba de ellos y los desafiaba a enviar a su mejor soldado a pelear contra él”.

“¿A quién enviaron?, preguntó Jacobo.

“Los israelitas estaban asustados y nadie se ofreció como voluntario. Un día, el padre de David lo envió a llevar comida a sus hermanos. David vio a Goliat y lo escuchó hablar contra el ejército de Dios, esto lo puso furioso”.

“No me digas que él se ofreció como voluntario para ir a pelear con Goliat”, dijo Jacobo.

“Eso es exactamente lo que hizo. Fue a ver al Rey Saúl. Al principio, el rey dijo: “No, tu eres sólo un muchacho”. David le explicó que él cuidaba las ovejas de su padre y mató a un león y a un oso. David dijo: Yo pelearé con el gigante”.

“¿Qué pasó después?”, preguntó Jessica.

“El rey Saúl dio a David una armadura para protegerlo, pero era demasiado pesada para él. Así que fue a pelear con el gigante, vestido con su atuendo de pastor, una honda y cinco piedras lisas que recogió de un río”.

“¿Con eso?”, preguntó Jacobo. “¡Seguramente Goliat lo destruyó!”.

“David tenía un arma secreta. Él confiaba en que Dios le entregaría a Goliat. Cuando Goliat vio a David, se puso a reír diciendo que era un insulto que los israelitas enviaran a un muchacho a pelear contra un héroe. Le dijo a David que lo mataría y lo daría como comida a los pájaros y a los animales salvajes”.

“Papá, ¿salió corriendo David?”, preguntó Jessica.

“No. David le dijo a Goliat que venía en el nombre del Dios Todopoderoso. Que él mataría a Goliat y no necesitaba muchas armas, porque tenía a Dios de su lado”.

“¿Quién ganó?”, preguntó Jacobo.

“Goliat estaba cansado de este juego y se puso muy furioso. Caminó hacia David. David tomó su bolsa y sacó una piedra. Cargó su honda, la hizo girar sobre su cabeza y dejó ir la piedra. Esta golpeó a Goliat en la frente donde no tenía armadura. Goliat tambaleó y cayó boca abajo. David tomó la pesada espada de Goliat y lo mató”.

Los niños estaban sorprendidos. “¡hala!, quieres decir que un niño mató al gigante?”, preguntó Jessica.

“Sí. Él se convirtió en el héroe de los israelitas y eventualmente llegó a ser el rey”.

Jacobo pensó por un momento. “El disfraz de David era un pastor, pero en realidad fue un super héroe, ajustició al malvado gigante.

Papá rió. “Tienes razón, pero no olvides su arma secreta. David confió en Dios y le dio a Él el crédito por su victoria. Eso es algo que ustedes dos deben recordar. Pídanle a Dios, confíen en Él y Él les ayudará a pelear sus batallas, aunque sea contra un gigante”.

“Papá, ¿por qué los super héroes siempre son hombres o muchachos? ¿No hay mujeres o chicas héroes?, preguntó Jessica.

“Sí, y conozco una gran historia acerca de una”.

Jessica estaba emocionada. “¿Quién?”

“Su nombre era Ester, pero dejaré esa historia para otra noche”.

 

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