Jesús
dijo una parábola y, como es usual, la gente no le entendió.
Así que la explicó: “Yo soy la puerta de las ovejas” (Juan
10:7). En ésta parábola, las ovejas son el pueblo de Dios, y
ellas están entrando a un lugar seguro, un redil de las
ovejas, que representa la salvación. Entramos a la salvación
a través de Jesús. “Yo soy el buen pastor”, continuó Jesús,
y “las ovejas me siguen porque reconocen mi voz. Pero a un
desconocido jamás lo siguen; más bien, huyen de él porque no
reconocen voces extrañas” (vv. 11, 4, 5). El pueblo de Dios
escucha la voz de Jesús y la reconoce, pero se mantiene
alejado de otras voces.
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¿Cuántas
veces al día hacemos la pregunta: qué hora es? Suena como un
asunto lo suficientemente simple hasta que tomamos el tiempo
para pensar sobre ello. Entonces nos damos cuenta de que no
es algo simple en lo absoluto. Considere esto: Antes de los
1800, el mantener el tiempo era un evento local. En la
Europa medieval el relojero del pueblo era el hombre clave.
Él colocaba el tiempo oficial en marcha cuando quiera que el
sol alcanzara su cenit cada día. Esto difícilmente era
preciso. Cuando avanzamos a los relojes de bolsillo, la
gente que viajaba entre las ciudades a menudo tenía que
ajustar sus relojes, literalmente, de cuando en cuando.
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¿Ha
tenido alguna experiencia de pena y dolor? Entonces
usted ha compartido la angustia de Job. Y como Job,
puede encontrar a Dios más cerca de usted.
El
libro de Job en la Biblia, es la historia de un hombre
devoto que vivió hace miles de años. Pero la tragedia cubrió
con sus alas a este hombre muy virtuoso. Cuando el libro se
abre, notamos a Job que está a punto de perderlo todo;
hijos, propiedades, riqueza, buen nombre e incluso la salud.
¿Por qué Job sufrirá tales tragedias? Porque, después de
todo, Dios está a punto de retar al diablo probando la
obediencia y la fe de Job.
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"¡Pienso que he cometido el
pecado imperdonable!" La voz del joven en el otro lado del
teléfono era frenética. Yo trataba de quitarme el sueño
frotando mis ojos sentado en mi cama. "¿Por qué dice eso?"
le pregunté. "Yo lo hice de nuevo, "gimió. "Y después de
haberme arrepentido profundamente. Pienso que nunca podré
superarlo. Pienso que estoy perdido. Siento un miedo
horrible". No era la primera vez que habíamos tenido esta
conversación. El forcejeo persistente de este hombre con el
pecado lo había llevado a creer que estaba bajo la maldición
de Dios. Si su arrepentimiento hubiera sido verdaderamente
sincero, razonó, entonces no repetiría el pecado en la vida.
Por consiguiente, su arrepentimiento no debe de haber sido
sincero, y ya que él no se había arrepentido con todo
corazón, dedujo que no debe ser capaz de realizar un
verdadero arrepentimiento.
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Podemos
involucrar a los niños en la vida de la iglesia en muchas
maneras. Los programas del ministerio infantil son
vitales—cosas tales como la Escuela Bíblica de Vacaciones,
clases de la escuela dominical y los campamentos—pero tales
programas no son un fin en sí mismos. Más bien, son
herramientas para empezar y entonces hacer crecer relaciones
entre las personas y con Dios.
El ministerio hacia los niños, como es verdadero de todo
ministerio cristiano efectivo, es relacional. Es
acerca de edificar relaciones entre las personas que están
creciendo juntas en su relación con Dios, en Cristo, a
través del Espíritu Santo. Es acerca de personas que
comparten juntas en comunidad, la vida y el amor del Dios
trino. [Lea más]
Karl
Barth se refirió a la religión como aquello donde la
humanidad confunde al Creador con la creación, o la
tendencia humana de hacer a Dios a su propia imagen. La
religión también puede ser definida como el intento de la
humanidad por congraciarse a sí misma con Dios a través de
sus propios esfuerzos. Cuando se ve de ésta manera, se hace
evidente que Jesús no vino a empezar una nueva religión—Él
vino a ponerle fin a la religión.
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Jesús
alabó a Pedro por identificarlo a Él con exactitud como el
Mesías, y le prometió una gran autoridad. Pero casi en el
siguiente respiro, Jesús le dio a Pedro uno de los regaños
más grandes en toda la Escritura. El incidente, y la
enseñanza de Jesús que la rodea, nos dicen mucho acerca del
propósito del Mesías. Jesús ya había hecho muchos milagros,
pero los líderes judíos querían una prueba especial. Jesús
rehusó pasar la prueba de ellos, porque ellos estaban
haciendo las preguntas equivocadas.
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NÚMERO 9
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